jueves, 14 de marzo de 2013

CARTAS A UN JOVEN ESTUDIANTE.

Alaska, 14 de marzo de 2013,

 Querido X,

Es halagador que hayas pensado en mí para discutir sobre algunos temas. Pero te aviso, esto no va a ser una correspondencia entre iguales. Vamos a dejar la modestia aparte. Seguramente, respecto a la educación social, yo te llevaré una importante ventaja. No es porque yo lo diga, ni porque sea más viejo, aunque un poco sí.  Acumulo más estudio y experiencia que tú, eso es todo. Ya sé que estás pensando que eso tampoco es garantía de nada, y tienes toda la razón.  En todo caso no te lo digo para intimidarte. La base del aprendizaje de cualquier cosa es reconocer nuestra propia ignorancia. Quizás no me creas, pero con la edad callo, escucho y apunto más que nunca. Me doy cuenta también, mucho más que cuando era joven e omnipotente, de lo mucho que no sé. Pero no soy tan estúpido para no reconocer que sobre la educación social sé bastante. 

 Oirás muchas veces, especialmente en esta profesión, que no hay profesores y alumnos, que todos somos iguales, que todo el mundo sabe de todo, que no hay uno que sabe y otros que no, bla, bla, bla. Bobadas. Ya te he comentado alguna vez que una de las cosas que más me irritan de estos tiempos líquidos es asistir a algún curso o charla donde el ponente lo primero que te suelta es que él no va a explicar nada, que todo lo vamos a hacer entre todos, en grupitos, mientras la gente ríe alborozada porque no va a tener que hacer algo tan fastidioso como escuchar. ¡Vaya timo!. O esas otras charlas donde el conferenciante lo único que hace es pasar su powerpoint, o su prezi, o sus últimos hallazgos en youtube,  que le ahorran de tener que explicar algo de su propia cosecha (a lo mejor porque no hay nada que explicar). Imágenes sin descanso, no vaya a a ser que con tanta seriedad se nos vaya a aburrir el auditorio. Una manera como cualquier otra de infantilizarnos. Oirás, no olvides que en esta profesión hay mucho moderno, como se defenestra la charla magistral, o de que la figura misma del profesor es obsoleta. Como si google o la wikipedia fueran algo sin mediadores.
Te lo dirán, eso sí, sin derecho a réplica. Porque claro, su saber democrático y procomún  lo es hasta que alguien osa discutirles. Apunta esto: lo que me molesta de algunos no es su posible beligerancia, en absoluto. Al contrario, me gusta darme de tortas. Me molestan mucho más los buenrollistas que rehuyen cualquier debate, porque el único argumento que tienen es el de la modernidad o el de la multitud que les aplaude. 

Oirás todo eso y yo seguiré diciéndote que si voy a una conferencia de Steven Pinker quiero oírle a él y no al auditorio. Y también te seguiré explicando aquella primera vez que me apasioné por el género periodístico porque un profesor, en una clase magistral (en todos los sentidos), es decir, un bla, bla, bla sin colorantes ni conservantes,  supo enamorarme. Era un fabulador prodigioso, un encantador de palabras. Un profesor excelente. 
Todo esto no significa que no haya formas nuevas de transmitir conocimiento. Sé que me estás mirando preocupado. No me he vuelto loco: el prezi, el youtube, el twitter, todos esos juguetitos me siguen flipando.  Disfruto con el trabajo en grupo, ya lo sabes. Y me apasiona todo lo que huela a 2.0. Por eso mismo: hay que estar atentos al timo envuelto en modernidad más que nunca. Simplemente eso.  Significa también que tengas (tengamos) cuidado antes de enterrar lo viejo solo porque es viejo y vanagloriar lo nuevo solo porque es nuevo. Y viceversa.  

Dicho esto, en este oficio, como en todos, hay vacas sagradas y corrientes intelectuales. Hay luchas descarnadas por mantener el propio estatus, profesional e intelectual. Esto no tiene porqué ser malo. Una vaca sagrada suele serlo (no siempre, pero muchas veces sí) porque es alguien que ha estudiado mucho, casi siempre más que los demás,  y sabe demostrar lo que explica. El problema es cuando la vaca sagrada , o el que lo representa, pone su nombre por delante de sus argumentos. Ahí si que tienes que ser implacable. Ahí es donde apelaré, como hemos comentado en alguna ocasión, a tu espíritu crítico. Ya sé que no te gusta, que cuando te nombro a la ciencia se te ponen los pelos de punta,  pero cuando te hablo de pensar y actuar científicamente estoy hablando de eso, de que no hay argumento de autoridad que valga. Cuando tengas mejores argumentos, refrendados en  hechos,  datos, en el saber, no tengas dudas en exponerlos. Por mucha vaca sagrada que tengas delante. Y si no los tienes, pero sospechas que estás delante de una impostura, aguarda tu momento. Hoy para rebatir siempre se está a tiempo. 
Ten una actitud escéptica, pero mantente atento al aprendizaje de cosas que cuestionen tus verdades inmutables.  No es lo mismo que ser desconfiado (aunque que lo seas un poco, siempre que eso no te impida aprender, no tiene porque ser tan malo). No cortes y pegues todo lo que dicen las redes sociales sin preguntarte antes si lo que dicen es cierto.  
Cuestiona lo que yo te diga porque no hay nadie infalible. Seguramente alguna vez habré disfrazado con mejor retórica que la tuya mi propia ignorancia. Cuando me pilles en eso sé implacable y lánzate a mi cuello.

Recuerda que las ideas están para discutirlas. Recuerda que puede haber más de una verdad, pero que hay verdades más verdades que otras. A veces hay grises, pero también blancos y negros. No todo es relativo. Recuerda que la discusión a muerte sobre las ideas es lo que preserva a la persona. Porque lo respetable siempre son las personas, pero sus ideas pueden no serlo. Huye de esa máxima que dice que "no hay que intentar convencer al otro". La esgrimen los que no quieren que nadie ose discutirles "su verdad", aunque lo que se les ofrezca sea diez mil veces mejor verdad que la suya. El consenso está bien, pero no es Dios. En la discusión, en la refriega intelectual aprenderás mucho más. Quizás no cambiemos casi nunca nuestras ideas iniciales pero, si escuchamos bien, algo de lo que aporta el otro siempre nos hará dudar, algo habremos sumado a nuestra propuesta. Algo habremos crecido. 

Recuerda que todo esto que te he dicho en esta primera carta que te envío, desde la a a la z, es discutible.

Un abrazo.



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2 comentarios:

Cosme dijo...

Excelente, necesitamos profesores y personas de las que aprender. Atentamente.

Iñigo Mtz. de Mandojana dijo...

Exquisito Sera una vez más. Subscribo el 100%. un abarzo