jueves, 21 de julio de 2011

CON LOS CINCO SENTIDOS (3). TACTOS

Continuo con la recuperación de los post sobre los sentidos. Este iba  de tactos.


Alaska, 10 de mayo de 2009,

Este ejercicio sobre los sentidos me está dejando literalmente sin palabras. Es lógico, el cuerpo va a lo suyo, siente y se emociona casi sin permiso. Me obliga a un ejercicio de introspección al que no estoy acostumbrado; yo, pensándome en el trabajo. Supongo que la obra de arte total sería aquella que se pudiera a la vez ver, oír, oler, saborear y tocar. Han habido intentos, puros juegos de artificio. Lógico, esa performance ya está inventada: es la vida.

La piel. Una vez, en el despacho, vi como una madre calmaba a su crío que estaba en pleno ataque de histeria. Lo hizo de la única manera que podía hacerse. Un abrazo que era a la vez contención y era cariño. Lo tuvo apretado contra ella hasta que los aspavientos, la rabia, las patadas y las babas se acabaron. Quizás no era la mejor madre del mundo, pero demostró tener habilidades dificiles de aprender.
En otra ocasión un padre y su hijo se abrazaron, a petición mía, en medio de una disputa, porque a veces intentando racionalizarlo todo acabas por inventarte razones que no existen. Aunque pensándolo bien, hay abrazos que están cargados de razones y de palabras mudas.

Yo, en lo público, soy poco sobón. En mi familia el amor ha sido cosa de palabra y gestos. Tengo la impresión de que la infancia se acaba cuando ya no quieres que tus padres te den la mano por la calle.
De todas formas, me he reconciliado con ese defectillo mio. A falta de capacidad y soltura para tocar a la gente, lo he susbtituido por el simbolismo. Cuando alguien llora en una entrevista, por ejemplo, le tiendo los kleenex con suavidad y guardo un silencio cómplice. Es mi manera de empatizar. Yo creo que la mayoría agradece la sobriedad y calidez de ese gesto. También están los emails, que suelen acabar con abrazos o besos a gente con la que nunca te abrazarás ni te besarás, pero que hacen que las palabras rocen al interlocutor, sin tocarlo.

Con los años, sin embargo, he aprendido a apreciar a los que saben acompañar la conversación con un ligero apretón de su mano en tu antebrazo, que significa cercanía, o sobre tus hombros, que suele significar amistad o reconocimiento. Contactos sobrios y sinceros. Últimamente, hasta yo me atrevo a practicarlo con las personas de confianza, toda una proeza por mi parte. Ese contacto te hacer sentir bien y próximo. Sin pasarse. Porque hoy, con tanta exhibición pública de los sentimientos, tanta lágrima, tanto abrazo y toqueteo kumba, es un privilegio poder preservar tu espacio físico y tu intimidad. Dicho de otro modo, procuro evitar sin complejos lo que me produce incomodidad o no me sale espontáneamente.

Durante un día de trabajo, las manos tocan plásticos que reconocen familiares; el teclado del ordenador, algún boli, la grapadora. Formas conocidas. Tocan folios y el rígido cartón de los expedientes. Pero es sobre todo cuando tocan a otro ser humano cuando el tacto se sorprende, se excita o se emociona. Es la vida lo que está tocando. Miles de terminaciones nerviosas llevan el mensaje al cerebro y este último sabe que no es sólo una cuestión de texturas, sino de significados.
Porque el tacto, sin significado, es pura mecánica.

Pintura: Anwen Keeling

9 comentarios:

Eloi BLQ dijo...

Aquí en Francia es muy típico cuando llegas a un lugar saludar a todo el mundo. A mí al principio (y aún ahora) me cansaba dar besos y la mano a todo el mundo. Me gusta más como se hace en España cuando hay mucha gente, que se saluda a todo el mundo con la mano haciendo como hola y ya está, todo el mundo contento y luego te acercas y saludas más íntimamente a los que realmente tienes ganas de saludar.

Al contrario, cuando es solo una persona, me gusta darle la mano, o dar dos besos. Cuando es alguien no muy cercano y le doy la mano, pongo la otra encima de la suya, es decir, la derecha estrecha su mano para saludar y la otra se coloca suavemente sobre el dorso de su mano. No tendrá mucho significado, pero creo que la gente nota cercanía, afecto y amistad, o sino, a mi me da esa sensación y eso me vale.

saludos

Manuela dijo...

dar la mano... odio a esa gente que da la mano caída, muerta, es una sensación horrible y no me fío de esas personas... en cambio cuando notas que te aprietan la mano con salud/energía y lo acompañan de una sonrisa y una mirada directa, la mitad del trato ya está hecha, me siento más tranquila porque sé que estoy ante una persona de verdad... en cuanto a tocarse, la gente ya no se toca, y más al Norte subes menos se tocan, en el bús yo particularmente si me voy a sentar y tengo que elegir entre tener al lado a alguien o no tener a nadie, elijo nadie...

Manuela dijo...

otra cosa que olvidé, escuché a alguien decir que tocar cosas es una buena terapia cuando estás nervioso o ansioso por algo, por ejemplo te pones a cocinar, tocar alimentos, tocar madera, tocar mármol, hacer cosas con las manos, eso relaja mucho mentalmente

Toñi dijo...

Pues yo creo que los abrazos son una de las cosas que provocan más sensaciones agradables. Yo tampoco me sentía cómoda abrazando a mis padres, pero después de una enfermedad que tuvo mi padre y que me dió un buen susto, ahora no pierdo ninguna oportunidad de abrazarle. Cuando hace varios días que no lo veo o a veces simplemente cuando nos cruzamos por casa y nos miramos con una sonrisa, nos damos un abrazo, y yo quiero aprovechar todos esos abrazos que dentro de unos años (ojalá sean muchos) no voy a poder tener. Estoy contenta de haber aprendido a disfrutar de esos abrazos y estoy segura de que mi padre también.

dolo dijo...

Actualmente tenemos los cinco sentidos bastante atrofiados, quizás del tacto se pueda salvar algo, entre tanto tejido sintético, plásticos y productos neutros, que no nos producen ni frío ni calor, tener tacto es un gran mérito.
Podemos decir que tocamos continuamente las cosas: tenemos los pies en el suelo o la cabeza en las nubes.
El tacto del bolígrafo entre mis dedos, el choque de la tinta contra el papel, son sustituidos cada vez más por las teclas y la pantalla de ordenador. Nuestros dedos siguen plasmando el hilo de nuestro pensamiento al trazar las frases que construyen un texto, un expediente, una vida. Vidas con las que tenemos mucho contacto pero quizás poco tacto.
Mis pies descalzos sobre la hierba húmeda, mis pies descalzos sobre la arena caliente, mis manos acariciando una mejilla, mi mejilla acariciada por una mano. Imágenes idílicas del tacto ideal.

Anónimo dijo...

Jajaja,leyendo tu entrada me han venido a la mente unos cuantos recuerdos...y es que ya de pequeña cuando alguien me daba dos besos, acto seguido iba yo y me "limpiaba" la mejilla...¡Dios, qué repelús cuando notaba que me habían "pringao" de babas...!¡Y cuántas broncas me había llevado por hacer ese gesto...!
"Abrázame cuando menos lo merezca". Me impactó esta frase, y más aún cuando quien la pronunció es una mujer de 20 años que ha crecido entre Familias de Acogida, Centros, CRAEs...me ha hecho reflexionar una barbaridad sobre la "eficiencia" de mis intervenciones.
Uf, cómo me enrollo...
Por cierto, muy acertada la pintura que has elegido;una delicia para los sentidos: el contacto de la seda roja con la piel, un ambiente bochornoso que invita a pensar cómo una gota de sudor se desliza por la espalda...y ahora que veo el tomate...¡joder qué hambre!

¡Abrazos de una "poco sobona"!

Nina

Llanetes dijo...

Conforme nos hacemos mayores, olvidamos lo importante que es dar un beso o un abrazo, nos enfriamos poco a poco y son menos las sitiaciones que nos emocionan como cuando eramos pequeños. LLevo tiempo refelexionando sobre ello, y he tomado una decisión después de leer tu blog: voy a hacer una automodificación de conducta, para volver a sentir ese contacto, que siempre es un placer, de un beso o un abrazo, se los dare a todo aquel que salude a partir de ..hoy-

John Kd dijo...

Gracias!! :))))) He de agradecer que me hayas ayudado a ver que no todas las personas son aficionadas al abrazo en contextos no familiares o de vínculos cortos. Yo que de pequeña fui muy cariñosa, buena costumbre que abandoné durante años y que, afortunadamente he remotado hace un tiempo, me brota el abrazo de la manera más fácil. No necesita mucho para escapárseme; a menudo para cuando me quiero dar cuenta, tengo los brazos en alto 'amenazando' abrazo... Alguna vez pensé que igual incomodaba a alguien. Pero me quedé satisfecha replicándome "¿¿A quién no le va a gustar un abrazo??". Tu sinceridad -siempre de agradecer- me ha ayudado a darme cuenta de que sí, sí hay a quien. Y esto me plantea una cuestión, encuentro que de difícil desenlace: ¿Cómo dejar fluir mi abrazaduría sin violentar a los que no gustan de ella? Porque no te lo van a decir, y posiblemente no rechacen abiertamente el abrazo (no me ha pasado nunca)... Tal vez necesito conocer mejor el lenguaje corporal por si unas décimas de segundo antes de mi abordaje, el/la otr@ me lanza algún mensaje en contra. Bueno, mientras no me lance otras cosas... ;)

totesirt dijo...

Por algo la piel es el "órgano" más extenso de nuestro cuerpo, y en algunos casos el más desaprovechado.
Yo hace tiempo que rompí la barrera de los abrazos y procuro practicarlos con dedicación, porque como andar en bicicleta, nunca se olvida. A ratos resulta más complicado, con ciertas personas resulta más violento... Vivimos en una sociedad inundada de palabras, palabras escritas, palabras habladas, palabras 2.0... y si hay algo que no pueden reproducir las tecnologías es la fuerza de un abrazo, del contacto, de una caricia, un apretón de manos.

Desde ahora me proclamo fan del tacto.
Graciás Sera por tus letras y por un abrazo futuro.