jueves, 7 de agosto de 2008

EDUCADOR DE VERANO (parte 8): Historias para no dormir

Vuelven las historias de inmigrantes. Ahora dicen algunos alaskeños que además de pagarles los pisos, las medicinas y los libros, los servicios sociales les pagamos la piscina. Cosas del verano.
Hace poco, almorzando solo, porque Teresiña había pedido un día personal, leí una crónica sobre libros en El País que abría con el titular: "La ficción literaria ilumina Ruanda". De fondo, el genocidio de 1994. El libro en cuestión era "El pasado ante sí mismo", una novela sobre el genocidio, escrita por el ruandés Gilbert Gatore, elogiada por la crítica francesa y llamada a ser un nuevo best seller.

Pero veamos lo que dice el escritor de su novela: "¿Por qué un buen día se agarra un machete para matar a unos vecinos de otra etnia pero con los que se vivía en armonía?", se pregunta. "Sólo la ficción puede dar una respuesta", contesta. "Hay que inventar la verdad para que por fin brote".
Tremendo. Así se escribe la historia hoy día, con ficciones. Porque una novela quizás pueda iluminar una verdad, a cambio de que no se la invente del todo, claro. Lástima que el escritor, en vez de buscar "su" verdad utilizando la imaginación, (verdad que miles de lectores estarán dispuestos a sancionar como la oficial) no se molestara en leer, por ejemplo, a Gourevitch y su estupendo reportaje "Le informamos de que mañana seremos asesinados junto con nuestras familias", o ya puesto a buscar respuestas, dar una ojeada a "Una temporada de machetes" de Jean Hatzfeld, hecho con escalofriantes entrevistas a los asesinos de los tutsis. Pero todos sabemos porqué Gatore no los menciona. Porque en el libro de Hatzfeld no hay romanticismos, ni perdones, ni elucubraciones, ni mentiras, ni imaginación, ni tan sólo respuestas. En fin, todo eso que contiene una novela.
Son sólo machetes cortando carne humana en horario de oficina.

En fin, al hilo de todo esto, se me ocurre que en Alaska tenemos grandes novelistas en ciernes.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo hace tiempo que dejé de leer novelas por lo mismo. Ahora leo el Lecturas, jajaja.
Interesante como siempre

Un beso Quique

Anónimo dijo...

He leido el libro de Gourevitz y de Hatzfeld, recomendados por vos, impresionantes, la verdad supera a toda posible imaginación que por supuesto no hace aflorar más que eso, imaginación.
Me he acordado de una frase de una peli de Woody Allen: ella le dice: estoy embarazada, él contesta: no exageres..
Un saludo
Rafa

Craso dijo...

El mundo se ha vuelto loco! Saluditos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Tienes razón. En nuestros días hay demasiada tendencia a verlo todo desde la ficción para no enfrentarnos a la realidad.

DianNa_ dijo...

Yo a veces dudo de todo, bueno, casi siempre :)

Saludos

txoni dijo...

Quique no entiendo el comentario de inicio y por comentarios similares la gente suele decir: "yo no era racista son ellos los que me hacen serlo". Me he encontrado con mamas en el cole de mis hijos que decían que la asistente social les había dicho que sus hijos no tienen beca de comedor porque hay muchos inmigrantes, o le habían negado las plaza en el colegio porque las plazas que quedaban son para los ecuatorianos de la zona.
Hace falta educar antes a la gente de la calle y hablarles de la segregación y demás `porque sino estas respuestas la gente de la calle las entiende como un robo : "vienen de fuera y me quitan lo que me corresponde a mi... Aclarar que soy estudiante de primero de educación social y carezco de experiencia pero me gusta mucho este blog. Saludos

Quique dijo...

Hola Txoni, añado una frase al comentario,porque tienes razón que puede dar lugar a dudas. Si lees post anteriores te darás cuenta que lo que me refiero son a historias que cuenta la gente, tipo : "a los inmigrantes se les paga todo". Por eso me refería a que en Alaska hay muchos "novelistas". Se entiende si se han leido post anteriores.

Gracias por el comentario

Quique dijo...

"dicen algunos alaskeños" es la frase añadida. Creo que así se entiende mejor el párrafo. Gracias Txoni.
Saludos Rafa, craso, pedro y dianna

txoni dijo...

Vale, gracias por la aclaración,yo lo dí por supuesto pero no conseguía entender bien tu post

Edda dijo...

Gracias Quique, tomaré nota de tu recomendación de Jean Hatzfeld. Cuando cayó en mis manos "El lenguaje de los huesos" de Clea Koff, no entendí por qué no se hablaba de ese libro en los medios, ni por qué no encontraba ninguna reseña que hablase de él, es un libro que ha pasado totalmente desapercibido y ahora, leyéndote entiendo el motivo. Clea Koff es una antropóloga enviada por el tribunal de La Haya para investigar cómo, por qué y de qué manera volaban los machetes en Ruanda, en Bosnia, Croacia y Kosovo. Un libro tan real como escalofriante.