lunes, 21 de julio de 2008

EDUCADOR DE VERANO (parte 4): Libros para no llevarse a la playa

Mientras hablo con su madre, Kevin, de 8 años, sale y entra del despacho. Se para, parece decidido a dibujar en la hoja que le he dado, pero arremete otra vez contra su madre y le pega una patada. Ella me mira, derrotada. Hace lo que puede, igual que yo, o que el psicólogo del niño.

En el siglo XIX, Phineas Gage estaba trabajando en el ferrocarril. Utilizaba un pincho de un metro de largo para apisonar pólvora en un agujero, cuando un accidente hizo prender la pólvora. El pincho le entró a toda velocidad por el pómulo, atravesó su cerebro y salió por la parte superior del cráneo. Lo milagroso no es que Phineas Gage sobreviviera al accidente con todas sus facultades intactas, sino lo que sucedió después.
Phineas Gage era un hombre educado y trabajador, pero después de que el hierro le atravesara el cerebro (para ser exactos, la corteza prefrontal ventromedial) pasó a ser un hombre holgazán y maleducado. Como decían los que le conocían, "Gage ya no era Gage".
La experiencia del trabajador del ferrocarril dio pistas a la neurociencia cognitiva para intentar demostrar que lo que conocemos como el "yo" es sólo una red de sistemas cerebrales.


Miro a Kevin, que se ha tomado una tregua. ¿Cuanto de innato y cuanto de aprendido hay en su conducta? Bajo una cierta omnipotencia de la educación y la psicología ¿cuantas veces habremos señalado, injustamente, a unos padres como responsables de la conducta de un menor? Si reconocemos que la conducta tiene que ver con lo innato y con lo aprendido ¿cuanto de madre, y cuanto de genes hay en la agresividad de Kevin? ¿O es lo mismo?
¿Cuanto puede la educación?


Nada, nada, que estoy leyendo "La tabla Rasa", de Steven Pinker. Un libro con un subtítulo que interpela directamente a cualquier educador: "La negación moderna de la naturaleza humana".


Alaska, 21 de julio de 2008

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Dificil tema y muy interesante soy profesor de secundaria y, a veces también me lo pregunto.
Felicidades por tu blog

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Tengamos esperanza en que el esfuerzo sirva para algo...

lucce dijo...

Piagetistas versus Vigotskianos, Quique, menudo combate... Ufff...

Yo apuesto por el segundo. Soy de los que creen mucho más en la importancia del contexto, el cual, en mi humilde opinión, es capaz de modificar, en muchas ocasiones (no siempre), esas conductas innatas.

Quizá peque de ser un poco simple.

Saludos!!

PD: qué calor debe hacer en Alaska, ¿no? Según me cuentan los familiares míos que residen allí... Suerte.

Sr. Walterson dijo...

Pues si la historia de Gage te hace dudar, que no te pase nada cuando llegues al capítulo 19, dedicado íntegramente a la educación y su efecto (o ausencia de) sobre la personalidad. Porque cada vez menos se trata de lo que uno 'cree', como dice lucce, sino de lo que en realidad es. Y parece que a la vista de la evidencia van quedando muy pocas dudas...

En cualquier caso, una lectura muy bien escogida, que yo me atrevería a decir que a mí me cambió la forma de ver el mundo cuando cayó en mis manos, hará tres o cuatro años.

Y claro, que muy bueno el blog, de un silencioso lector captado de Can Espada...

Yolanda dijo...

Hola Quique!
Mi tendencia es a escuchar y a leer en silencio, pero tu post me ha hecho recordar una reflexión que yo hago algunas veces... En mi humilde opinión, la educación es un medio, no un fin. Permite dotar a cada persona de las herramientas necesarias para vivir. Creo que la clave para mirar, no es la psicobiológica o el contexto ambiental-cultural... Creo que la clave es la persona. Educo personas, y cada persona es única e irrepetible y se desarrolla en un contexto concreto... Intento dar respuesta a las necesidades o a las circunstancias vitales de las personas, más allá de su predisposición o condicionamiento psicobiólogico, o más allá de sus circunstancias ambientales... Aplicar una teoria siempre como válida es invalidar la capacidad de transformación y crecimiento de cada persona, y de ésta en relación con los demás.
La educación puede lo que puede la capacidad de las personas "para ser" más allá de cualquier dificultad o circusntancia.

Un beso chico

Yolanda

Pd: Siento el exceso de palabras...

Juan A. Pérez dijo...

¿Cuanto de innato y cuanto de aprendido? Este es uno de los debates ideológicos (disfrazados de ciencia)más importantes desde el triunfo del Higienismo como ideolgía de control social. No dudo que pueda haber casos donde los genes puedan determinar las pautas de comportamiento pero creo que en general lo que realmente condiciona las pautas de comportamiento tiene que ver con la cultura, con la educación, con la afectividad y el contexto socio-cultural.

Un saludo Quique.

Anónimo dijo...

Mi humilde opinión es que si Kevin hubiése nacido y vivido en un entorno saludable, es muy improbable que andase pegando patadas... Pero reconozcamos que hay muchos chavales que nacen en entornos insanos, resisten a ellos y no pegan a nadie sin que haya una justificación razonable...

Digamos que tal vez el organismo de Kevin es más vulnerable, y necesita de menos factores negativos para "ir de malas".

De ahí a decir que los chavales son "como los Pimientos del Padrón" (en palabras del presidente de una fundación dedicada a los trastornos de conducta en menores), va un paso gigantesco.

...No sé si me explico.
Un abrazo! Santi

Anónimo dijo...

Si la genética es más o menos el 50% de la personalidad tiene que influir más de lo que nos gustaría. No podemos ignorarlo. La cuestión es que ya se están descubriendo genes que influyen en un comportamiento determinado. La cuestión es que tendremos que trabajar mano a mano con esta realidad y reconocer que también la genética tiene mucho que decir.

Un beso quique

Ginebra dijo...

Em... sí, pero todas esas discusiones sobre genética versus entorno no ayudan nada a la madre de Kevin, que milagro será que no le tire un día por la ventana o se vuelva adicta a cualquier cosa (porque quitaron los optalidones del mercado que si no...)

Anónimo dijo...

El tema de la prevalencia de la biologia o de la cultura en la conducta humana es un debate inacabado, y de un tamaño tan inmenso que creo que aun tardará dos generaciones en resolverse. Si puedo resumir mi opinión es que tando como de aspectos biológicos como culturales, tenemos MAS de lo que pensamos. Lo que me fastidian son las posiciones radicales: todo biologia; todo cultural. Hay movimientos muy enraizados en esas posturas (el feminismo por ejemplo creo que da una importancia vital a lo cultural, obviando la parte biológica del ser humano). Por otro lado a veces me pregunto ¿¿ha sido la biología humana, lo que realmente ha condicionado la cultura?? somos lo que somos culturalmente porque se trata de nuestra adaptacion biológica a cada medio y a aprovechar al maximo nuestro recuros y capacidades reproductivas???

Creo que la antropología debe ser estudiada con ´mas profundidad para aproximarnos a la resolución de este tema.


Saludos desde un centro de servicios sociales y gestió de proyectos concertado de Asturias.

Nacho

Quique dijo...

Saludos a todos/as.
Interesante debate. Sea como sea, creo que los modelos socioeducativos no podrán seguir obviando la biología, ni viceversa.
Espero tenerlo un poco más claro cuando acabe con Pinker.
...respecto a Kevin, continuará...

CRISTINA dijo...

Vaya tema...eterna discusión. La Ciencia (más despreciada cuanto menos se sabe de ella), nos va enseñando y aclarando, pero queda mucho por hacer.

Los que se basan en "lo biológico y lo genético" me asustan a veces. Sobre todo cuando empiezan a hablar de las mujeres y los roles que siguen y demás...
Y los que argumentan que "las capacidades, las personas, la posibilidad de todo en un individuo..." me resultan tan naïf, tan incapaces de asumir la triste realidad de la incapacidad innata de tantos, quizás de uno mismo...

Para una noche de verano, aunque no esté en la playa, esto no puede ser bueno...

Besos

elshowdefusa dijo...

Qué interesante, Quique.

Angelica dijo...

Estoy viendo los comentarios y no dejo de flipar. Genes, teorías psico y nuevos viejos nombres para comportamientos que se ven como 'transtornos'. Admitámoslo, no será que queremos mantener nuestro empleo... porque hasta ahora el chaval sigue dando patadas.
Igual es como mi primillo, de culo inquieto, pero en vez de patadas da botes encima de la pelota de pilates de su madre. En fin,no es por reirme, es por darle un toque de realismo al asunto. Un saludo, quique y gracias por la entrada.

nikon dijo...

Hola, acabo de aterrizar en este blog y me ha enganchado toda la tarde, je, je. Soy maestra y estudiante de psicología y este tema siempre me ha apasionado, quizá porque se utiliza muchas veces para justificar, explicar o, tal vez, no reconocer la incapacidad de resolver un problema de forma inmediata o de poder simplificarlo tal y como nos gustaría. Me refiero a los comentarios entre profesionales del tipo: “este niño no da más de sí, no intentes cambiarlo” o “viniendo de esa familia, ¿qué podemos esperar?”, cuando a veces se trata no de que el niño no da más de sí (nunca un ser humano deja de “dar de sí”, sino de la libre voluntad de dicho a niño a no querer dar más de sí en la dirección que nosotros le imponemos, por ejemplo; no quiere decir esto que debamos proponernos enseñarle a un niño de Infantil ecuaciones de 2º grado, no sé si me hago entender); tampoco en muchas ocasiones nos vale el hecho de que provenga de tal o cual familia, pues todos conocemos casos de hermanos que tienen formas de ser muy dispares y provienen del mismo entorno (y de los mismos genes, dicho sea de paso). Con lo cual, la imprevisibilidad del ser humano y la dificultad de ejercer una ingeniería social perfecta no la debemos achacar siempre a la personalidad del individuo (innata o adquirida) sino al contexto actual, único e irrepetible en el cual confluyen muchos factores, muy difíciles de prever en su totalidad. No quisiera dar la impresión de no ser previsora o indisciplinada, pero en profesiones como las nuestras, la improvisación es todo un arte; a veces nos sale bien y otras no tanto; a veces vemos resultados y a veces nos desesperamos, pero es que no estamos tratando con tuercas, sino con seres igual de capaces que nosotros de tomar sus propias decisiones. En esto estoy de acuerdo con Yolanda: a pesar de las limitaciones que cada individuo pueda tener en tal o cual campo, no se trata de comparar individuos (que si éste tiene el lóbulo occipital más desarrollado o que si éste otro está educado en casa con refinamiento y “savoir faire”, puaf), sino de tratarlos en su globalidad y darles más opciones (siempre individualizadas y después de haberles escuchado a ellos, de tratarlos como personas y no como números de expediente) que les puedan servir de ayuda en el futuro y que ellos escogerán o decidirán olvidar en función de las cartas que decidan jugar. Creo que me he enrollado en exceso, lo siento.

Un saludo

Quique dijo...

Saludos a todos/as. Por cierto sr. walterson, el capítulo 19 deja poco margen de maniobra para los padres pero mucho para los educadores,¿no? , porque parece que, finalmente, en el desarrollo tienen que ver más el espacio no compartido (grupos de iguales, por ejemplo) que a los padres. Parece que los niños, efectivametne, se parecen más a su tiempo que a sus padres.
Hola nikon. Creo que estamos de acuerdo. Sólo un matiz. Conocer más de la naturaleza del ser humano, puede ser una ventaja,no siempre debe pensarse en el mal uso del conocimiento.
Un saludo.

nikon dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Además de ser un tema esencial para comprender el funcionamiento del cerebro, constituye también una forma de explicar y predecir ciertas conductas. Sobre el particular, es interesante lo que dice Damasio Alonso respecto a la generación de la violencia(citado a su vez en el libro "El alma está en el cerebro" de Eduardo Punset - Cap. 10): "No podemos hablar de este tema tomando en cuenta un solo factor o una sola causa. No podemos hablar únicamente de la cultura o una sociedad, o de un fallo en la educación, o de un fallo en el cerebro, o de los genes o accidentes y daños cerebrales. Realmente, tenemos que pensar en la violencia como un resultado que se produce en circunstancias específicas, en un contexto dado, en individuos que tienen cierto historial de desarrollo, y en individuos que también tienen una larga historia evolutiva tras de sí".