viernes 30 de octubre de 2009

LA TELEVISIÓN (2)

No sé si habrá sido por el efecto de mi última entrada, pero esta semana, durante la entrevista, he comentado un par de veces algún programa de la tele: por ejemplo el de la Supernanny. Estos programas, como el de Hermano Mayor, o Ajuste de cuentas, tienen discursos bastante coherentes, con todas las salvedades que quieran hacerse (entre otras, la sospecha de que la presencia de la cámara puede ser muy disuasoria o la duda sobre cómo quedará todo cuando ya no esté el héroe).
Otro programa al que creo que se le puede sacar mucho partido es El Hormiguero, verdadero Barrio Sésamo juvenil del siglo XXI. Por no hablar del excelente Redes.

Creo que voy a añadir a mi repertorio de técnicas educativas, que incluye la recomendación de libros, el visionado de algunos programas específicos de la tele. Una forma de hacer una entrevista multimedia. Desde ahora mi portátil va a dejar de dar la espalda a la gente.

Me he criado con los Teleñecos, y he disfrutado a rabiar con el Cosmos de Carl Sagan. Después de la lectura, la tele me ha dado, y me sigue dando, momentos inolvidables.
También hay programas excelentes donde canallear y dejar el cerebro en stand bay. No se puede vivir todo el rato en la excelencia. Aunque confieso que después de los primeros Gran Hermano y de Crónicas Marcianas, lo estoy dejando. No por principios, ¡que va!, es sólo que la fórmula del grito-rosa-famoseo está más vista que el TBO y aburre a un muerto.

Yo, lo único que sigo sin soportar, es a la televisión espectáculo disfrazada de periodismo de denuncia. Así que, las pocas veces que me la trago, lo hago mascullando ordinarieces y resoplando cada cinco minutos.
Hay una fina linea divisoria que separa el morbo de la información. Yo defiendo que el espectador pueda y deba ver las imágenes de una tragedia, por muy truculentas y desagradables que sean, siempre que vayan pegadas al relato del acontecimiento. Era necesario ver los muertos del mercado de Sarajevo, como es necesario ver los estragos del terrorismo, para que no tengamos ni una duda de lo que es un asesinato.
Pero el morbo es otra cosa, que en realidad tiene muy poco que ver con lo que se muestra. El morbo, o el espectáculo, como quieran llamarlo, no se produce únicamente en la mirada subjetiva del espectador, que también. Se da cuando las imágenes del horror o de la pobreza están descontextualizadas, sin relato, sólo al servicio del asombro o del asco. Es el documental convertido en un zapping continuo, que muestra el horror como podría mostrar tortazos sucesivos de niños en monopatín.
El corolario son los reportajes que no sólo prescinden del presentador, sino de un narrador que se interrogue sobre lo que estamos viendo. Estos artefactos hacen todo lo contrario de lo que presumen: darán asco, risa, pudor, pero, desde luego, ni remueven conciencias, ni informan, ni movilizan. Estoy seguro de que anestesian mucho más de lo que indignan.

La imagen, gran tótem del siglo XXI, predomina sobre el relato, en lugar de acompañarlo. Se ha convertido en el relato. La premisa sigue siendo que una imagen vale más que mil palabras.
Tal vez sea verdad. De hecho, hay ocasiones en que es así: Observa esta foto, ganadora del World Press Photo 2006, que lo demuestra sin ningún tipo de duda :
La foto muestra las contradicciones de la guerra. Jóvenes ricos paseándose por un destrozado Beirut, practicando un vergonzoso turismo de guerra.
Sobran las palabras, ¿no?*
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PD. Samanta Villar se sumerge ahora 21 días entre los ricos. Parece que me haya leído. Será un programa mas verosímil, fijo, y es que uno se adapta más rápido a los placeres que a la miseria. Pero que no se engañe, el programa seguirá siendo mentiroso: dudo de que alguien la convide a blanquear dinero o a traficar influencias.
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(*) Pues no, no sobran las palabras. Lo que se explicó en un principio sirvió para que le dieran el premio al fotógrafo, pero, más tarde, se descubrió que ni eran ricos, ni es un descapotable de lujo. Son miembros de una ONG libanesa que ayuda a los refugiados. LLevan en el coche medicamentos para los damnificados. Aunque, ya se sabe, no dejes que la verdad te estropee un buen fotoreportaje.




lunes 26 de octubre de 2009

PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

En la última entrevista, la señora Remedios amenaza diciendo que irá a la tele, a explicar su caso. Lógico, es mucho más sencillo eso que asumir sus responsabilidades.
Pero se equivoca eligiendo a la televisión como medio de denuncia. Por qué su caso no irá a parar a un programa informativo serio. Los programas que le darán voz sólo la utilizarán como carnaza. Presentadores que se hacen llamar periodistas la interrogarán con cara de benefactores de la humanidad. La beneficencia y la solidaridad es la falsa coartada que utilizan. Si fueran verdaderos periodistas irían hasta el final, pero ¿estos?, ¡que va!: sólo quieren rellenar cinco minutos de algún programa barato que da mucho beneficio.
Lo saben los que hacen este tipo de programas y lo sabe el público que los ve. Los únicos que no parecen enterarse de su papel en el espectáculo son sus protagonistas.

Lo peor de la televisión no es la cantidad de programas en los que nuevos famosos destripan sus propias vidas. Al menos ellos lo hacen a sabiendas y reciben el cheque a final de mes. Lo peor es cuando la tele se viste de solidaria y manda a sus periodistas de investigación (así les llaman) a buscar monstruos para su circo. Ni pretenden cambiar la realidad, ni denunciarla, ni tan siquiera contarla, que tendría que ser su trabajo. La realidad no les interesa un pimiento. En su “periodismo” no hay preguntas, ni mucho menos trabajo de investigación. No existen esos fastidiosos inconvenientes, entre otras cosas porque implicaría trabajar un poco. Tampoco hay responsables en sus reportajes: El poder, la crítica al poder, es la gran ausente. No porqué sea un tema poco interesante, es sólo que el poder es poderoso y te puede meter una querella.
Es este un periodismo cobarde, basado en grabar al pobre que más grita. Esa clase de reportero no hace ascos al enfermo mental, ni al desahuciado, como parte del espectáculo. Se ríe de él, le pone el micrófono, lo exprime y lo tira a la basura.

Ahora, una intrépida reportera juega a ser carnaza durante 21 días. En vez de hacer bien su trabajo, que sería indagar en el ¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿cuándo? y ¿dónde?, va y se disfraza de pobre. No la culpo, el siéntase pobre por un día siempre ha sido y será una diversión de las clases altas.
Samanta Villar, la reportera, no marca distancia alguna. La distancia profesional, la única distancia honesta: la del día 22. La base de su trabajo es jugar a que no hay distancias. En lugar de eso se dedica a su pseudoperiodismo mentiroso y nos viene a decir: “soy uno de ellos”, aunque ni ella mismo sepa qué significa eso. Es la telerrealidad y en ese juego juegan todos. Ella y el estereotipo. Ellos jugando a que es una de ellos. Ella fingiendo que no lo sabe.
Ahora la intrépida reportera está imputada en un robo durante un reportaje. Por supuesto, ella, que puede ser intrépida pero no tonta, alega que estaba desempeñando su trabajo y que no sabía lo que estaba pasando en realidad. Vaya con la niña, le ha visto las orejas al lobo y se ha vuelto a poner el disfraz de periodista. "Uno de ellos", ¡JA!.
El objetivo de la cámara se está convirtiendo en un artefacto peligroso. No cuando capta la realidad, sino cuando la fabrica. El pueblo está aprendiendo a actuar ante el periodismo de carnaval . El hombre de hoy no tiene miedo a la cámara y hace cosas que no haría nunca fuera de foco. A veces esas cosas son inocentes: llorar como una magdalena. Otras pueden ser un poco más peligrosas, como patear la cabeza de alguien. La vida como plató. La tele está jugando con fuego, pero no le importa: el share paga las indemnizaciones. Patear y salir en youtube. Patear en prime time.
Espero que la señora Remedios no vaya a la tele. Preferiría, no por mí, sino por ella, que si se tiene que quejar se queje allí donde de verdad la escuchen: en el Defensor del Pueblo, en las cartas al director, o en una denuncia donde pertoque, por ejemplo. También la educación es enseñar a quejarse bien.
Pero en la tele sólo le van a chupar su intimidad. ¡Y gratis!

lunes 19 de octubre de 2009

EDUCADORES EN UN TEATRO

Alaska, 19 de octubre de 2009,
Quería seguir escribiendo sobre equipos. Sobre cosas vividas, porque para indicaciones sobre cómo trabajar en equipo ya existen excelentes libros en el mercado. Pero este es un blog vivo, y la actualidad le hace cambiar el paso.
La culpa la tiene el teatro. Y es que, como diría Salvador Pániker, ello es que estuve en lo de la Factoría, en Reus, viendo la obra de teatro basada en el blog que usted, querido lector, está leyendo ahora mismo.
La había visto ya en el estreno, en el Principal de Castellón. Ahora la hacían, organizada por el CEESC, en una pequeña sala dentro del complejo Sala La Palma, en Reus. Este espacio le venía como un guante al Educador en Alaska. Le dotaba de la intimidad necesaria que esta obra exige.

Hablo con Rafa, el actor que protagoniza el monólogo y que hace de "Quique" y de muchos personajes más, antes de salir a escena. Está con ese punto justo de nervios de otras veces. Pero con un plus añadido: sabe que va a actuar ante un público formado mayoritariamente por educadores/as sociales. Ese plus y esa presión también lo tengo yo, para que nos vamos a engañar.
Vale, son educadores, me digo, no dejan de ser público. Y en Castellón gustó mucho, ¿no?. Sí, sí. Bueno, bueno. Pero, a ver si nos entendemos, por mucho que la Factoría construya un "Quique", un educador entre miles, sin ánimo de generalizar, ni mucho menos de ejemplarizar, va a hablar de cosas que este público conoce muy bien. Y si no se da un mínimo de identificación la cosa no funcionará.

Empieza la obra. Intento disfrutarla, pero no puedo. Bueno, sí, la disfruto, pero de forma diferente a como lo haría en un espectáculo con el que no tuviera ninguna relación. Cuando es así, me concentro tanto en la obra que sólo me fijo en el público cuando alguien me está molestando. Pero esta vez es diferente. Observo al público de reojo. Veo que se ríen, y lo hacen ahí dónde a mí también me hace gracia, o se palpa el silencio cuando la escena de la carta, y vuelven a reír cuando sale la abuela enseñando a Quique el bollo de su nieto. Y yo me digo: claro, si me gusta a mí, que también soy educador, porque no les iba a gustar a ellos.

No soy el más indicado para hacer una crítica de esta obra, lógicamente. Por eso quiero mostraros un fragmento de las primeras reacciones de dos espectadores que estuvieron en Reus y que han enviado sus comentarios al grupo que la Factoría tiene en facebook:

-"...es una obra de teatro que te ayuda a cargar pilas y que es recomendable para el público en general. Creo que las universidades deberían hacer todo lo posible para que los alumnos de todos los cursos la puedan ver. Es una obra sincera, tierna sin cursilerías, muy transversal y directa, entretenida y muy bien interpretada..." (Pepín de La Rosa)

-"Acabo de llegar de ver el "Educador social en Alaska" y me ha encantado. Tiene todos los puntos necesarios, desde lloros, risas, comida, sensaciones...De verdad habéis hecho un gran trabajo. ¡Enhorabuena! (Roser Guiu).

Gracias Pepín y Roser. Los de la Factoría seguro que agradecen este sincero feedback de su público. Gracias también al CEESC, (Colegio de educadores/as sociales de Cataluña), y al Educablog, que han creido desde el principio en este proyecto.

Que os voy a decir más: que no os la perdáis, seáis educadores o no. Este sábado, 24 de octubre: dos funciones, a las 20 y a las 22h, en Valencia, en la Sala L'Horta. , un espacio teatral precioso y mágico. Podéis llamar al 963759643 para reservar entradas, o en Atrápalo.com . ¡Pásalo!

martes 13 de octubre de 2009

EQUIPOS (2). LA TRANSPARENCIA Y LA CARNE DE FOCA

Alaska, 14 de octubre de 2009,

La transparencia. En La corrosión del caracter, el sociólogo Richard Sennett habla de los peligros del trabajo en equipo bajo el neoliberalismo. Presentado como panacea, el equipo también puede ser el lugar donde se diluyen las responsabilidades y donde se da una lucha encarnizada por la competencia.
Algunas organizaciones, a conciencia o por desidia, fomentan la desunión entre sus equipos. Una de las formas de hacerlo es siendo poco transparente a la hora de tomar decisiones importantes, como por ejemplo ascensos, aumentos salariales o cambios de personal. Cuando se tiene la sensación de que este tipo de decisiones son aleatorias, se toman a dedo, por amiguismo, enchufe, cercanía, o por puro azar, el equipo se resiente. Los trabajadores se vigilan, la desconfianza crece, las puñaladas aguardan y las reuniones se convierten en una tragedia shakesperiana.
La mejor forma de evitarlo (si es que se quiere evitar) es que la información fluya. Muchas personas tienen aspiraciones legítimas de ascender o cambiar laboralmente. Por eso las condiciones que dan lugar a los ascensos, descensos, cambios, promociones internas, etc. deberían de estar escritas y ser claras y coherentes. Todo el personal debería de conocerlas y saber qué tiene que hacer si quiere participar en ellas.
Es la mejor forma para que los miembros de un equipo se dediquen a trabajar para conseguir un objetivo común sin perder el tiempo en vigilar su espalda.

La carne de foca. Los expertos han extraído del magnífico libro Atrapados en el hielo, sobre la expedición de Shackleton al Polo Sur, algunos ejemplos de liderazgo. Algunos de ellos obvian en sus recomendaciones algo que yo sí que he leído en esta increíble epopeya.
El experto no suele hablar de sueldos porque parece que queda mal, excepto cuando se trata del suyo. El sueldo en la expedición de Shackleton era bajo, en efecto. Pero una vez embarrancado su barco en el hielo antártico, las condiciones materiales fueron igual para todos. La carne de foca que cazaban para abastecerse se repartía a partes iguales, incluido el capitán Shackleton, claro. Cuando se trataba de pasar calamidades, él era el primero. Así se ganó el respeto de sus hombres.
Una de las condiciones del liderazgo es dar ejemplo. De hecho, ellos, los jefes, deberían ser los primeros interesados en que sus subalternos estén bien pagados.
Las organizaciones no pueden exigir motivación y lealtad a sus empleados si estos no tienen unos sueldos acordes con su profesión, pero, sobre todo, si la diferencia entre los sueldos entre la dirección y los técnicos resulta indecente.
Obviamente, no todo el mundo tiene que cobrar lo mismo. Al contrario. Los jefes tienen que cobrar más, en función también de la responsabilidad que asumen. Está bien que así sea. Pero algo falla si la dirección de una organización (gestores, directores, secretarios, jefes, etc.) está bien pagada pero sus técnicos ganan cuatro veces menos de lo que deberían. Con ese panorama, el trabajo en equipo es sólo una gran mentira, alimentada por cínicos aprendices de Shackleton.

Pintura: Jordi Alba
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Las próximas citas para ver la obra de teatro: en Reus, este viernes 16 de octubre, a las 20h en la Sala La Palma, organizada por el CEESC, en Vinarós el 23 de octubre, y el 24 de octubre en Valencia (Sala L'Horta). Más información: Factoría Los Sánchez.

domingo 11 de octubre de 2009

EQUIPOS


Alaska, 11 de octubre de 2009,
Equipos. El viernes pasado hablaba con la presidenta de una asociación de mujeres. Le aconsejé que además de convidar a expertas en algún tema para organizar jornadas, buscara a su alrededor. Seguro que en la ciudad había muchas mujeres (y hombres) con historias interesantes que contar. Eso sí, le dije que nada de campañas inútiles para buscar conferenciantes. Había que ir a buscar a la persona y convidarla a participar personalmente. A la gente le gusta que piensen en ella, un poco por vanidad y un mucho por reconocimiento.

Todo esto me hizo pensar en los equipos y en las organizaciones. A veces gerentes, directores o jefes buscan fuera lo que tienen dentro de casa. Para cualquier organización moderna desperdiciar su capital humano sería un suicidio. Pero para la administración pública eso no parece ser un problema. La caja no se agota nunca.

Hace mucho trabajé en una administración que se jactaba de fomentar la participación y la comunicación entre sus empleados. Pura fachada. Su funcionamiento era muy distinto: la dirección (muy arriba) decidía los proyectos y diseñaba todo el departamento de servicios sociales sin consultar a sus técnicos (muy abajo). Eso sí, a veces se dejaban asesorar por sesudos expertos en la materia, que cobraban un pastón y que tampoco preguntaban a nadie. En definitiva, las decisiones las tomaba gente que sabía muy poco del oficio. Del nuestro y del suyo. Luego, una vez decidido todo, no sólo exigían una adhesión sin fisuras, sino la motivación pertinente. Lo que conseguían es que la mayoría de profesionales se miraran siempre los proyectos con escepticismo y trabajaran siempre a desgana. Vivían siempre los proyectos como lo que eran: modelos impuestos por "los de arriba" que no cubrían las necesidades de "los de abajo".
La administración está llena de excelentes profesionales a los que nadie, nunca, ni tan sólo una vez, ha preguntado su opinión sobre el tema que dominan. La administración está llena de excelentes profesionales desganados. Puros supervivientes.

Cambié de trabajo. Una vez propuse a mi jefa la creación de un equipo de técnicos de servicios sociales que dedicáramos un tiempo del trabajo a pensar y planificar. Dijo que sí. El equipo estaba formado por psicólogos, pedagogos, educadores y trabajadores sociales a los que entusiasmó la idea. Más de setenta años de experiencia y formación acumulada. Los cuatro años que funcionó el grupo fueron de lo más fructífero que he vivido nunca: organizamos jornadas de atención primaria, publicamos artículos, presentamos ponencias en congresos, construimos protocolos, instauramos las bases del trabajo en red que luego seguiría todo el departamento, etc. Sería muy largo de explicar aquí lo que hizo que todo fluyera. Sin lugar a dudas, lo más importante es que la dirección apoyó la idea. Fuimos a buscar a los profesionales puerta por puerta, dispuestos a exprimir lo mucho que sabían. Por supuesto que contratamos a expertos y conferenciantes para las jornadas que organizamos: no sabemos de todo y hay que buscar la excelencia fuera cuando no la tienes en casa. Pero la buscábamos de una forma planificada, intentando cubrir las necesidades que el mismo equipo reconocía.

El primer modelo que he comentado, el del puro marketing, tiene sus ventajas, todo hay que decirlo. Suelen ser organizaciones donde no pasa nada. Y cuando digo no pasa nada es que nada pasa, ni bueno ni malo. En el fondo, los gerentes, directores y políticos que lo adoptan tienen miedo a sus técnicos. Miedo a la duda, a la objeción. A la participación. Miedo a que el ruido les estropee un ascenso o una carrera. Consiguen así una organización aparentemente ordenada, silenciosa, donde los trabajadores no tosen pero tampoco mueven un pelo más de lo necesario. Son los equipos donde se instaura la queja constante en los pasillos, el cinismo, que nada tiene que ver con el debate y la discusión abierta.

El segundo modelo es diferente. Hay que tener mucha seguridad y valentía para adoptarlo. Produce un cierto caos. Gente que no está de acuerdo, preguntas, ruido, movimiento, cambio. Errores. No porque no haya jerarquías. Ni mucho menos: no se trata de un modelo anárquico. Tiene que haber jefes que manden y decidan para que funcione. Lo que pasa es que el concepto de jefe que impera en este modelo es el de un líder que delega, que pregunta, que se cuestiona, que escucha y que parte de una premisa: su equipo no es su enemigo.


Pintura: Jordi Alba

lunes 5 de octubre de 2009

BUKOWSKI EN ALASKA

Alaska, 5 de octubre de 2009,

Dice Roberto que, con el paro que hay, la única forma de colocarse en España es bebiéndose una botella de vino. Roberto es el rey del chiste fácil. También es Bukowski, con esa nariz enorme de patata, y un cuerpazo orondo de metro ochenta. También bebe. Podría ser el alter ego del escritor, el personaje al que tanta páginas dedicó, pero despojado de su poesía y glamour.

Me he empeñado en que Roberto se apunte al proyecto de teatro social que hemos montado aquí. Su presencia escénica brutal, bien moldeada, puede dar mucho juego. Ya veremos si lo convenzo.
Su presencia escénica y su contundencia sonora. Él tiene siempre dos típicas frases en la boca cuando está enfadado con el mundo. Sólo por como dice la primera de ellas, "sólo tienen dinero para lo que ellos quieren", pagaría yo una entrada. Una frase que, dicha mil veces por mi madre, suena a demagógica, cuando sale de su boca es un puñetazo. Claro que en el teatro la diría con afectación y no funcionaría.
"Sólo tienen dinero para lo que ellos quieren". Cualquiera le lleva la contraria, tal y como vienen cargados los periódicos. Es terrible. Los políticos corruptos, los clanes familiares que se enriquecen beneficiándose de su cargo , o el dinero tirado en informes caros y ridículos, minan la credibilidad en las instituciones.

Roberto daría bien como personaje en una sátira de Mamet. Una sátira sobre los poderosos. La única sátira decente que puede hacerse ahora y siempre.
Roberto sería el héroe, el personaje incorruptible. Aquel que demuestra que, a pesar de que los que no tienen escrúpulos nos quieran hacer creer lo contrario, existen políticos y personas decentes que no se corrompen con (ni por) el poder.

Así, la segunda frase típica que esgrime Roberto los días que está enfadado con el mundo sonaría como lo que es: Falsa.
Porque no. No todos son iguales.
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Gracias Educablog y Ascprofesional