jueves, 12 de enero de 2012

UNA HISTORIA DE LÍDERES


Alaska, 11 de enero de 2012,

Pensé en él después de ver The Artist. En la excelente peli de Hazanavicius, el protagonista también experimenta cómo dejar de estar en la cima de la noche a la mañana. Pierde todo pero, sobre todo, pierde poder. Lo recordé porque yo vi su caída en picado, en cuestión de horas.
Pasó una tarde, hace muchos años. Yo trabajaba en un Centre Obert (Centro Abierto. Sí, sí, tal como suena. Centro abierto, medio abierto, educador de calle, etc. Otro día les hablaré de la retórica enfermiza de lo social). Solo un año antes, Oscar (nombre figurado) era el líder del grupo. Tenía quince años. Un tipo que con un solo gesto enviaba a la manada al corral. Mandaba, ordenaba, motivaba cuando hacía falta. Decidía quien sí y quien no estaba en el grupo.
Solo un año después, aquella tarde, algo pasó y yo lo vi. Oscar dijo un par de cosas con el mismo entusiasmo de siempre, con energía y decisión. Pero el grupo no le hizo caso. No sé que pudo pasar entre medio, pero seguramente hacía tiempo que el grupo empezaba a distanciarse y él se resistía a aceptarlo. Quizás tuvo algo que ver que en aquel último año muchos de sus compañeros pegaron el estirón y él no. Ahora era de los más bajitos. La cuestión es que vi su cara, a un par de metros de la mía. ¿Como podría explicarlo? Vi la caída de un líder. Vi como su cuerpo se hacía más pequeñito todavía mientras intentaba entender y adaptarse a su nueva situación. Vi sus ojos entrando en barrena. Media hora después, Oscar era uno más, siguiendo a la manada, seguramente ninguneado con crueldad por su condición anterior. Ahí estaba, sobreviviendo. Ahí estaba yo también, pensando que algún día escribiría sobre eso.

El liderazgo. Antes, cuando empezaba en esto de la educación social, el tema del líder era el tema estrella. Los manuales y los profes hablaban de su importancia en el grupo y los educadores nos apresurábamos a identificar y ganarnos al líder que llevara a los adolescentes a nuestro “buen” puerto. Luego, con los años, se pasó al extremo contrario. Todo era compartir, mediar, consensuar. Los liderazgos comenzaron a estar mal vistos, incluso en el mundo adulto. Todo se volvió, por decirlo de alguna manera, blandengue, líquido, leve. Era la época buenrollista que todavía colea (solo hay que ver la insistencia de los  llamados “indignados” en que todo se disuelva en la masa, sin líderes. Como si eso diera algún certificado de autenticidad a la causa). Menuda tontería. Como si los líderes naturales no lo fueran porque saben compartir, coordinar, ser amables, mediar o consensuar cuando hace falta. Igual que saben ordenar, motivar, definir y decidir cuando toca. Por eso los amamos. Los otros, los que necesitan la violencia, la manipulación o la coacción para que les hagan caso no son líderes. Tienen mucho más que ver con la dictadura que con el liderazgo.

La energía de los lideres, hombres o mujeres que en un momento de sus vidas son capaces de entusiasmar a otros en sus empresas, siempre me ha fascinado. Tanto en las grandes hazañas que pueden cambiar el mundo como en los pequeños gestos cotidianos. Esas personas que dan el paso al frente que el grupo esperaba que diesen. Shackleton, por ejemplo, el capitán del Endurance, cuya historia se narra en Atrapados en el Hielo ,  es toda una lección de liderazgo. O Steve Jobs, capaz de crear  de la nada una de las empresas más potentes del mundo. El caso de Jobs es curioso. Hace unos días leía un artículo en El Periódico que calificaba a Jobs de gilipollas. Así, sin matices. Un gilipollas que se comportaba a veces como un genio. El periodista no entendió nada del excelente libro de W. Isaacson, pero eso me pasa por leer este sucedáneo del ¿Qué me dices? que es El Periódico. Basta leer que los que habían trabajado con Jobs consideraban su paso por Apple y su relación con él como una de las mejores experiencias de sus vidas para darse cuenta de la clase de torbellino humano del que estamos hablando. ¿Que en muchos momentos era un hombre contradictorio, cruel, manipulador, gilipollas incluso? Anda la hostia ¿Y quien de ustedes, incluido el periodista listillo, sometidos al escrutinio de su vidas, de sus amigos, conocidos, parejas, etc. quien de ustedes, digo, que aceptara una biografía sin revisar ni corregir, podría mostrar un expediente sin mácula?.

Los líderes también caen y la caída es terrible. El mismo Jobs, expulsado de la empresa que fundó antes de que Apple se convirtiera en lo que es hoy. Un capítulo del libro, este, que volvió a recordarme a Oscar. A veces se pierde el liderazgo de forma natural. Otras veces es la sociedad, la competencia o la mediocridad la que no soporta que alguien destaque entre la masa. Los españoles somos bastante buenos en eso. En rodearnos de mediocridad. Si alguien se mueve un poco no sale en la foto, ya saben. Y si además es un poco engreído, entonces tratamos de hundirlo y preferimos rodearnos de aduladores, gente sin carácter que no nos haga sombra. Basta ver al presidente que hemos elegido durante los últimos ocho años.
Por eso creo que a los buenos líderes hay que mimarlos. Animarlos a que asuman responsabilidades. Y también protegerlos para posibles tropezones, trabanquetas y caídas. También este es un trabajo para la educación social.
No sé que será de Oscar, le perdí la pista cuando dejé de trabajar en el Centre Obert. Quizás siga siendo uno más. Ummm, apostaría a que no. Los líderes naturales lo siguen siendo a su pesar.
***

GIRA 2012
Este viernes, 13 de enero, a las 21h. volvemos a la Sala Almazen, en el Raval de Barcelona, con ALASKA 2099. 
+ info aquí. 

2 comentarios:

Manuela dijo...

hay algo innato en un líder, no? sí, yo también creo que sí... yo una vez hice un test con una psicóloga para un trabajo cuyo resultado fue que yo no tenía ninguna capacidad ni necesidad de liderazgo, vamos que me la traía al fresco y que además no me gustaba trabajar en equipo... y oye, razón tenía, sigo currando sola y encantada de la vida! felicísimo año!

Quique dijo...

Bueno, yo creo que sí, Manuela, que es algo bastante innato.
Dicho esto, y dicho el post (y sin que me oiga nadie)...¡que viva el individualismo oiga!! (aunque yo tengo una teoría, que ya le comentaré, sobre que los grandes individualistas son grandes líderes, a su pesar...)