jueves 26 de enero de 2012

LA EDUCACIÓN SOCIAL EN TED


Alaska, 26 de enero de 2012,
Todo empezó con la idea de hacer un Party Online de la Educación Social. Queríamos reunir virtualmente a educadores de toda España, aprovechando el tirón de las redes sociales. Al principio el título chocó entre los del gremio. Es comprensible. Party, ummm. La palabreja no era lugar común por estos lares. Tenía un punto cachondo. Lo cierto es que,  networking apartebuscábamos la parte canalla del asunto, alejándonos para siempre del lenguaje buenista y mojigato que a veces gastamos los de mi profesión.
Luego el proyecto ha ido evolucionando. Y no solo por el título. En el CEESC (Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña) hemos ido sumando tiempos y personas y eso siempre enriquece el proceso. Por eso resulta fascinante hacer proyectos. Del Party original pasamos a una propuesta que, de momento, llamamos Ciutatβ, en la que los actores serán profesionales de la educación social, la cultura y la comunicación 2.0. ¡Ojo!, educación social/cultura/comunicación: tres ámbitos que no suelen ir de la mano. Los ciudadanos y la transformación de la ciudad serán el eje principal de la cosa. Conservamos, eso sí, la frescura de la idea original. Y hasta ahí puedo leer.


Como digo hemos ido sumando personas e instituciones. Ahora es un proyecto del CEESC con el apoyo técnico de Trànsit Projectes y  el  institucional del CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) que es donde finalmente se llevará a cabo.

El próximo 16 de febrero presentaremos el proyecto en el TEDxRamblas. Lo hará, representando al CEESC, Charo Quero, educadora social y mi compañera en el cluster de comunicación del Colegio.

Pero, un momento, no vayamos tan rápido, que esto no pasa todos los días. He dicho TED y he dicho CCCB. Solo dos apuntes (y, sí, ahora mismo estoy sacando pecho): TEDx es un programa de eventos locales que difunden las ideas más innovadoras del momento.El CCCB es una de las instituciones culturales más prestigiosas de Cataluña. Y la educación social va a estar ahí, como protagonista. Es un salto cualitativo para la profesión en toda regla, un antídoto para los “no nos escuchan” “no saben lo que hacemos” “somos desconocidos” y cantinelas varias. Ya saben.

La cita, obligada para los que piensen que la educación social es una profesión de presente y con futuro, es el 16 de febrero a las 16h. Lo darán por estreaming y nosotros estaremos ahí, twitteando y facebookeando lo que Charo explique. No hay excusa.

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#teatro: Gira 2012 de Alaska 2099: volvemos el 3 de febrero a Barcelona (Sala Almazen) y el 27 de febrero actuaremos en Santiago de Compostela (Teatro Principal)

martes 24 de enero de 2012

¿EMPEZAMOS A DEBATIR? VI CONGRESO ESTATAL DE EDUCACIÓN SOCIAL.



Alaska, 24 de enero de 2011,
Los próximos 3, 4 y 5 de mayo se celebra en Valencia el  VI CONGRESO ESTATAL DE EDUCACIÓN SOCIAL. Un momento importante para los educadores de todo el país. El Congreso gravitará en torno a los cuatro ejes que enumeraré a continuación. 
Para empezar a calentar motores, y porque creo que un Congreso es lo que se hace durante, pero también lo que ocurre antes y después, propongo debatir sobre esos tres ejes. Lo haré de una forma digamos que, ummm, poco ortodoxa. 
Hace exactamente un año proponía en este blog las 10 ASIGNATURAS PENDIENTES DE LA EDUCACIÓN SOCIAL (parte uno y dos). Lo que he hecho es intentar encajar esas 10 propuestas en cada eje del Congreso. Reconozco que el resultado es desigual y que alguna de las propuestas encaja por los pelos en "sus" respectivos ejes, pero la idea no es desde luego agotar el debate. Se trata solo de un piscolabis para abrir boca y empezar a debatir. 
Ya sé que está feo citarse a uno mismo. Pero bueno, en esta época de remezclas y procomunes supongo que se me perdonará que me robe las ideas.
He dejado las propuestas tal cual las escribí hace un año. Ahora cambiaría algunas cosas. También añadiría otras; como por ejemplo la necesidad de una visión más amplia de la educación social (que incluya cultura, comunicación, tecnología) o la utilización del método científico como filosofía de la intervención. En cuanto a las políticas públicas y su derribo, por derecha e izquierda (algunos lo llaman deconstrucción) tengo mucho que decir. Pero eso lo dejo para más adelante. O para el debate, si es que lo hay.
¡Abran fuego! 

LOS CUATRO EJES: 
en azul los ejes propuestos por el Congreso/en negro mis 10 asignaturas pendientes
1 eje:  Formación Inicial y Permanente para los educadores/as de un nuevo siglo.
Potenciar el diálogo entre la universidad y los profesionales. La universidad pare educadores sociales y los echa al mercado. Luego  se olvida de ellos. No suele llamarlos para que le expliquen cómo va la cosa ahí fuera, cómo han enriquecido su formación, qué lagunas formativas han tenido, cómo mejorarían el plan de estudios, que cosas saben que la universidad no sabe, que tal eso de la experiencia. ¿Pa qué? si el saber lo administran ellos. Por eso la distancia entre lo que cuentan y lo que se encuentran los chavales en el campo de juego va aumentando considerablemente.
Llegó un momento, no me pregunten cuando, en que universidad y técnicos empezaron a mirarse por encima del hombro.


2 eje: Método y herramientas de investigación e intervención en Educación Social.
 Incorporar las ciencias naturales“Algún día la ciencia natural se incorporará a la ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará a la ciencia natural. Habrá una sola ciencia.” Lo decía Karl Marx. Después dijo algo parecido el gran Carl Sagan, en Cosmos. Pero nosotros como si llueve. Algo pasa con nuestro secular desprecio a las ciencias naturales. Seguir manteniendo que la genética o la neurociencia, por ejemplo, no tienen nada que ver con la educación es seguir obstinados en una estupidez. Nos están dando pistas para entender al hombre y nosotros miramos para otro lado. Tampoco importa mucho, la naturaleza va a seguir su curso, con o sin educación social. Yo preferiría que lo hiciese con educación.
Es verdad que la ciencia es un poco indigesta y que nosotros somos de letras. Pero ya no hay excusas, existen excelentes blogs divulgativos, como este,  que entiendo hasta yo.

Investigar y escribir. Muchos manuales sobre educación social están escritos por alguien que, en el mejor de los casos, trabajó de  esto una vez, luego se dedicó a la gestión o le dieron una cátedra, lugares mejor situados para publicar, y escribió. Como ya casi no recordaba sus comienzos o sus comienzos estaban demasiado anticuados, tiró de vacas sagradas. Refritos. Prosa vacía e inaplicable. No los culpo. Desde siempre los educadores sociales se han dedicado a tirar por la basura del olvido infinidad de experiencias interesantes. Somos un poco vagos en registrar nuestro trabajo, así que lo que no escribimos nosotros siempre lo hace otro. Fruto de esto es la incapacidad demostrada para crear un lenguaje propio, un discurso profesional que no sea  la jerga abominable que ocupan hoy muchos de nuestros informes.
Hay un montón de experiencias, técnicas, prácticas exitosas que podrían compartirse. Hay un libro sobre casuística de los educadores sociales que espera  ser escrito.  Hay equipos de educadores, trabajadores sociales, psicólogos y pedagogos en activo que si se juntasen y sistematizasen sus datos, más allá del caso concreto, crearían un material de un valor de uso incalculable.
3 eje: Experiencias de futuro. Nuevos campos y líneas de ruptura en la Educación Social.
Un discurso de época. Paulo Freire, para algunos padre de la educación social y todavía referente, tendría hoy un perfil en twitter y facebook. Y diría cosas distintas a las que decía en su tiempo. 
Nos llenamos la boca de conceptos como agentes de cambio social o transformación pero somos una de las profesiones dedicadas a la educación a la que menos está influyendo la irrupción de las redes sociales y el web 2.0.  
Personalmente es una opción. Profesionalmente un suicidio.

Mejorar el diálogo entre trabajadores y educadores sociales. Somos primos hermanos. Basta ya de tanta tontería. Tenemos que desterrar para siempre debates prehistóricos y sumar esfuerzos. No estaría mal comenzar por dejar atrás, para siempre, los discursos victimistas (ya saben: no nos escuchan, no nos hacen caso, las escuelas o los médicos siempre nos dicen lo que, etc) y empezar a construir un discurso profesional potente. No vamos tan sobrados como para ir desperdiciando energías y cerebros. Que no se escandalice nadie,  no vamos a perder identidad por juntarnos con el vecino. Hablando se aprende la gente. Tenemos problemas comunes, empezando por el exceso del trabajo de gestión y la burocracia, y retos importantes para mejorar la atención a los ciudadanos. A ras de suelo ya se está haciendo, pero en altas instancias aún se pelean por un quítame allá esas prebendas en aquella ley.
Pongámonos a trabajar. Juntos.

 Armonizar el campo profesional. Integradores sociales, animadores socioculturales, monitores, educadores sociales, trabajadores sociales, pedagogos, psicopegadogos. Es lo que pasa por no preguntar. Se ofertan títulos profesionales sin tener en cuenta si el mercado laboral los ha pedido antes y sin un diseño claro de lo que harán. Después  la precariedad laboral, el intrusismo o el corporativismo serán, a lo sumo,  material de estudio. ¡A ellos que los registren!. Suerte que hay muchos profesionales que a pesar de las dificultades están dispuestos a entenderse, aunque sea complicado y aunque les vaya el pan. O por eso mismo. 
Los que han creado el galimatías deberían sumarse a desenredarlo.

 Existir en los medios de comunicación. Estamos mucho mejor que hace años, es cierto. Cuando algo grave pasa y hay menores por medio, algún periodista nos pregunta. Está bien que así sea. Trabajamos con el conflicto, es natural que nos pregunten cuando explota. Pero, como conocedores del tema, tenemos algo que decir antes del humo. Sobre el conflicto y sobre muchos otros temas relacionados con la educación, la sociedad o la cultura.
 ¿Porqué la televisión o la prensa echa mano de psicólogos, pedagogos o maestros para opinar sobre temas que nos competen? No sé por su parte. Por la nuestra, quizás va siendo hora de ofrecer otra mejilla que la de apagafuegos.



4 eje: Políticas públicas en la Educación Social como derecho y construcción de la ciudadanía.
 Responder a la pregunta ¿qué hace un educador?. No es que la respuesta no  esté ya escrita. El problema es que cualquier definición que no se lleva a cabo se convierte en un listado de buenas intenciones. Los trabajadores sociales de este siglo, ahogados en una demanda asistencial y de gestión brutal, buscan recuperar como pueden el espacio de trabajo social perdido. Nosotros pudimos hacerlo, lo tuvimos en nuestra mano: un trabajo específico basado en la pedagogía. Pero, en lugar de eso, nos convertimos en los grandes derivadores del sistema. Hubo una época en que el educador, a sus ojos y al de los demás, se convirtió en un profesional subsidiario del psicólogo, del pedagogo, del médico o del maestro. Repartía trabajo, temeroso  de quedarse el que verdaderamente le competía. 
Es una obligación saber derivar y gestionar bien. Casi un arte. El problema no es ese. El problema es que entre la derivación y la gestión se nos vaya la educación.  






PD: y para terminar, un deseo que, como me dijo una vez J.M. Alonso Varea, vendría a ser una recompensa:
Mejorar los sueldos de los educadores sociales. Es algo de lo que no se habla en las jornadas ni en los congresos. Queda mal. No porque no sea el lugar, ¡quita!, es por el tema: dinero y educación. Mmm, feo, no pega, con lo buenos que somos los educas, que trabajamos a precio de saldo vocacional, pse!.  Pero es fundamental. Sí, es cierto, vivimos en una economía de mercado, pero es que yo defiendo que valemos mucho más. Está bien que la sociedad se rasgue las vestiduras cuando la atención a los menores no funciona adecuadamente, pero también está bien que  sepa a cuanto va la hora de atención.

Trabajamos con material sensible, no debería ocuparse de ello ningún mileurista.

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jueves 12 de enero de 2012

UNA HISTORIA DE LÍDERES


Alaska, 11 de enero de 2012,

Pensé en él después de ver The Artist. En la excelente peli de Hazanavicius, el protagonista también experimenta cómo dejar de estar en la cima de la noche a la mañana. Pierde todo pero, sobre todo, pierde poder. Lo recordé porque yo vi su caída en picado, en cuestión de horas.
Pasó una tarde, hace muchos años. Yo trabajaba en un Centre Obert (Centro Abierto. Sí, sí, tal como suena. Centro abierto, medio abierto, educador de calle, etc. Otro día les hablaré de la retórica enfermiza de lo social). Solo un año antes, Oscar (nombre figurado) era el líder del grupo. Tenía quince años. Un tipo que con un solo gesto enviaba a la manada al corral. Mandaba, ordenaba, motivaba cuando hacía falta. Decidía quien sí y quien no estaba en el grupo.
Solo un año después, aquella tarde, algo pasó y yo lo vi. Oscar dijo un par de cosas con el mismo entusiasmo de siempre, con energía y decisión. Pero el grupo no le hizo caso. No sé que pudo pasar entre medio, pero seguramente hacía tiempo que el grupo empezaba a distanciarse y él se resistía a aceptarlo. Quizás tuvo algo que ver que en aquel último año muchos de sus compañeros pegaron el estirón y él no. Ahora era de los más bajitos. La cuestión es que vi su cara, a un par de metros de la mía. ¿Como podría explicarlo? Vi la caída de un líder. Vi como su cuerpo se hacía más pequeñito todavía mientras intentaba entender y adaptarse a su nueva situación. Vi sus ojos entrando en barrena. Media hora después, Oscar era uno más, siguiendo a la manada, seguramente ninguneado con crueldad por su condición anterior. Ahí estaba, sobreviviendo. Ahí estaba yo también, pensando que algún día escribiría sobre eso.

El liderazgo. Antes, cuando empezaba en esto de la educación social, el tema del líder era el tema estrella. Los manuales y los profes hablaban de su importancia en el grupo y los educadores nos apresurábamos a identificar y ganarnos al líder que llevara a los adolescentes a nuestro “buen” puerto. Luego, con los años, se pasó al extremo contrario. Todo era compartir, mediar, consensuar. Los liderazgos comenzaron a estar mal vistos, incluso en el mundo adulto. Todo se volvió, por decirlo de alguna manera, blandengue, líquido, leve. Era la época buenrollista que todavía colea (solo hay que ver la insistencia de los  llamados “indignados” en que todo se disuelva en la masa, sin líderes. Como si eso diera algún certificado de autenticidad a la causa). Menuda tontería. Como si los líderes naturales no lo fueran porque saben compartir, coordinar, ser amables, mediar o consensuar cuando hace falta. Igual que saben ordenar, motivar, definir y decidir cuando toca. Por eso los amamos. Los otros, los que necesitan la violencia, la manipulación o la coacción para que les hagan caso no son líderes. Tienen mucho más que ver con la dictadura que con el liderazgo.

La energía de los lideres, hombres o mujeres que en un momento de sus vidas son capaces de entusiasmar a otros en sus empresas, siempre me ha fascinado. Tanto en las grandes hazañas que pueden cambiar el mundo como en los pequeños gestos cotidianos. Esas personas que dan el paso al frente que el grupo esperaba que diesen. Shackleton, por ejemplo, el capitán del Endurance, cuya historia se narra en Atrapados en el Hielo ,  es toda una lección de liderazgo. O Steve Jobs, capaz de crear  de la nada una de las empresas más potentes del mundo. El caso de Jobs es curioso. Hace unos días leía un artículo en El Periódico que calificaba a Jobs de gilipollas. Así, sin matices. Un gilipollas que se comportaba a veces como un genio. El periodista no entendió nada del excelente libro de W. Isaacson, pero eso me pasa por leer este sucedáneo del ¿Qué me dices? que es El Periódico. Basta leer que los que habían trabajado con Jobs consideraban su paso por Apple y su relación con él como una de las mejores experiencias de sus vidas para darse cuenta de la clase de torbellino humano del que estamos hablando. ¿Que en muchos momentos era un hombre contradictorio, cruel, manipulador, gilipollas incluso? Anda la hostia ¿Y quien de ustedes, incluido el periodista listillo, sometidos al escrutinio de su vidas, de sus amigos, conocidos, parejas, etc. quien de ustedes, digo, que aceptara una biografía sin revisar ni corregir, podría mostrar un expediente sin mácula?.

Los líderes también caen y la caída es terrible. El mismo Jobs, expulsado de la empresa que fundó antes de que Apple se convirtiera en lo que es hoy. Un capítulo del libro, este, que volvió a recordarme a Oscar. A veces se pierde el liderazgo de forma natural. Otras veces es la sociedad, la competencia o la mediocridad la que no soporta que alguien destaque entre la masa. Los españoles somos bastante buenos en eso. En rodearnos de mediocridad. Si alguien se mueve un poco no sale en la foto, ya saben. Y si además es un poco engreído, entonces tratamos de hundirlo y preferimos rodearnos de aduladores, gente sin carácter que no nos haga sombra. Basta ver al presidente que hemos elegido durante los últimos ocho años.
Por eso creo que a los buenos líderes hay que mimarlos. Animarlos a que asuman responsabilidades. Y también protegerlos para posibles tropezones, trabanquetas y caídas. También este es un trabajo para la educación social.
No sé que será de Oscar, le perdí la pista cuando dejé de trabajar en el Centre Obert. Quizás siga siendo uno más. Ummm, apostaría a que no. Los líderes naturales lo siguen siendo a su pesar.
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GIRA 2012
Este viernes, 13 de enero, a las 21h. volvemos a la Sala Almazen, en el Raval de Barcelona, con ALASKA 2099. 
+ info aquí. 

viernes 30 de diciembre de 2011

CONVERSACIONES SOBRE CIENCIA Y EDUCACIÓN ENTRE UN SOLOMILLO A LA PIMIENTA (segunda parte)

Alaska, 29 de diciembre de 2011,

Me había quedado en el solomillo. J y yo discutíamos con contundencia, como discuten los amigos cuando el tema les interesa y hay confianza. No recuerdo todo el hilo de la conversación, pero si recuerdo que, en un momento de esta, J me dijo que si la ciencia, tal como pretendía, reducía al ser humano a sus genes, entonces no dejaba ningún lugar para la educación. Ummm, pensé yo, relamiéndome: ahí está, ahí está, resumido, un equívoco de la educación social. Ahí está, quizás, la causa de su divorcio de la ciencia durante años, de su mirada desconfiada. Quizás por eso (aunque eso lo pienso ahora, no durante la comida) profesionales tan buenos e influyentes para la educación social como J. R. Ubieto, psicólogo clínico y psicoanalista, puedan afirmar cosas como: "el cientificismo en boga apunta a la extinción de lo subjetivo en nombre de una programación genética o neuronal que dejaría al hombre a merced de su cerebro, único creador de nuestras vidas."

Decir que toda la ciencia es reduccionista es un pensamiento reduccionista.
Resolvamos, pues, el equívoco, aunque se nos enfríe el solomillo.

1). La ciencia reconoce la importancia del medio en el desarrollo de la personalidad del ser humano. Que se descubra un gen que predisponga a algo, o que explique alguna característica, no elimina automáticamente la importancia del medio. En todo caso añade información valiosa de cómo ese medio puede influir en la persona. Pero oigamos la voz, no de los supertacañones, sino del científico Steven Pinker: "Las personas a veces temen que si los genes afectan de algún modo a la mente, deben determinarla en todos sus detalles. Es un error, por dos razones. La primera es que la mayoría de los efectos de los genes son probabilísticos. (...) La segunda razón de que los genes no lo son todo es que sus efectos pueden variar en función del medio". Lo que, en cualquier caso, la genética y la neurociencia demuestran es que no siempre se puede culpar a unos padres o a la sociedad de las conductas antisociales de las personas.
Es paradójico que no sean tanto los científicos los que desprecien la influencia del medio, sino al contrario: son las disciplinas sociales, como la educación social, las que suelen despreciar los avances científicos en genética o psicología evolutiva. De hecho, también hay un reduccionismo o determinismo social, tan o más peligroso que el científico: aquel que propugna que "lo social" lo puede todo y todo lo explica.

2) Los avances actuales y futuros en genética no hacen ni harán a la persona irresponsable de sus actos. Igual que no consideramos irresponsable de sus actos a un delincuente, aunque se haya criado en un medio desfavorable y eso pueda haber influido en su personalidad. Y es que una cosa son las doctrinas morales y otras las científicas. Donde y hasta donde una persona es responsable de sus actos es algo que pertenece al orden de las primeras, algo en lo que la sociedad en su conjunto se pone de acuerdo, no algo que pueda determinar la ciencia por sí sola. Los conocimientos que aportan las ciencias o las humanidades pueden influir en las doctrinas morales o en los valores, pero no los determinan.

Ya a medio solomillo, alguien comenta los riesgos de la ciencia, los riesgos de saber demasiado sobre nosotros mismos. Siempre que se habla de ciencia sus detractores suelen esgrimir el apocalipsis: la eugenesia, los experimentos frankensteinianos, etc.
Volvamos a Pinker (lo siento, es uno de mis científicos de cabecera) mientras yo saboreo el último sorbo de este excelente vino: " Hoy, muchos autores equiparan con todo convencimiento la genética conductista con la eugenesia, como si estudiar los correlatos genéticos de la conducta fuera lo mismo que coaccionar a las personas en su decisión de tener hijos. Muchos equiparan la psicología evolutiva con el darwinismo social, como si el hecho de estudiar nuestras raíces evolutivas fuera lo mismo que justificar la condición de los pobres". No, no es lo mismo por la sencilla razón de que los ideales políticos de la igualdad de oportunidades o de derechos son doctrinas morales sobre cómo hay que tratar a las personas, no hipótesis científicas sobre cómo son las personas.

"La cuestión no es si cada vez se va a explicar mejor la naturaleza humana con las ciencias de la mente, el cerebro, los genes y la evolución, sino qué vamos a hacer con estos conocimientos. ¿Cuáles son de hecho las implicaciones para nuestra idea de igualdad, progreso, responsabilidad y el valor de la persona?. Quienes desde la izquierda y desde la derecha se oponen a las ciencias de la naturaleza humana tienen razón en una cosa: se trata de cuestiones vitales. Lo cual es mayor motivo para que se afronten no con miedo y recelo, sino con la razón".

¿Queremos saber más sobre nosotros mismos?. ¿Más sobre porqué somos como somos y nos comportamos como nos comportamos, o preferimos mantenernos en la oscuridad? Yo lo tengo claro.

PD: El solomillo se enfrió irremediablemente, pero valió la pena; no siempre se puede discutir a la italiana, poniendo toda la carne en el asador, incluido el solomillo. Al final acabamos brindando todos, por nosotros y por la Navidad, demostrando, por si hacía falta, que una buena manera de respetar a las personas es discutiendo sobre sus ideas.

Feliz año 2012
a todos los lectores (lo cual incluye a las lectoras, ¿hace falta decirlo?) de este blog.









jueves 22 de diciembre de 2011

CONVERSACIONES SOBRE CIENCIA Y PSICOANÁLISIS ENTRE UNOS HUEVOS ESTRELLADOS (primera parte)

Alaska, 21 de diciembre de 2011,

El psicoanálisis. Pasó el sábado, en el restaurante 360 grados, de Barcelona. Veníamos de una reunión agotadora, cansados y con hambre. Más o menos coincidiendo con la llegada del primer plato, unos huevos estrellados con una pinta excelente, comentamos la película “Un método peligroso”, sobre la relación de Freud y Jung. Muy buena, por cierto. Creo que en ese punto arranca la discusión sobre el psicoanálisis. 
Comienzo diciendo que el psicoanálisis es la historia de un fracaso. Ellos, P y J, a los que luego se añadirá CH, dicen que soy extremista y exagerado. Yo avanzo con toda mi caballería, en mi salsa, mientras los huevos estrellados se van enfriando: el complejo de Edipo, la interpretación de los sueños, el complejo de Electra ¿quién sostiene en la actualidad, salvo los psicoanalistas y lacanianos más recalcitrantes, esa sarta de tonterías?.
Mientras, CH J y P me dicen que no me quede solo con eso. ¿Sólo con eso? ¿Solo con eso? ¡Pero si son los pilares del psicoanálisis!, digo yo, exaltado y exultante. Los psicoanalistas son tan astutos que renuncian a lo fundamental de su doctrina (lo que equivale a reconocer su derrota) pero no a la marca. Por lo visto, pese a todo, el psicoanálisis todavía tiene caché. Sobre todo no renuncian a una de sus características, lo poco que queda de hecho del psicoanálisis en sus terapias: ellos no curan ni resuelven nada, pero sus análisis pueden durar toda la vida. A precio de oro, eso sí, que en su jerga ininteligible ellos llamarán, para no ensuciarse: el Otro.
Empiezo a hincarle el diente a los huevos, aunque me conozco y de lo excitado que estoy (no siempre puede uno discutir de estas cosas con amigos a las cuatro de la tarde) estoy deseando pegarle otra arremetida al tema.
Sobre las tres y media J nombra a Lacan. Porque el psicoanálisis no es solo Freud, dice. ¿Lacan? ¿Lacan me dices? ¿El de la Fórmula del Fantasma? ¿El del Sujeto Barrado? ¿El de la Envidia de Pene? (si, han leído bien, envidia de pene. Si hombre, esa que tienen todas las mujeres). ¿Lacan el incomprensible?, ¿El mismo que utiliza términos científicos de los que no tiene ni idea como destaparon Sokal y Bricmont en su estupendo ensayo Imposturas Intelectuales? ¿Lacan, dices? Hombre, hombre.
El psicoanálisis es la historia de un fracaso. Un modelo que aspiraba a explicar todas las enfermedades mentales (en realidad aspiraba a explicar TODO), basado en el manual de un inspirado escritor de fábulas (basta leer a M. Onfray y su irregular pero clarificadorEl crepúsculo de un ídolo, o a Janet Malcolm y su excelente reportaje, En los archivos de Freud, para darse cuenta de lo endeble del edificio freudiano), un modelo que aspiraba a hacer ciencia sin el peaje del rigor exigible, un modelo, digo, relegado ahora a psicología de salón, después de reinventarse tanto que ni él mismo se reconoce. 
El psicoanálisis ha matado al padre pero finge no estar desnudo.
Aunque siguen existiendo los psicoanalistas radicales (algunos siguen explicando el autismo por la relación entre la madre y su hijo y cosas así). por fortuna la mayoría de los que dicen llamarse psicoanalistas en realidad son como los comunistas europeos que solo conservan, por fortuna, el nombre. El nombre y un hablar raro, lo suficientemente raro para que solo se entiendan ellos mismos, si es que se entienden.
Al final, cuando ya me retiran el plato convencidos de que no acabaré con los huevos, P comenta que el psicoanalista tiene que pasar por duras pruebas, de experiencia y de formación, para llegar a serlo. Yo le despacho rápidamente con un chulesco: ¿y?. Añadiendo que también hay tarotistas o astrólogos que se esfuerzan mucho. Vale, me he pasado, no me extraña que haya gente que me tenga  manía. Es que me caliento. Es que el psicoanálisis es como Apple: domina toda la experiencia del usuario. Los psicoanalistas se inventan una teoría y se encargan ellos mismos de decir qué formación es la adecuada para formar a otros psicoanalistas. Formación que impartirán solo ellos, por supuesto. Fueron también listos al inventarse un modelo donde el terapeuta apenas interviene, un modelo descansado, digamos, aunque no llevaron su osadía al extremo de quitarle al cliente su diván. Ahí estuvieron bien.
También se cuidaron de blindarse a las críticas: Cuando alguien les tose o les discute, cuando alguien osa decirles que ni una sola, ni una, de sus teorías se ha podido demostrar, dicen que es que tienes resistencias, o miedos, o que no  les entiendes. Es lo que tienen las teorías autoreferenciales.
J, cuando me traen el segundo plato, un lomo ibérico al punto con salsa de pimienta, dice que el psicoanálisis es ciencia. Yo creo que lo hace para joderme, para que se me vuelva a enfriar el plato, porque sabe que me voy a tirar a la yugular. Eso es, precisamente, lo peor del psicoanálisis, su pretensión de científica. Total, que acabamos hablando, como si de una segunda parte se tratara, de la ciencia. Yo a favor, claro.
Una segunda parte un punto más acalorada que la primera. Por el tema, que me pone, y porque el excelente vino blanco, frío y afrutado, del que no recuerdo el nombre, empieza a hacer su efecto.
Continuará....


Pintura: Jobs and Freud, de A. Kurban