jueves, 9 de octubre de 2014

PORTUGAL, ALASKA Y EL CERDO




Alaska, 8 de octubre de 2014,                                                             Este es un post fotográfico. No es que  no escriba, es que me falta tiempo. Podría empezar por los exquisitos mimiños de puerco, en un restaurante de Viseu, regados con  vino tinto de Dâo. Uno de los muchos instantes de felicidad que vivimos Rafa y yo en Portugal, gracias a Ruben Amorim, un educador todoterreno, alma mater de APES, una persona extraordinaria, un amigo.                                                                                                                                                                    Podría seguir con la representación del Alaska en Viseu, la sala llena, la escenografía que no llegaba, yo buscando desesperado en casa de Dario Gomes (otra persona excepcional) un reno entre los muñecos de sus hijas. La gente, al final, aplaudiendo. Rafa en estado de gracia.

Luego el sábado, recien aterrizados en Barcelona. El reencuentro con las actrices de EL AÑO DEL CERDO, lo último de Factoría Los Sánchez  (no se olviden, estamos todos los sábados de octubre, a las 18h., en Sala Porta 4, en Gràcia). 
  
Pero os dejo que miréis, en espera de recuperar tiempo para la escritura de este blog. Perdonad esta incursión mía en el fotoperiodismo aficionado. 



FOTOS:
1. El autor del blog con Ruben Amorim, después de haber dado cuenta del delicioso puerco. 
2. Las actrices de EL AÑO DEL CERDO en un ensayo, con su mantelito de cuadros. Tan jóvenes y ya lanzándose dardos envenenados.
3. La sala de teatro en Viseu, a tope de estudiantes y profesores de educación social. 
4. Libros del Educador social en Alaska en Portugal.
5. Rafa, dándolo todo.
6. Ruben, un servidor y Dario Gomes en la presentación de mi libro en la Universidad de  Viseu.
7. Sonia, Tricia y Angela, las estupendas actrices de EL AÑO DEL CERDO,  en el último pase antes de la representación en Porta 4. 











martes, 10 de junio de 2014

EL MOSAICO DE ZOE


El mosaico de Zoe. Epílogo que escribí para el libro Convivir no es de locos, de mi amigo Raül Córdoba (Ediciones B)


En la espléndida Santa Sofía, en Estambul, primero iglesia, luego mezquita y ahora museo,  en el extremo de uno de sus ábsides, está el mosaico de la emperatriz Zoe con su esposo. La señora Zoe, que nació en el año 978 y murió en el 1050, se casó tres veces, así que decidió conservar el cuerpo del esposo representado en el mosaico, pero cambió su rostro con cada nuevo matrimonio. Ahorradora y pragmática. El último marido, Constantino IX, que sobrevivió a Zoe, es el que luce en Santa Sofía y el que nos apresuramos a fotografiar los turistas, ávidos de historias que contar a nuestra vuelta. Perplejos de que las historias humanas se parezcan tanto a pesar de los siglos. Periodistas de anécdotas sin flash, porque los mosaicos, como las historias, se gastan.
No deberíamos juzgar alegremente a la impetuosa Zoe. Cuando uno se sienta a admirar esos eternos mosaicos, ese puzle de preciosas piececitas perfectamente encajadas, entiende que la emperatriz quisiera ahorrar a sus artesanos el trabajo de rehacerlo todo y que se conformara solo con cambiar el rostro. También hay que situarse: el romanticismo aún no se había inventado y, seguramente, las relaciones entre hombres y mujeres eran mucho  más  prosaicas que ahora.

Pero Zoe pudo tener otros motivos. Quizás lo que la impulsó a borrar la cara de su antiguo marido y dibujar encima la del nuevo era algo situado entre el dolor y la alegría. Entre lo nuevo y lo viejo. Entre la necesidad del olvido y la reivindicación de lo conquistado.
Imposible saberlo. Aunque, si fuese así, eso me acercaría más a Zoe de lo que estoy dispuesto a admitir. Quizás lo que entendí como frialdad o frivolidad de la emperatriz, la primera vez que vi ese mosaico, sea en realidad una necesidad de seguir viviendo, de no mirar constantemente atrás. De caminar. Yo también he sentido a veces esa necesidad, y he substituido  unas caras por otras en los muebles. Yo también he sido, a mi manera, un poco Zoe. La foto de una nueva relación ha enterrado en cajas las fotos de una relación que se acabó.  Pudo haber despecho, tristeza, dolor, o celos, pero casi siempre fue un deseo de olvidar, de no tener presente una cara que  me recordaba otro tiempo feliz. Porque el Otro es caricias, abrazos, besos, olor, palabras, pero es sobre todo su rostro: sus ojos, sus labios, sus risas, sus gestos, su belleza. Y por eso  meto en cajas durante una temporada  esos rostros que no envejecen. Ni ellos ni lo que cuentan. O los meto en archivos alejados del escritorio de mi ordenador. Hasta que se me haga menos insoportable volver a mirarlos.  Cajas y  archivos. En realidad pequeños tesoros que pueda desenterrar alguna vez, si me sobreviene  el horror de sentir que una cara que un día fue importante no aparece  cuando la pienso.

Me conmueve pensar en la emperatriz Zoe de esta forma. Todas las riquezas del imperio bizantino a sus pies, todas sus sedas traídas de países lejanos, los cuidados de sus sirvientes, sus aposentos cubiertos de oro, sus tronos con piedras preciosas incrustadas, sus vestidos exuberantes, sus intrigas de palacio, todo, reducido a un dibujito. Ella allí, vulnerable, tan desnuda como todos lo estamos, ocupada en el detalle de revisar el rostro de su nuevo marido. Delante de lo que, al final, es lo importante, incluso si nos referimos al  poder, de lo que no tiene precio, pero lo tiene todo, de lo que no se compra ni se vende, de lo que está por encima de las cosas y de los bienes, de los paisajes y de las casas, de lo más temido y lo más querido: el Otro. Su mirada, su risa, su voz, su saber, su olor, su aprobación, su recuerdo, su odio.  Su amor.

Hace tiempo que sé que lo que yo entiendo por felicidad no está ni en las cosas ni en mí mismo. Por eso procuro alejarme de mí  y volver de tanto en tanto. Irme a los otros y volver renovado. Podía haber intuido hace mucho que la felicidad estaba en eso, cuando era un adolescente y empezaba a leer con la misma hambre que leo ahora. Cuando me gusta un escritor, leo toda su obra. Así estoy, enfermo de Garcia Marquez, de Cortazar, de Malcom, de Kapunscinski, de Carrère, el último. Espero febrilmente sus nuevas novelas, sus ensayos o artículos y me entristezco y me enfado cuando se mueren. No me limito a leerlos; busco sus fotos, escarbo en sus amores, en sus comentarios más allá de sus obras, en sus ramificaciones. Leo lo que dicen de ellos y lo que ellos dicen que leen. Amigos imposibles, pero cercanos a pesar de todo. Podía haberlo intuido, decía, porque la lectura me daba y me sigue dando memorables instantes de felicidad. Podía haber intuido que la felicidad estaba fuera, en la lectura de un libro, que es una de las mejores  maneras de estar en alguien.  Descansar de mí, de mi voz, de mis ideas, de lo que opino o dejo de opinar y abrirme a Otro, eso es leer. Podía, digo, pero era un adolescente.

Después, en la treintena, seguí un tiempo con mis pequeños onanismos.   Pasé una época de mi vida en la que estaba constantemente pensando en mí, en lo desgraciado o afortunado que era. Unos tardan más que otros en dejar  de ser el niño egoísta que se mira constantemente el ombligo. Cuesta quitarse. Es comprensible, no deja de ser masturbación, aunque sea intelectual, y da placer. A veces   vuelvo a ello, pero muchísimo menos. Aburrido de vivir, pesado, pensaba en las cosas que, por supuesto, solo me pasaban a mí: ¡Oh! ¡Desdichado! ¡Oh, pobre de mí! ¿cómo cambiar? ¿ cómo autoconocerme? ¿cómo autoayudarme? Mis planes, mis proyectos, mis miserias. Yo, yo, yo, yo. Me preguntaba una y otra vez  si era feliz o no lo era, o que iba a ser de mí y de mi vida. Una forma como cualquier otra de ir muriendo.

Todo empezó a cambiar poco a poco. Por muy obvio que parezca lo que voy a decir, a mí me costó un buen puñado de años aprenderlo. No sabría decir cómo pasó, pero si que recuerdo dos momentos.
En uno de ellos pude experimentar algo parecido a lo que Philip Roth cuenta en  Patrimonio respecto a su padre enfermo. Ocurrió en un hospital. Cada noche,  durante unos días, acompañaba al lavabo a mi madre para que se duchara o hiciera sus necesidades. Ella tenía un brazo inmovilizado y andaba medio sedada. Mientras le quitaba la ropa y le daba un suave masaje en la espalda, sentía  una sensación extraña, inconfesable. Tristeza por verla así, enferma, pero a la vez felicidad por estar allí, por estar viviendo eso con ella, por esa oportunidad, yo, su hijo, devolviéndole, aunque solo fuese una parte infinitesimal y ridícula, todos sus años de amor incondicional.
El segundo momento fue unos años antes, cuando alguien muy querido enfermó de cáncer. Nunca hasta entonces me había sentido tan aterrorizado. Nunca antes había sentido lo poco que  importaba yo en ese momento, lo poco que valían mis miserables neuras cotidianas y como me reconfortaba saberlo. Nunca como antes había entendido que la vida para mí estaba en los otros y  que sus muertes serian también como irme muriendo a pedazos.

 No solo han sido los escritores que leo o las experiencias más dolorosas con gente que  quiero, las que me han enseñado a salir de mí. También han habido pequeños retazos cotidianos: escuchar atentamente a alguien que se sienta en mi despacho, atender a mis sobrinos, preguntar a un amigo, mirar a mi mujer, charlar con un desconocido en algún viaje. Ahora que lo pienso y lo escribo, sé que siempre ha sido así, pero la diferencia es que ahora me dejo llevar, pongo los cinco sentidos en ello, y observo como, poco a poco,  el centro deja de ser yo y pasa a ser   ellos de una forma natural. Para alguien tan poco creyente como yo, tan apegado a la ciencia, a los hechos, tan celoso de su soledad y de su espacio, tan orgulloso, ha  significado todo un descubrimiento. Los Otros, todo lo que son, lo que saben, lo que ofrecen, lo que muestran y lo que no, lo que quieren, lo que temen, lo que aman.

He escrito que encuentro la felicidad alejándome de mí, pero eso es solo una parte de una verdad paradójica. Porque mientras más nos acercamos a los otros más nos acercamos a lo que somos. Porque en el rostro de cualquier hombre están todos los rostros del mundo. Como decía Ortega y Gasset “el otro hombre como tal, es decir, no solo su cuerpo y sus gestos, sino su yo y su vida me son normalmente tan realidades como mi propia vida”. Así que cada persona que forma parte de mi universo habla también de mí. Los otros, mis Otros, son también yo.

Cenamos un delicioso bocadillo de pescado fresco en el muelle de Eminönü, en Estambul, antes de partir. Mientras repaso en el móvil las fotos de Santa Sofía y el mosaico de Zoe y su marido, mi alrededor es una fiesta constante de mesas llenas de gente. Dice la Lonely Planet que los turcos no conciben ir a ningún sitio si no van acompañados. Los entiendo. Desde hace tiempo sé que, viajar solo, es un oxímoron. 
 

lunes, 19 de mayo de 2014

APUNTEN

Alaska, 19 de mayo de 2014,

Sí, lo sé, tengo un poco olvidado el blog. Tengo motivos:


Este viernes, 23 de mayo, a las 20h, presento mi libro en la Biblioteca Pública Iu Bohigas, de Salt. Cortesía de mi amiga Anna Vilanova, una de las alma mater de un excelente artefacto cultural: Can Can Cultura. Prometo no dar mucho la chapa (Luce, dixit).


El martes 27 de mayo, a las 9h, doy una charla sobre educación social y ciencia en la Universidad Autónoma de Barcelona para los estudiantes de educación social. Comprenderéis que estas dos cosas juntas, ciencia y educación, me pongan mucho. Estáis invitados, por supuesto. 

Y en teatro, Los Sánchez no paramos: El 6 de junio, a las 21h, volvemos con EDUCADOR SOCIAL EN ALASKA remasterizado y el viernes 20 de junio, también a las 21h: EL AÑO DEL CERDO (las dos en sala Almazen, por supuesto).
Ah! y, pa los peques y sus padres, el espectáculo Xup-Xup, el 30 de mayo, en Massamagrell. 

Si nos vemos en alguno de estos sitios no se olviden de saludar, hombre ya. 


jueves, 3 de abril de 2014

4 IDEAS PARA LA INNOVACIÓN SOCIAL Y UNA FÓRMULA

Alaska,  3 de abril de 2014,

Esta semana les explicaba, a mis alumnos de pedagogía de la UdG, elementos para la innovación educativa, basados en varios aspectos comunes de experiencias educativas exitosas en el mundo. Me di cuenta, preparando la clase, que algunos de esos elementos son perfectamente extrapolables a la educación social.  ¿Innovación? ¡Ejem! Sí, ya sé, está ya muy sobado, y yo siempre voy repartiendo estopa a las moderneces. Pero no voy a poner "repensar los servicios sociales", o algo así, y que no me lea nadie. 
Son cuatro ideas y podrían ser muchas más, para eso estás tú, querido lector. 

1. POTENCIAR LAS CAPACIDADES DE LAS PERSONAS.

La experiencia de Specialisterne, que empieza a implantarse en España, es clarificadora. Specilalisterne es una consultoría que contrata a personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Comprobaron que algunas personas con TEA, TDAH o Asperger, tienen habilidades que les permiten ser profesionales brillantes en tareas que a otros les resultan aburridas o muy complicadas. 
Preside su logo un diente de león con el lema: ¿buena o mala hierba?. ¿Arrancas el diente de león porque no sirve para nada o aprovechas sus posibilidades culinarias o medicinales?. 
Creo que nuestros sistemas están muy enfocados a  factores de riesgo, listados de problemáticas, etc. y el foco no está puesto en el potencial de la persona, que suele estar más oculto.
En este apartado también se incluye la potenciación de los profesionales y de los equipos. Sueldos acordes con la responsabilidad, buenos espacios de trabajo, motivación. Es importante aquí la figura del jefe. Jefes que no se llenen la boca de "innovación" y aparenten ser muy modernos, pero que luego implementen prácticas laborales del siglo pasado. 

2. REDEFINICIÓN DE LOS ESPACIOS


Mira la foto. ¿Qué es?  ? ¿Un gimnasio? ¿Un centro cívico? ¿Un polideportivo?
Es una escuela finlandesa. Y no es el patio. Sí, de acuerdo, los finlandeses tienen pasta y se la gastan en educación. Pero creo que se trata de darle otros usos a los espacios con los que contamos. Hay espacios que promueven la creatividad, el trabajo colaborativo, la difusión de ideas, la relajación, el juego creativo. Levantarse de la silla de vez en cuando es sano, para la mente y para el cuerpo (que se lo pregunten a Steve Jobs y  sus largos paseos, de los que salieron cada uno de sus lindos juguetitos).  Espacios amplios, funcionales, donde se reproduce el efecto máquina de café (vas a un congreso y ¿dónde se habla de lo más interesante?  Networking puro). 
También hay espacios que promueven todo lo contrario. Creo que los espacios donde desarrollamos nuestro trabajo, donde nos coordinamos, etc. suelen ser bastante anti-todo.
Es más una cuestión de filosofía que de dinero. De hecho, la práctica del coworking, profesionales diferentes compartiendo un mismo espacio,  no solo ahorra, sino que crea sinergias (con perdón) entre ellos. 

3. LAS TIC
Pongámonos serios. En general, el gremio no está utilizando las TIC como debiera. Una tablet no es un libro de papel. 
Estaría bien aprovechar las experiencias de algunas de las escuelas más exitosas del mundo. Por ejemplo: 1. la práctica del BYOD (trae tu propio dispositivo) ¿Por qué no aprovechar los propios recursos tecnológicos de las personas a las que atendemos?. 2. Las plataformas 2.0 de algunas escuelas que comparten y elaboran los currículos con la participación del profesorado, los padres y los alumnos (¿cuantas plataformas online tenemos en lo social en las que profesionales, familias y agentes sociales,  participen mediante chats, blogs, etc?), 3. La experiencia de los MOOC, cursos online, masivos y abiertos. (¿cuantos de nuestros usuarios están haciendo formación online, de calidad y gratuita?), ¿y cuantos, en un tiempo de saturación de los servicios,  están siendo atendidos online en temas burocráticos, dejando los espacios presenciales para la intervención de calidad? 

4. FOMENTAR EL ESPÍRITU CRÍTICO
Parece que en el último informe PISA hemos suspendido en las tareas que exigen reflexión, imaginación o creatividad para la resolución de temas cotidianos. Como comentaba para El País Pablo Zoido, analista de la OCDE: “Hace falta una transformación de todo el sistema más acorde con el tipo de competencias actuales. Los mercados laborales demandan pensamiento crítico, creatividad, intuición, trabajo en grupo." Creo que los que trabajamos en lo social tenemos un sesgo crítico que apunta a la la responsabilidad de la sociedad en lo que le pasa a las personas (como tiene que ser, por otra parte) pero no trabajamos tanto la responsabilidad personal de las decisiones individuales que se toman y sus consecuencias. La autonomía de la persona, la reflexión sobre la solución a sus propios problemas. El trabajo en grupo, la búsqueda creativa de soluciones.  
Esto también apela al profesional: la necesidad de cuestionarse, siempre, sus lugares comunes.

Y LA FÓRMULA

Copiada directamente de Victor Küppers, donde V es el valor, es el conocimiento,  h las habilidades y a la actitud. Los conocimientos y las habilidades (la experiencia) suman, pero la actitud es lo que multiplica. Las dos primeras son importantes, sin duda (como dice el propio Krupper, no hay peor jefe que un inútil motivado). Pero lo que marca la diferencia es la actitud. Creo que es una buena fórmula para intentar superar tiempos difíciles. 

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Mañana viernes, representación de Educador social en Alaska (remasterizado), en el Almazen. Sorteamos un libro entre los espectadores y, sobre las 22h, Rafa y yo haremos su presentación oficiosa. ¡Os esperamos!



lunes, 31 de marzo de 2014

ÚLTIMAS NOTICIAS: EL LIBRO (+DVD).


Alaska, 31 de marzo de 2014,

El libro. 174 páginas y un dvd del registro en directo de una de las representaciones de la obra de teatro. 5 etiquetas que indican por donde va la historia de cada artículo: #entrevistas, #tic, #ciencia, #técnicas y #reflexiones, para que el lector no se pierda. En la portada, lila, mi nombre en grandote, en blanco, tanto que  hasta me da un poco de cosa (la gente que no me conoce se confundirá con ese Sera, que viene de Serafín, fijo), y luego, ocupando la mitad de la portada, la foto que le hizo Anna Fonollosa a mi hermano Rafa para la promo de la obra. Un epílogo cortesía de mi amiga Anna Forés. La editorial: Editorial UOC (que me ha publicado gracias, sobre todo, a la confianza en mí de Segundo Moyano). El precio, libro + DVD = 21€.

Que esté Rafa en la portada, en el epílogo y protagonizando el dvd, es una cuestión de justicia. Este libro es siamés. Tanto que, aunque las historias del libro las haya escrito yo, cuando Rafa sube al escenario es mucho más Quique que yo mismo.

A partir de ahora, querido lector, si has cometido la heroicidad de comprarte el libro, de verlo y de leerlo, no te quedes las impresiones para ti. Llevamos años juntos, compartiendo cosas desde este blog, no me seas tímido ahora, después de este matrimonio que dura ya (umm, casi he estado a punto de decirte "la friolera", pero no) seis años. Seis años, mon Dieu!.

Iré informando de las presentaciones del libro. De momento la primera, oficiosa,  será el próximo día 4 de abril, sobre las 22h, en la sala de teatro Almazen (Barcelona, el Raval), después de la representación de Educador social en Alaska (21h). Sortearemos un libro entre los espectadores de la  obra.
Y también sortearemos un libro el 11 de mayo, también en el  Almazen, después de la representación de El año del cerdo. Sí, has acertado, las dos obras en cartel, ahora mismo, de Factoría Los Sánchez.

Sí, ya sé, me repito más que el gazpacho de pepino. 4 de abril, Educador social en Alaska, 11 de mayo El año del cerdo.