jueves 26 de mayo de 2011

BYE, BYE, BARCELONA



Benicarló, 26 de mayo de 2011,

Querido S. ,

“El Alaska”, como tú y yo cariñosamente lo llamamos, se despide de Barcelona el próximo viernes 3 de junio. La han visto, hasta ahora, más de 4.000 espectadores.

Miro hacia atrás, hacia ese momento mágico en el que recibí tu mensaje en el móvil: "el Quique soy yo”. Si no hubieses sido tú, esta sería otra historia.

Como dice David Mamet, yo no creo en la construcción de un personaje. El personaje es el texto que tu escribiste. No he necesitado vivir un mes entre educadores, o internarme seis meses en un centro de acogida, viviendo entre adolescentes. Ha sido relativamente fácil. Con esa joya entre las manos el único que podía estropearla era yo.

Estos días he vuelto a releer el blog, desde el principio, y siento que esta profesión de valientes se merecía el éxito de nuestro “Alaska”. Tú y yo sabemos que no hicimos la obra por eso, pero ver como la profesión se ha volcado con nosotros, que ellos la han hecho viajar y crecer, se merece un millón de gracias y sentirme orgulloso. Porque cada vez que salgo a saludar te están aplaudiendo también a ti, y cada vez que te llamo, dos segundos antes de salir a escena para decirte: ”chaval, estoy apunto de salir”, te estoy diciendo “chaval, que salimos”.

Ahora a volcarse en el Alaska 2099, otro reto. Difícil, sin duda, por las expectativas, por que nos dicen que el listón está muy alto. Así que únicamente hay dos fórmulas, que no garantizan el éxito, pero que sin duda son imprescindibles para conseguirlo: trabajo, mucho trabajo y sobre todo no olvidar al público en nuestro único objetivo: que lo pase bien, que se lo pase bomba, pipa, que se emocione, que se ría para que, desde la butaca, decida acompañarnos hasta el final de esta nueva historia.

Rafa Sánchez



Educador social en Alaska se despide de Barcelona el viernes 3 de junio, en la Sala Almazen (improrrogable).
Venta de entradasAtrápalo y en la misma sala.

lunes 23 de mayo de 2011

LAS TIC, FACTOR DE RESILIENCIA

Alaska, 23 de mayo de 2011,

Resiliencia . Cuando hace unos años los profesionales de la educación y el trabajo social empezamos a oír el término y después leímos con avidez libros como Los patitos feos, de Boris Cyrulnik, lo adaptamos rápidamente como uno de  nuestros conceptos estrella. Era lógico, sus postulados casaban con el modelo sistémico, que triunfaba (todavía lo hace) como modelo socioeducativo. Casaban también con algunas de nuestras prácticas: si participar en experiencias grupales positivas, artísticas, comunitarias, de tiempo libre, etc. resultaban factores que hacían a la persona mas resiliente (es decir, más capaz de salir airoso en contextos familiares y/o sociales muy adversos), entonces no habíamos perdido el tiempo.
A pesar de las discrepancias de la ciencia sobre la resiliencia , parece que sí, que determinadas experiencias en el entorno más inmediato (la familia, la escuela, el barrio) pueden hacernos más fuertes frente a las adversidades.
He seguido la pista al término resiliencia durante estos años. Su éxito como concepto en Jornadas y Congresos sobre temas sociales es indiscutible, aunque creo que no se corresponde con su uso práctico.  No suele estar en nuestro día a día.
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Las TIC. Si , como han demostrado numerosos estudios,  la comunidad donde vive una persona puede ofrecer elementos y recursos positivos para su desarrollo (seguridad, equipamientos, actividades para jóvenes, etc.) quizás hay que ir pensando en qué recursos positivos pueden ofrecer las comunidades virtuales, la web 2.0,  a personas que, por un motivo u otro, parten con una desventaja social. Las TIC como recurso compensatorio de esa desventaja.
Parece que, en general y sin tener en cuenta algunas patologías,  el peligro de que la persona acabe aislándose de su entorno físico por la experiencia virtual no está demasiado fundada. O quizás se aisle voluntariamente de su entorno más inmediato (por ejemplo de un barrio degradado que no le ofrece mucho más) pero pueda participar en otro más positivo.
La experiencia de la llamada #spanishrevolution demuestra que las redes sociales pueden potenciar lo presencial. Y aún más, que permiten una experiencia grupal de personas que dificilmente se hubieran encontrado de otra forma. Parece, a tenor de lo que está ocurriendo con los movimientos sociales más actuales, que lo virtual y lo presencial van a ir necesariamente de la mano.
Hace muchos años, años analógicos, yo recomendaba algunos libros en mis entrevistas con los usuarios. Quizás ahora tengamos que empezar a pensar también en nuestro papel de acompañante en mundos virtuales: la creación de una identidad digital, la participación en comunidades virtuales que le ofrezcan un valor de uso, la creación de blogs donde puedan compartir su experiencia con otras personas, la creación de redes sociales de personas en situaciones similares, la creación de entornos virtuales y personalizados  de aprendizaje, etc.
Quizás podamos demostrar entonces que la participación en experiencias 2.0 puede hacer más resilientes a las personas con desventajas sociales .

Se nos acumula el trabajo.




sábado 14 de mayo de 2011

CINCO PREGUNTAS SOBRE EDUCACIÓN, TECNOLOGÍA Y CULTURA

Estas son algunas de las cosas que intenté explicar, representando al CEESC, en la Sesión sobre Educación Expandida organizada por el CCCB, el 12 de mayo de 2011. Son 5 interrogantes con los que, más que repuestas o certezas, intento aportar elementos para el debate.
(Tweets de la sesión y álbum fotográfico aquí.)


1. Con todos los cambios tecnológicos ¿cómo está cambiando el usuario de nuestros servicios? ¿Cómo está cambiando, en definitiva, el ciudadano?

No parece que conceptos como la privacidad, el pudor o la confidencialidad tengan el mismo sentido ahora que hace unos años. No sé si Orwell hubiera imaginado nunca que el "Gran Hermano" de  1984  no acabaría siendo una especie de estado superpoderoso, sino que el gran hermano seriamos un poco todos, con nuestros iphone grabando todo lo que pasa a nuestro alrededor. Contentos de que nos graben.
No nos gusta el anonimato. Vivimos en un momento en que no está tan clara la frontera entre lo público y lo privado.
Unas personas que participamos y nos comunicamos en un mundo virtual que es ya, también, la vida real. Con nuestras identidades digitales, nuestras posibilidades de invención de uno mismo. Posibilidades, también, de distanciarnos de nuestros problemas cotidianos. Con un círculo social que es más amplio que nunca, que rompe fronteras físicas.
Unas personas que somos, con nuestros facebooks, twitters y blogs cada vez más activas, más cuestionadoras de los profesionales y de las instituciones. Más participativas de nuestros propios procesos.


2. ¿Cómo nos adaptamos los educadores a estos cambios?

Si lo hacemos desde el miedo a la tecnología solo actuaremos desde el control y no desde las posibilidades que nos ofrece.
Hace unos años, en mis entrevistas con familias, los padres se quejaban de que sabían poco de sus hijos adolescentes y  de lo poco que sus hijos hablaban con ellos. En la actualidad he tenido algunas entrevistas donde la preocupación ha cambiado radicalmente. Los hijos inundan el facebook de fotos de sus juergas y de comentarios con sus amigos en el muro. Y lo que es más sorprendente, muchos de ellos dejan ver todo eso a sus padres. Los padres se sienten desconcertados. No solo por el miedo que les produce ver lo que ven, sino, probablemente, porque se dan cuenta que su hijo adolescente comienza a ser un perfecto desconocido para ellos.
Nosotros, los educadores, también tenemos un cierto nerviosismo. Tenemos ganas de tirarnos a la piscina, pero estamos indecisos. Al fin y al cabo estamos hablando de herramientas de comunicación rabiosamente libres (muchas de las cuales no fueron creadas para un uso educativo). Y la educación nos habla de normas y límites. Quizás nuestra actuación estará en un término medio. Como la Wikipedia, que alguien definió como "tecnológicamente anarquista pero epistemológicamente conservadora".
¿Qué hacer? Nosotros, que siempre tenemos en la boca conceptos como integración, participación, socialización, cambio, etc. no podemos obviar más el momento digital que nos envuelve, porque la web 2.0 o como le queramos llamar, también socializa. Quizás, como apunta Dolors Reig, nuestro papel pasa por hacer de guia en esta construcción del ciudadano. Pero en el sentido de la metáfora de la guia de viaje, que uno puede decidir no utilizar, pero que sabe que si no la utiliza en absoluto puede perderse cosas interesantes.
Quizás podemos acompañar a la persona, sin fiscalizar, en temas como su reputación online y su identidad digital, la creación de entornos personales de aprendizaje, la participación en comunidades virtuales, etc. Poniendo el acento en las competencias, habilidades, actitudes y lenguajes que se requieren.
En definitiva, la cuestión va a ser cómo podemos conseguir que la tecnología juegue a favor del ciudadano.
Y para utilizar dos conceptos que han hecho fortuna en nuestro ámbito y que se han convertido casi en unos memes de lo social: Cómo hacer que el uso de la tecnología sea un factor de resiliencia y empoderamiento.


3. La relación entre cultura, educación y la tecnología.

Siempre he pensado que los agentes sociales y culturales de una ciudad (el técnico de juventud, el gestor cultural, el educador social, el maestro, las entidades culturales, etc.) han de intentar trabajar juntos, porque los proyectos que resultan son mucho más potentes. Creo que ahora, con las nuevas tecnologías, esto es más fácil que nunca. Depende de nosotros.
Sé que hay educadores que utilizan expresiones artísticas (como la pintura o la música) en sus proyectos, y lo hacen junto con otros agentes educativos de la ciudad. También sé de lugares donde los departamentos de servicios sociales, educación, cultura, etc. son departamentos estancos y no hay manera - ni espacios- donde entenderse ni comunicarse. Ni entre ellos ni con la llamada sociedad civil.
Yo he tenido la suerte de participar en proyectos de teatro y educación social, con la implicación de profesionales de diferentes ámbitos, con muy buenos resultados. Por ejemplo, he podido trabajar con jóvenes que han delinquido y que, estando en un centro cerrado, son capaces de implicarse en una obra de teatro y disfrutar encarnando a personajes ficticios que están muy lejos de sus comportamientos estereotipados. O cuando he participado en proyectos de teatro social en los que han intervenido personas  muy etiquetadas o sin voz en el municipio.
Creo que, por ejemplo, cuando hablamos de aquellos alumnos que comienzan a quedar excluidos del sistema educativo (los futuros fracasos escolares), hemos de pensar, además del abordaje individual y familiar, en propuestas culturales y artísticas que, con la ayuda de la tecnología, les posibiliten otro lugar más valorado dentro de su escuela o instituto.


4. ¿Pero, entonces, hemos de olvidar lo presencial, la piel?

Casi siempre que hablo de las TIC con algunos colegas me dicen que si, que esto de lo virtual y lo online está muy bien, pero que no hay que olvidar lo presencial. Creo que esto, ahora mismo, comienza a ser una dicotomía falsa. Parece más bien que lo virtual está potenciando lo presencial. Yo mismo he podido participar en propuestas online y después he podido poner cara a unas personas que quizás no hubiera conocido de otra forma.
Pero lo virtual es muy atractivo. Hace poco leí en El País que en el futuro (el futuro está cada vez más cerca) utilizaremos un avatar profesional que se comunicará con el ciudadano. La realidad aumentada es ya, valga la redundancia, una realidad. Etcétera. Parece que es cierto que cada vez estaremos más tiempo inmersos en un mundo virtual. También hay teorías que dicen que, precisamente como contraposición a todo ese mundo virtual, el ser humano necesitará cada vez más "momentos presenciales" de contacto físico. Nadie lo sabe.
 No sé si sirve, pero está, por ejemplo, la experiencia teatral. Que en un mundo con tanta sofisticación tecnológica la gente tenga todavía la necesidad de encerrarse en un espacio teatral como la sala Almazen, en Barcelona, donde hemos hecho nuestras últimas representaciones -una sala preciosa, ideal para el teatro, pero pequeña, oscura, una especie de cuadrilátero ancestral- para escuchar hablar a un tío rodeado de cuatro cachivaches, no dejará  de sorprenderme.
Parece que no hay que preocuparse demasiado.


5. ¿Eso quiere decir que la tecnología, las redes sociales son maravillosas?

Hace poco, a un comentario en facebook sobre como influía la sociedad digital en la educación social, una amiga mía escribía una frase de un tal Boris Riback que decía: "Jamás hubo semejante posibilidad de conocimiento y semejante probabilidad de oscurantismo". Yo no estoy de acuerdo con este tipo de comentarios apocalípticos. Más bien todo lo contrario. Pero eso no quiere decir que no se deba ser crítico con todo lo que está pasando.
La tecnología avanza rápida e inexorable. Es inocente. En todo caso, cuando a la tecnología la carga el diablo es el diablo el culpable, no la tecnología. Por ese motivo se puede ser crítico con sus usos.
Twitter es una herramienta muy potente para compartir conocimientos o para ayudar a una revolución popular, pero también es un lugar donde la gente fusila al vecino con sus tweets (ya se empieza a hablar de twitterbulling), o se intenta difundir cualquier teoría de la conspiración y convertirla en trending topic. Del poder de la web social para crear conocimiento,  arte, compartir información, ser crítico con el poder, etc. a una especie de dictadura del pueblo  donde se lincha al que no es políticamente correcto hay un paso y hemos de estar atentos.
Abrazar acríticamente las redes sociales es absurdo. Tanto como negarlas. Criticarlas cuando la crítica es argumentada no es ir contra ellas, y eso hemos de entenderlo los tic-adictos.

La cultura, la educación en general y la educación social en particular, están en el momento más dulce de su historia gracias a la tecnología. Tanto por separado como para, sobre todo,  el diálogo entre ellas. Al contrario de todo lo que he escrito más arriba, sobre eso tengo pocas dudas.

Barcelona, 12 de mayo de 2011
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21 de mayo Madrid (CC F.L. Carreter)
3 de junio Barcelona (Sala Almazen)

miércoles 4 de mayo de 2011

EDUCACIÓN EXPANDIDA Y SOCIEDAD DIGITAL

Alaska, 4 de mayo de 2011,
Educación expandida. La primera vez que oí hablar de ella fue en un curso con Pedro Jiménez, de Zemos 98 y Oscar Martínez, de Trànsit Projectes. La Educación Expandida defiende la idea de que la educación puede darse en cualquier lugar y en cualquier momento y desafía al sistema educativo tradicional a que incorpore y se adapte a los cambios tecnológicos.
Este es un tema de la educación social. No exclusivo de ella, por supuesto. Pero es obvio que la educación social es o debe ser educación expandida. O viceversa. Nuestra situación, en el córner de la educación formal, nos convierte en actores privilegiados para llevar a cabo intervenciones y proyectos con esta filosofía. Algunos ya se estaban haciendo, aunque no sabíamos que podían llamarse así. Pero está claro que la educación social, si quiere honrar a su apellido, tendrá que expandirse, tanto en lo cultural como en lo digital, terrenos hasta ahora menos explorados por ella.
Sigo.

El 12 de mayo participo, representando al CEESC, en una mesa redonda, dentro de la Segunda Jornada de Educación Expandida que organiza el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).

En la mesa, moderada por Lalí Bosch,  estarán Pere Arcas (TV3), Juanjo Arranz (Biblioteques de Barcelona), Ramón Espelt (CCCB educación), Teresa Fèrriz (UOC),  Pepe Serra (Museo Picasso) y yo mismo, por el CEESC. Vamos a debatir sobre  los cambios y las posibilidades que la tecnología pone al alcance de los centros culturales y educativos. También de cómo influyen, en la relación educativa y la comunicación con los usuarios, los nuevos contextos digitales, las redes sociales, etc. 

Respecto a la educación social estamos en un momento dulce. Llevamos media vida lidiando con escuelas e  institutos, implementando proyectos comunitarios, tratando con personas y grupos, etc. Si sabemos aprovechar lo que la tecnología pone delante de nuestras narices empezaremos a tener un peso específico en eso que a veces se conoce como comunidad educativa. Una comunidad que, por otra parte, tiene que abrirse a nuevos agentes y nuevas prácticas. Que tiene (ya lo está haciendo, queriendo o sin querer, entre otras cosas por el impulso de sus alumnos) que expandirse.
A los educadores nos va a hacer falta, como nunca, ensayar y errar. Aprender. Inventar. Practicar y teorizar sobre la práctica. Probar, equivocarnos y volver a probar. Se va a tratar de un diálogo entre una tecnología rabiosamente libre y una educación social, con sus normas y sus límites. Un diálogo donde la una y la otra no van a salir indemnes. Por suerte.