jueves, 17 de noviembre de 2011

Hashtag: Cultura, 2.0 y Educación Social.

Alaska, 16 de noviembre de 2011,

Hace unos días asistía con otros educadores sociales a una de nuestras reuniones del Laboratorio de Ideas, que es nuestro I+D particular. Nos ocupábamos del tema de las funciones del educador social en los servicios sociales de base. Tuve la desagradable sensación  de que hablábamos de cosas muy antiguas: habilidades parentales, las diferencias con las trabajadoras sociales, los trámites y el trabajo educativo, etc.
Luego, ya en casa, llegué a la conclusión de que el antiguo era yo, mucho más que las cosas. El problema, si es que había alguno, es que llevo muchos años en esto y algunas cosas las vivo como un perpetuo déjà vu. Pero esas cosas de las que hablábamos siguen siendo pertinentes. Para entendernos, el objetivo de un panadero es hacer un buen pan y el de un educador educar bien. El meollo de cualquier oficio no es reiventarse continuamente ni descubrir la sopa de ajo en cada esquina, sino hacer bien su cometido.

Más tarde...
ya con un café, estuve pensando en que quizás no era yo solo, con mi veteranía  a cuestas, el problema. Quizás era cierto que faltaba algo. Quizás ese algo, la falta de ese plus,  es la que me provoca que a menudo vea esta profesión con una pátina de polvo, anclada en el siglo pasado, antigua, prejuiciosa. Quizás un Laboratorio de Ideas, por definición, debería ocuparse de cosas que no son obvias o resabidas. Esas cosas que den contemporaneidad a nuestras propuestas, que hagan que la educación social entre con brillantez en el siglo XXI.
Quizás, quizás.

En el CEESC (Colegio de ES de Cataluña donde ando metido hace un año y pico) estamos intentando explorar caminos que, si bien no puede decirse que sean originales, son una apuesta decidida por situar a la educación social en su momento histórico. No va a ser fácil, empezando por el mismo CEESC, que como todo colegio profesional que se precie es pesado, burocrático y carrinclón. Pero ahora mismo, en Cataluña al menos, no conozco otro buque insignia mejor que nos represente en el mundo profesional. Está entre sus obligaciones. Para eso existe y para eso pagamos las cuotas sus colegiados.

Estamos, como decía, diseñando proyectos que van a buscar la complicidad de la CULTURA, LA COMUNICACIÓN 2.0 y la EDUCACIÓN SOCIAL. No estamos solos por supuesto. Muchos otros, como los de EDUCABLOG, lo están haciendo desde la, digamos, sociedad civil.
Esto quiere decir que vamos a abrir nuestra casa a profesionales de disciplinas artísticas, personas dedicadas a la cultura y a la comunicación, etc. en muchos casos ajenas a lo que conocemos hasta ahora como educación social.

Tengo la sensación de que esta relación va a ser muy fructífera. Creo que la cultura y todo lo que se conoce como web 2.0 y redes sociales, pueden aportarnos mucho. No solo en cuanto a proyectos comunes y creatividad, más necesarios que nunca en tiempos de crisis, sino en una cierta regeneración de la educación social.  Espero que quedemos bien impregnados, manchados de arriba a abajo, de nuevos lenguajes (que barran un poco nuestra retórica pomposa y hueca), nuevos discursos (que acaben con dilemas prehistóricos y endogámicos que solo nos interesan a nosotros), nuevas formas de hacer (empezando por el diseño de proyectos que tengan en cuenta, también, el diseño, la calidad, la sencillez, y dilapiden para siempre los “tochos” ilegibles y aburridos a los que estamos acostumbrados).
Por nuestra parte podemos aportar, entre otras cosas, un bagaje de años de atención al ciudadano. Contenido. Teórico y práctico. Necesario hoy, donde el ruido mediático o la misma potencia de las redes están haciéndonos creer que lo importante no es lo que se dice, sino donde y cómo se dice (véase/léase twitter, por poner un ejemplo). Un momento donde el medio, como ya apuntaba Kapuscinski hace bastantes años, está confundiéndose con el mensaje. Un momento donde se grita mucho y se dice poco.

Estamos en ese lugar de cambio para la educación social, que decía Gramsci, en el que lo viejo no ha acabado de irse y lo nuevo todavía no ha nacido. Un lugar apasionante.


Seguiremos informando. Sigan atentos a la pantalla.

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Pintura del post: Joan Mateu

lunes, 7 de noviembre de 2011

ESCRIBIR MIENTRAS LLUEVE

Alaska, 7 de noviembre de 2011,

Melancolía, de Lars Von Trier. No sé si me gusta. Me pasa con algunas pelis, pocas, porque en el cine soy  de blancos y negros. Esta no. Esta me aburre a ratos y a ratos me hipnotiza. Con momentos tramposos, muy Trier, y otros sobrecogedores. Larga hasta cansar, aunque hay escenas que ojalá no se acabaran nunca. Osea que me gusta, porque  me gusta que me zarandeen. En el cine, digo. Y me disgusta. No puedo explicar mucho más. La peli de Trier tiene más de cómo que de qué.

Para mí el arte tiene que (tiene que... tiene que...¿no encuentras nada mejor?, el arte no tiene que nada) zarandear, conmover, remover. Emocionar. Algo. Nada que ver con provocar, ¿eh?. No, no, no se confundan. Huyo del arte provocador como del arte comprometido. No hay nada más fácil y más hueco que pretender provocar al personal, como objetivo, (los artistas provocadores me provocan un soberano aburrimiento), y nada menos comprometido que el arte comprometido. Eso de jugar con las cartas marcadas por un tema "social" y pretender que el  público esté ganado (vacuno) antes de empezar.
No, no. A mí que me zarandeen, o que me despierten, o que me hagan decir, desde el primer plano, o el tercero, tampoco nos vamos a poner estupendos: humm, esto me interesa, humm. a lo mejor no sé de qué coño está hablando, pero me interesa. El compromiso o la provocación, por lo demás tan sobrevalorados, ya los pongo yo, si em ve de gust.
Creo que Los Sánchez llevamos buscando, hace cuatro obras, emocionar. Que lo consigamos o no ya es otra cosa, pero nuestro afán está puesto en eso. Hablemos de lo que hablemos.

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Todavía hay educadores sociales que dicen que el tema de las redes sociales no les interesa. El 2.0. Todo eso. No me sorprende, esta profesión siempre ha tenido grandes contradicciones. Presume de moderna, pero a veces huele a rancia. Se cree más respetuosa que nadie, pero se muestra a menudo más prejuiciosa que ninguno. Hablo de los profesionales, claro. Eso de "esta profesión" no es más que un eufemismo. Hablo de mí, por supuesto.
¿Cómo no le van a interesar a un educador social (¡educador social!, si es que tu nombre ya es pretencioso, no me digas) las redes sociales? Y lo dice gente que habla de trabajo comunitario, trabajo en red, etc. sin despeinarse. Oiga, entérese, ¡hombre!, aunque sea para criticarlas.
En fin.
Yo, que tengo una pata en el siglo XX, que soy prehistórico (pleistocénico total, ya te digo: escribiste tu memoria de final de curso en una máquina eléctrica que te parecía la leche. ), he probado las maravillas de la tecnología esta semana, conversando por Skype con los estudiantes de educación social de la Universidad de Santiago de Compostela. Cortesía del profe Pablo Meira. Gracias maestro, a usted y a sus alumnos que han estado fantásticos.
¿Como no voy a ser un entusiasta de la cosa?
Lo digo y repito como un mantra (nada original, por otra parte, chaval): la comunicación es el gran tema de la educación social y su gran asignatura pendiente. Antes fallaban la tecnología y las oportunidades, ahora fallan las voluntades.
Pero vamos por el buen camino (¿has dicho buen? Borra, ¡borra eso estúpido!. estás entre educadores, así que trata de evitar el buenismo, carallot!).  Vamos por el camino (eso está mejor), digo, por el camino del conocimiento, ese tan difícil y tan lleno de equivocaciones.
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Gira del Alaska 2099:
17 de noviembre, Auditori de Benicarló.
2 de diciembre, Sala Almazen, Barcelona

Críticas:
Revista del Vallés