miércoles, 25 de julio de 2012

UN VERANO EN EL RAVAL (2)

Alaska, 25 de julio de 2012,

La piscina. Cuenta Phelps, el nadador, que  en su juventud la piscina le ayudaba a superar miedos y también le ofrecía un espacio  donde descargar su hiperactividad. Su geometría, sus lineas, sus calles. Un rectángulo seguro, un mundo ordenado frente al caos particular que reinaba fuera. 

Si se vive en el Raval, lo primero que debe hacerse es buscar sus piscinas. Lugares donde ponerse a salvo de la marabunta de gente y de cosas que pasan. 
El patio interior del CCCB, Pati de les Dones, es una de esas piscinas. Un lugar de lineas perfectas, limpio, ordenado, amplio, casi siempre semivacío a no ser que se celebre algo, y que siempre conduce a un sitio interesante. Todo lo contrario de su  vecino, el patio del MACBA, un solar tomado por los skaters, ruidoso, irregular, sin más personalidad que la que  le dan el museo y sus patinadores. Si el patio del MACBA es el sinónimo del Raval, el del CCCB es su antítesis ilustrada.

Vale la pena entrar en el Pati de les Dones en un día soleado y emerger en uno de sus laterales, frente a la fantástica vidriera, admirando el mar y el cielo de sus reflejos. Sentarse y respirar. Y luego, ya secos, seguir sumergiéndose, bucear hasta el sótano, un espacio de exposiciones para recorrer despacio y en silencio.  

El CCCB ocupa el lugar de la antigua Casa de la Caridad, de finales del siglo XVIII. No sé si los que le pusieron el nombre actual quisieron hacer un guiño a la antigua ocupación del edificio, pero el caso es que la ce domina en el CCCB. Interesante para uno de los lugares más creative crommons de la ciudad. Un Centro de Civilización y Calma en la calle Montalegre, número cinco, como no podía ser de otra manera. 

El CCCB es la gran piscina del Raval. Un lugar para protegerse un instante del griterío, los coches, las prisas, los niños, el trapicheo, las tiendas, los bares, las bicis, los perros, la fealdad. Un sitio donde mojarse.

Un lugar a proteger.