martes, 4 de marzo de 2014

23 F- 2ª parte-Lo del Évole)

Viene de (23 F, de facebook) .

Alaska, 4 de febrero de 2014,

Voy a ser breve. A estas alturas, después de tantos días, quiero ocuparme de otros asuntos, pero siento que casi se lo debo a mi amigo Raul, que espera ansioso mi post. :-)

¿Por qué creo que Jordi Évole se equivocó y qué tiene que ver eso con las redes sociales? Escribo en el tren, rápido y sin apenas tiempo para corregir.
Parto de una premisa: lo que creo que Évole intentaba con su programa. Lo creo porque el mismo programa (sobre todo su sonrojante final) daba indicios de lo que pretendía, y por los comentarios posteriores de Évole y los entrevistados que aparecían en Operación Palace. 
Es cierto que el programa fue un éxito de audiencia y que no para de hablarse de él. Hasta aquí, nada que añadir. Pero no creo que eso sea lo que pretenda Évole. Evole quiere que lo admiren y lo respeten por su trabajo. Si fuese solo por la audiencia, el próximo programa lo haría en pelota picada. Y no es eso. 
Tampoco creo que el programa se justifique como parodia. Si fuese solo eso, no lo hubieran vendido previamente como un documental real. Es más,  Operación Palace no tendría ningún interés si supiéramos previamente que se trata de un documental falso (de hecho, yo perdí interés por él a los tres minutos de emisión). ¿Podría tener interés solo por su buena factura técnica? Hombre, hombre, ya me supongo que la tele tiene buenos técnicos y editores, ya. Pero poca gente se traga un programa como Operación Palace por ver lo bien o mal que está hecho, sabiendo que es falso de antemano. En todo caso, Évole no lo vendió previamente así.

Operación Évole pretendió ser, más que un divertimento, una lección a los pobrecitos e ingenuos espectadores, resumida en dos falsedades:

Una. No podemos saber todo del 23 F, luego nosotros podemos inventarnos una verdad que, por muy absurda que parezca, igual contiene más verdades que las "oficiales" (vean el final del documental y los comentarios posteriores de los protagonistas). O sea, que aunque todo esto es un bulo, a lo mejor es más verdad que la verdad misma. Lo que  me recuerda  las patéticas justificaciones que se hacen de ciertas medicinas alternativas: "Como la ciencia no lo sabe todo, pues eso me da derecho a inventarme lo que sea, lo que nadie sabe. Que , por supuesto, es tan valioso como lo que sí sabe la ciencia".

Dos. La segunda lección que el documental pretende darnos (cualquiera que oiga las explicaciones posteriores de los protagonistas, del mismo Évole y de los que más han defendido el programa,  llega a esta conclusión): La gente es muy manipulable (ergo, nuestro documental sirve para demostrarlo y avisar).
Confieso que esta argumentación me pone un poco de los nervios. Hombre, sí, somos manipulables, pero no porque tu documental esté mejor o peor hecho. Somos manipulables sobre todo por aquellos en los que hemos depositado la confianza y creemos que no nos manipularán. Y cuando lo hacen solemos decepcionarnos y dejar de creer en ellos. Para entendernos, si mañana mi periódico, El País, saca en portada que el Rey ha muerto y que en su herencia deja su corona a Urdangarín, yo estoy dispuesto a creérmelo. Quizás pensaré que el Rey ha perdido la cabeza en el último momento, pero me lo creeré. Creo que el diario no me va a engañar a sabiendas. Si El País, después, me dice que soy muy ingenuo por habérmelo creído, en vez de disculparse por haber publicado una mentira,  dejaría de leerlo inmediatamente. ¡Encima!. El País no es El Jueves.
No se trata del argumento de autoridad, se trata del pacto de confianza entre el lector/espectador y el medio. Si Gabilondo me cuenta, a partir de su mentira en Operación Palace, que soy muy manipulable por creérmela (¡ojo!, por creérmela porque lo dices tú, Gabilondo), al primero que dejaré de creerle es a él. Gabilondo no es el Gran Wyoming (¿o sí?)

¿Qué tiene que ver eso con las redes? Tiene que ver con el tema de la identidad y la reputación digital. Mucha gente retuitea, o comparte cosas en las redes sin comprobar si se trata de alguien o algo en lo que pueda confiar. El mantra que a veces escucho entre algunos amigos míos, por otra parte inteligentes y razonables, es parecido al que sostiene Operación Évole,: todo el mundo engaña, no nos cuentan la verdad, ergo todo lo que se publica en las redes tiene, de entrada, el mismo valor.
No es cierto. La reputación hay que ganársela. También la digital. Entre otras cosas separando opinión de información, ficción de hechos, reconociendo la equivocación, dando explicaciones a tus lectores si has puesto alguna información errónea. En definitiva, dando cuentas. Algo que, en realidad, muy pocos medios o personas en las redes hacen.
Creo que crearse una identidad digital también tiene que ver con lo que ponemos o dejamos de poner en nuestros blogs, o en nuestros facebooks. Puedo jugar diferentes roles, por supuesto. Pero creo que es más honesto explicitar cuando jugamos a bufones y cuando a periodistas, cuando a comediantes y cuando a pensadores. Si no lo haces, y encima pretendes dar lecciones sobre la manipulación informativa, ya es el colmo.
Si un Otro, alguien o algo, real o virtual, en el que confío plenamente, me engaña ( y no estoy pensando en una inocentada), quizás yo sea muy ingenuo o manipulable por creerle, pero de lo que no cabe duda es que el mentiroso es el Otro, no yo. 

4 comentarios:

Laura Gazquez dijo...

En definitiva todo es una lucha de poder. De manipular, de intereses. Pero a diferentes niveles donde el más listo siempre pretende quedar por encima y beneficiado y los otros mientras vamos luchando por sobrevivir.

Quique dijo...

Umm, discrepo Laura. Todavía creo en periodistas honestos que te cuentan la verdad y que respetan al lector. Incluso el poder a veces está bien ejercido. Como hay políticos honestos, o empresarios honrados. No creo que todos sean iguales, ni que todo sea lo mismo, sinceramente.

Manuela dijo...

yo tampoco creo que todos sean iguales, y sí, la credibilidad hay que ganársela, y la digital todavía más porque yo más bien me pasa al revés, dudo de todo lo que leo por internet hasta que un medio en papel me lo confirma, lo sé, soy una antigua... saludos

Tote dijo...

¡Chapó!