jueves, 26 de marzo de 2015

APRENDIENDO A MIRAR

Alaska, 26 de marzo de 2015,

Les digo a mis alumnos de la UdG. para uno de los trabajos que tienen que entregarme, que intenten huir en lo posible del corta y pega de Google y que, sobre todo,  pongan a prueba la mirada. Me interesa ver y leer lo que van descubriendo y que me lo expliquen, si puede ser, a su manera. Están en primero; creo que pueden comenzar a buscar una mirada y una voz propia.
 Hacerse educador social es ver a las personas y las cosas, las caras, los ojos, las ropas, las habitaciones, las calles. Fijarse en los detalles que, antes de ponerse el traje de educador, pasan desapercibidos. Ver, descubrir, interpretar. Hacer visible lo invisible.
Como señala el neurocientífico David Eagleman en su libro Incógnito "el cerebro  tiene que llevar a cabo un ingente  trabajo para interpretar  sin la menor ambigüedad los miles de millones de fotones  que inundan sus ojos". Parece que ver es fácil. Que abrimos los ojos y ¡voilà!: aparece el mundo. Pero no es así. Si tenemos en cuenta la infinidad de detalles que nuestro cerebro decide pasar por alto (aunque nuestros ojos los "vean"), o lo que el propio cerebro se inventa precisamente para corregir la ambigüedad, entendemos que, en cierta manera, toda visión es una ilusión. 

Las personas que, tras décadas de ceguera, recuperan la vista, al principio no pueden ver el mundo. Ven colores y formas, pero el cerebro ha de volver a interpretarlas. Tienen que aprender a ver todo de nuevo.  Al final, creo que  mi trabajo fundamental es ese, enseñar a mis alumnos a mirar. Y, por lo que a mi respecta, estar muy atento a que los años de experiencia y solvencia contrastada no me vuelvan, paradójicamente, más ciego.   


Aquí está  la entrevista radiofónica que le hicieron ayer mismo a mi hermano Rafa en  la  emisora Onda Madrid  acerca de nuestra obra Educador social en Alaska.  Empieza en el minuto 45. Rafa estará todos los viernes de abril en la sala La Nao 8, en pleno centro de Madrid.
Y el 8 de abril representaremos el ESenAlaska en la Universitat de Barcelona, para profes y estudiantes de educación social. Seguiremos informando.

Por cierto, hoy sale a la venta el libro #EdusoHistorias, de mis amigos de Educablog. Participo en el libro con una historia de ficción. Y las ilustraciones corren a cargo de mi amiga Anna Fonollosa. Oséase, triple felicidad.

jueves, 12 de marzo de 2015

EL TEATRO Y LA TÍA DE CUENCA





Alaska, 12 de marzo de 2015,

Una vez Paco Rabal rodaba una escena en la que acababa de matar a alguien. Por lo visto su interpretación era demasiado "intensa" y Buñuel, que lo dirigía, estaba frito. Rabal decía que era normal, su intensidad, que acababa de matar a un hombre, que algo tendría que pensar para hacer su personaje y patatín, patatán. Buñuel le preguntó si tenía alguna tía en algún pueblo. Sí, contestó Rabal, en Cuenca. Pues piense en su tía de Cuenca cada vez que ruede esta escena. 

Albert Boadella cuenta una anécdota cuando estaban representando con Els Joglars el montaje Alias Serrallonga, sobre la vida de un bandolero al que acaban matando en escena. En aquella representación hubo un error con la carga de los trabucos que podía haber sido mortal. Al actor principal le dispararon en la escena cumbre, pero de verdad,  y le perforaron el pulmón. Boadella, que miraba la escena desde el público sin saber qué estaba pasando, manifestaría después que era el día que peor se había muerto el actor. No bromeaba. La cruda realidad, encima de un escenario, no funcionaba tan bien como la realidad teatral.

He pensado en estas dos anécdotas no tanto por lo que significan de diferencias y parecidos entre el cine y el teatro, sino por su categoría de anécdota. Todo, hasta lo más trascendente, tiene su bambalina. Cualquier espectáculo vivo se pasea entre la grandeza, la miseria y sus gradaciones. 
A veces, cuando estoy dirigiendo o escribiendo y  estoy más perdido que Carracuca, pienso en Paco Rabal y su tía de Cuenca y me relajo. O cuando estoy nervioso antes de que salgan las tres actrices al escenario, o directamente acojonado, pienso en el Madrid, y en Cristiano Ronaldo. Si todo un Real Madrid, me digo, con la pasta que invierte, es capaz de cagarla, entonces todos tenemos derecho a fallar. Los nervios no tienen que ver con vosotras, Sonia, Tricia y Ángela. Vosotras estáis fantásticas y yo soy un tío afortunado. Soy yo. Me pasa con el Alaska, cada vez que  Rafa sale al escenario, y la hemos hecho cien mil veces y él la clava como un reloj suizo. Sí, Sonia, ya sé, tengo que fluir más. 

Así estoy, intentando pensar en la tía de Cuenca del gran Paco Rabal, para quitarle un poco de trascendencia a todo. El sábado vienen a ver la obra mis padres y un buen trozo de mi familia. Vienen a Barberà que, junto con Badia, es el lugar donde me  hice un hombre (¡toma ya!, ejem, ¿quién dijo trascendencia?). No hace falta que os cuente lo que eso significa, fijaros en el nombre que le hemos puesto mi hermano y yo a la compañía. Freud se pondría las botas. 

Ha pasado un año desde que estrenamos El año del cerdo en Barcelona y es, en muchos sentidos, como si se cerrara un círculo. Sé que pase lo que pase mi padre se va a levantar al final de la obra y va a lanzar sus ¡BRAVO!, diga lo que diga Freud, con esa voz huracanada que tiene. 

Sí, vale, juego en campo propio, pero  estoy acojonado y feliz. 


El año del cerdo se representa  el sábado en el Teatro Municipal de Barberà del Vallès.
Alaska 2099 se representa este viernes, en la sala de teatro Almazen. (Barcelona) 

Foto: Ensayo de el cerdo en el TMC de Barberà del Vallès. De Tricia. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

NIÑOS INVISIBLES


Alaska, 4 de marzo de 2015,

Estos últimos días he estado con tres mujeres. Cada una me aporta una cosa diferente. Harris, Jensen y Pinker. Científicas. 

La primera, Judith Rich Harris, publicó en 1998  El Mito de la educación, en el que sostiene que la influencia de los padres en el comportamiento de los hijos fuera del hogar familiar es cero. Según Harris, el comportamiento de los hijos es resultado de los genes y de la influencia de los pares. El círculo de amigos, de coetáneos, etc. Las investigaciones más recientes no  han desmentido ese cero contundente.
Dice Harris: "La niñez prepara para la vida adulta, y las personas que tienen éxito no pasan su vida adulta con sus padres. Su futuro es su propia generación (...) los niños no pueden aprender a comportarse correctamente imitando a sus padres. Un niño que se comporte como un adulto parecerá bastante anormal". La de veces que he intentado relajar a algunos padres, culpabilizados por la conducta de su hijo. La de veces que, siguiendo a Harris, les he dicho que su trabajo consiste en darles a sus hijos un hogar seguro, feliz y estable. ¡Que no es poco! Y que se relajen, que no son tan decisivos ni tan determinantes. La de veces que me he preguntado cuantos de nuestros discursos pedagógicos, de nuestros bienintencionados consejos educativos repetidos cientos de veces son inconsistentes. Falsos. Milongas de educador.  

La segunda mujer es Frances E Jensen.  De ella y de cómo funciona el joven cerebro adolescente ya os he hablado en mis dos últimos post. 

Con la tercera, Susan Pinker (hermana de Steven Pinker) y autora de "La paradoja sexual", entré corriendo el lunes en mi clase de Educación Social de la UdG. Mis alumnos me miraban un poco estupefactos mientras les iba soltando un párrafo suyo de aquellos que justifican por si solos que uno se dedique a esto.
Susan hablaba en un artículo del diario Ara  del uso y abuso de la tecnología en las aulas,  pero lo que yo subraye para mi clase era esto:  "Como han demostrado muchas investigaciones, con un único curso a cargo de un buen profesor de secundaria, hay suficiente para que haya muchas menos posibilidades que una alumna quede embarazada y muchas más posibilidades que vaya a la universidad, gane un salario digno, viva en un buen barrio y ahorre para la jubilación". ¡Uala! Un único profesor, excelente, volcado en un alumno.  ¿No es esto un antídoto para los momentos en que uno piensa por qué y para qué se dedica a lo que se dedica? ¿En los que se pregunta para qué sirve, realmente, un educador social?

Quizás nuestro trabajo, cogiendo un poco de Harris, un poco de Jensen y un poco de Pinker, sea, sobretodo,  encontrar a los niños invisibles, los que se van hundiendo poco a poco en su paso por la escuela y el instituto, sin que nadie los rescate. Quizás nuestro trabajo consiste, fundamentalmente, en la búsqueda de ese profesor que clave su mirada en él. Que alguien, un excelente profesional, lo descubra, lo mire, lo cuide, lo proteja y decida que no va a seguir hundiéndose.
Quizás, a veces , nuestro trabajo consistirá en hacer nosotros mismos de profe de secundaria de niños invisibles.

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Mi hermano, hoy, a las 20h, representa Educador social en Alaska en Madrid, en la sala La Nao 8 (estará todos los miércoles de marzo). Si lo ven esta noche por el centro, comiéndose unas porras con chocolate, salúdenlo. Seguro que lo agradecerá. Aunque la haya hecho ya cientos de veces (y esto no es una frase hecha), Rafa, cuando hace el Alaska, está como un niño con zapatos nuevos.

En cuanto a nuestro cerdo (El año del cerdo), después de Barcelona, estaremos en Barberà del Vallès el 14 de marzo. Y el 16 en Igualada, Nos vemos en el teatro, amigos. 


martes, 24 de febrero de 2015

EL JOVEN CEREBRO ADOLESCENTE (y 2)


Cerámica de Patossa.com


Alaska , 24 de febrero de 2015 

Aquí va la segunda parte que os prometí, donde Frances E. Jensen responde a padres preocupados por sus hijos adolescentes.
Pero antes, permitidme una premisa. Siempre que escribo sobre neurociencia, genética, psicología evolutiva o ciencia en general, muchos educadores, en distintos foros,   me recuerdan que la genética no lo es todo, que no estamos totalmente determinados, etc. Es curioso que me lo recuerden, porque la mayoría de los científicos que he leído o con los que he hablado coinciden en eso. Hay bastante consenso científico en considerar que la importancia de los genes, de  la herencia, de lo innato es muy semejante al peso del medio ambiente y la influencia de la educación en el desarrollo de la persona. Es curioso, digo, tanta insistencia en la cuestión, cuando el problema es más bien al revés. Solemos ser nosotros, salvo excepciones, los que tratamos  lo innato como si fuese minucia, como si el ser humano fuese una tabula rasa, como si la educación lo pudiese todo. En este sentido, las letras suelen mostrarse mucho más soberbias que las ciencias, y  mucho menos modestas que ellas, aunque parezca lo contrario.
El ser humano no es una tabula rasa. La genética no lo es todo. La educación tampoco. Conocer más profundamente al ser humano puede ayudar a que nuestras acciones educativas sean más atinadas. De eso se trata. 

Perdón, os dejo con Jensen, segunda parte: 

¿Por qué los adolescentes tienen tan poco interés en hacer los deberes? ¿Cómo puedo motivarle? Según Jensen, "Los cerebros adolescentes tienen más conexiones sinápticas que los adultos, lo que les hace más impresionables, ya que construyen sinapsis y las modifican a medida que aprenden". La plasticidad del cerebro y los estímulos son a la vez un riesgo y una oportunidad. Hoy los adultos, respecto a los adolescentes, competimos con Facebook o los videojuegos, que son infinitamente más divertidos que hacer los deberes. Pero, y aquí la buena noticia: "es un periodo de grandes oportunidades". Durante la adolescencia, esa plasticidad hace que, con una buena atención de los adultos que trabajen  sus fortalezas y sus puntos débiles, se pueda llegar a alcanzar éxito académico, aunque los informes que nos lleguen de primaria sean agoreros.  

¿Y que hacemos con Instagram, Facebook, Whatsapp?
Jansen es contundente al respecto: deberíamos desconectar los teléfonos, las tabletas y otros dispositivos cuando están estudiando. "El cerebro adolescente está hambriento de estímulos. Pero hay una cantidad sin precedentes en el mundo actual, quizá más que nunca. Como los adolescentes no tienen acceso a sus lóbulos frontales, utilizar su juicio para decir: -Ya he tenido suficiente-, sigue siendo una debilidad para ellos ". Pueden hacer varias tareas a la vez mejor que los adultos, cierto, pero la distracción excesiva dificulta su aprendizaje.  

¿Y el consumo de drogas?
Jensen pide mostrarse alerta. "Los adolescentes están preparados para aprender rápido, pero la adicción es en realidad una forma de aprendizaje". La misma cantidad de drogas o de alcohol tiene un efecto mucho mayor que en los adultos.  Algunos consumos, dice Jensen , pueden provocar cambios en la química del cerebro, de la misma forma que los provocan el aprendizaje académico o los entornos favorables.

¿Qué efecto tienen los videojuegos sobre el cerebro adolescente? "Los videojuegos y los juegos de azar usan los mismos circuitos de recompensa que cualquier otra adicción".  El cerebro juvenil "reacciona con más fuerza al estrés que el cerebro adulto". Un buen consejo para educadores: ayudar a los jóvenes a poner en perspectiva lo que ven y hacen en los videojuegos y estar atentos si dejan de interactuar con personas reales por centrarse en los videojuegos (en este sentido, dentro de poco les contaré una excelente propuesta educativa de un alumno de la UdG, donde se aprovecha la pasión por un  videojuego para crear  vínculos reales entre los participantes).

¿Y por qué tienen comportamientos raros, como no abrigarse cuando hace frío? No planifican. Sus prioridades a veces no tienen que ver con el sentido común. "Los adolescentes harán cosas estrafalarias para agradar a sus pares, aunque eso signifique empaparse".


Y, para terminar, una pregunta que nos interpela ¿Cómo puedo cuidar de la salud mental de mi hijo? Jensen nos da un consejo: Esté conectado con él. "Cuando los adolescentes parecen estar socialmente aislados o ganar o perder mucho peso, o dejan de preocuparse por sí mismos, los padres tienen que ser conscientes, ya que esto podría ser la primera señal de un problema más profundo". En estas edades, si tienen una incipiente enfermedad mental, no todos sus pares estarán tan bien equipados para ser comprensivos como lo estarían los adultos, porque no tienen tan desarrolladas las habilidades empáticas. O sea que, por irónico que parezca, aunque los adolescentes no quieren hablarnos, necesitan volverse independientes y solo quieren estar con sus amigos,  ante problemas importantes pueden encontrar más empatía en los adultos que en sus iguales. La cuestión, querido lector, parece que consiste en estar siempre ahí. 

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#teatro @factoriasanchez 
Este sábado, a las 18h, última oportunidad para ver El año del cerdo en Barcelona, Sala Porta 4

Y a partir de marzo, estaremos todos los miércoles en Madrid, con Educador social en Alaska, en La Nao 8. Pero eso os lo cuento otro día.  

viernes, 20 de febrero de 2015

EL JOVEN CEREBRO ADOLESCENTE (1)


 Cerámica de Patossa. 

Alaska, 19 de febrero de 2015,

“Esperamos un poco más de los adolescentes de lo que deberíamos, teniendo en cuenta en qué etapa está su cerebroFrances E Jensen.

"A los 11 años podía decir: "soy sodio" (elemento  11), y cuando tuve 79 años, fui oro". Oliver Sacks.

Estábamos educadores y trabajadores sociales en supervisión, diciendo algo así como que los institutos y las escuelas se habían vuelto locos derivando chavales a mansalva. Chavales cabreados, malhablados, violentos, absentistas, vagos, despistados. Yo, que a veces soy más chulo que un ocho, comenté que eso me parecía un éxito. No que hubiera tanto adolescente apajarado, sino que nos derivaran casos. Eso quiere decir que confían en tu trabajo y te necesitan. Te permite situarte como conocedor del tema, tomar decisiones y que no te digan lo que tienes o no tienes que hacer, motivo de queja secular de los educadores sociales, pobrecicos.

La cuestión es que por los mismos dias había leído un artículo sobre Frances E Jensen, neuróloga de la Universidad de Pensilvania y autora de The Teenage Brain, una investigación  sobre los procesos mentales de los adolescentes. Jensen tenía motivos para  investigar: sus propios hijos adolescentes habían empezado a mangonearla.
El artículo, de The Guardian*, recoge las respuestas de Jensen a padres desesperados y refleja su convicción de que saber lo que ocurre en un cerebro adolescente hace más fácil la convivencia con ellos. La ciencia, amigos.

Los padres le preguntaban cosas universales, como: ¿Por qué mi hijo adolescente es tan desordenado?. Por la mielina, señora, responde, más o menos , Jensen. La mielina es una sustancia que protege las conexiones cerebrales (sinapsis) y que se crea con el tiempo. Las últimas áreas del cerebro que se conectan son las cortezas frontal y prefrontal, donde se controla el entendimiento y la asunción de riesgos. O sea que, relajémonos, los adolescentes, sus cerebros, no tienen como prioridad colgar su toalla en el baño o recoger sus calzoncillos de debajo de la cama.

Por cierto, la semana pasada, hablando con una adolescente ESO, por lo demás encantadora y excelente estudiante, me comentó que nunca se haría profesora, porque “todos odiamos a los profes”.  ¿Todos? ¿Odio?  Oh mon dieu! Por suerte Jensen acudió en mi  ayuda: “La conducta de asunción de riesgos e impulsividad que exhiben, porque no tienen un acceso pleno a sus lóbulos frontales, puede provocar cambios de humor y alimentar el conflicto y la rabia. Los adultos pueden responder ellos mismos a esta conducta enfadándose”. Así que, relajémonos de nuevo. Podemos entender mejor qué pasa por sus cabezas y ser más pacientes, en vez de ponernos a su altura.

¿Y por qué no quieren irse nunca a dormir y no hay manera de que se levanten de la cama? Según Jensen, por una cuestión biológica. “El reloj circadiano les està programando para que se vayan a dormir y se levanten entre tres y cuatro horas después que los adultos. Esto es un problema, ya que se les priva relativamente del sueño cuando los levantas a las 8 de la mañana. Es algo en lo que deberíamos pensar como sociedad y en los sistemas educativos, ya que la privación crónica del sueño no ayuda ciertamente a los adolescentes en su consolidación de la memoria y el aprendizaje”.

¿Por qué no quieren hacer los deberes? ¿Cómo motivarle para que estudie? ¿Debo preocuparme si bebe o se droga? ¿Por qué está tan enganchado al móvil? Por qué no se abrigan cuando hace frío? ¿Cómo puedo cuidar su salud mental?

 ¿Quieren saber? El miércoles de la semana que viene les escribo la segunda parte.. 

PD: Para que luego digan que la ciencia y la educación social no tienen ná que ver.

(*) Traducción del artículo de The Guardian por Verónica Puertollano.


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A nuestra obra de teatro, El año del cerdo, le quedan dos sábados de febrero, a las 18h,  para despedirse de Porta 4. Y luego, el 14 de marzo, nos vamos a Barberà del Valles.  Va de relaciones familiares, de genes, de amistad, de amor, de libros. No se la pierdan.