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martes, 3 de noviembre de 2015

NEUROMITOS EN EDUCACIÓN (SOCIAL)


Alaska 3 de noviembre de 2015,

El libro Neuromitos en educación. El aprendizaje desde la neurociencia. Voy leyendo y es como si me encontrara menos solo, porque entre los autores está mi querida Anna Forés y porque hasta ahora no había leído nada sobre neurociencia de alguien tan relacionado con la educación social. Cuando en 2008, después de leer a Dawkins, Pinker, Eagleman o Gould, empecé a dar la vara en este blog con eso de que la ciencia, la biología, la genética, o la psicología evolutiva también tenían que ver con nuestra profesión me sentía un rarito. Como si yo mismo me fuera dando golpecitos en la espalda diciendo sí, sí, hombre que sí, que es muy importante, seguro, pero tú déjate de ciencias, que para el día a día ya está Freire.
Así que este libro llega en un buen momento, con la neurociencia entrando por la puerta grande de la educación, ocupando su sitio, amable pero enérgica, al lado de la filosofía, la sociología o la pedagogía. 

Y habla de cosas que ya se pueden aplicar directamente a la educación social. El otro día, sin ir más lejos, entré corriendo en la reunión con la escuela con el libro en la mano y este fragmento en fosforito que parecía escrito pensando en el alumno X: «Un simple paseo por un entorno natural permite segregar una serie de neurotransmisores que recargarán de energía circuitos cerebrales que intervienen en la atención o la memoria y que se saturan como consecuencia de la actividad escolar continuada». Cosa especialmente efectiva para los chavales con TDAH. Neurotransmisores, circuitos; orgasmo para mis oídos. Ya no soy yo, el educador, qué buen rollo, reclamando un poco de aire fresco, algo diferente, para un crío. ¡Es la ciencia! Y yo con ella. Hace años ya había utilizado a Susan Pinker también en fosforito para explicar que el TDAH, bien trabajado, había sido el secreto del éxito de algunas personas. 

El libro de Anna y sus compinches es un libro importante. No va de educación social, pero yo la veo por todos lados. Por ejemplo cuando rompe el mito que dice que cuantas más horas pasen los alumnos en la escuela, más aprenderán. Y aboga por el enseñar menos, aprender más, una de las claves del éxito del sistema finlandés de educación junto con los puentes que se establecen entre las familias y la escuelas. Pura educación social.
Por supuesto que hay que ser prudentes antes de incorporar cualquier descubrimiento científico al mundo educativo y no dejarse llevar por modas pedagógicas. Todo lo prudente y lo rigurosa que es, en sí, la ciencia.

Hace unos días leí un tweet de Fernando Trujillo que decía: #Reflexióneducativa: se nos viene encima una ola de neurociencias cuando necesitamos una lluvia fina de sociología y antropología educativa.  Discrepo de Trujillo. No veo ninguna ola, en el sentido que creo que le da Trujillo, de algo que arrase irrespetuosamente con todo. Sí veo una lluvia fina, muy necesaria, de neurociencia  y de ciencia en general. Y también veo, a veces, poca permeabilidad entre disciplinas. En educación social, en particular, es la ola pedagógica la que arrasa con todo. No estaría mal que a sus aguas se sumen un poco de ciencia si quiere ser, también, ola de conocimiento.

***

Hablando de teatro, este fin de semana Factoría Los Sánchez volvemos a la sala Almazen, el viernes 6 de noviembre con Educador social en Alaska y el sábado 7 con Cabaret Cortazar, lo nuevo de la Factoría. Nos vemos en el teatro.









miércoles, 22 de mayo de 2013

DIALOGANDO CON ALUMNOS




Alaska, 22 de mayo de 2013,

A partir del post ¿Quién hay ahí?, alumnos del Grado de trabajo social de la Universidad de Lleida, animados por su entusiasta profesora, Alba Pirla,  han iniciado un interesante debate. Mis respuestas están en cursiva. 
Antes de nada felicitaros por la iniciativa y por la calidad de las preguntas. Aunque solo sea un aficionado del tema,  intentaré que las respuestas estén a la altura. Es una buena noticia que se produzcan estos diálogos entre estudiantes y profesionales en activo.


Hola Sera. Somos alumnos del Grado de trabajo social de la UdL y hemos estado trabajando sobre el post en pequeños grupos. Aquí van nuestras reflexiones, críticas y preguntas: 


1.En el texto aparece la frase: "Nos hace creer que somos nosotros los que decidimos. Nos hace creer que nuestro "yo" consciente es el que manda". A partir de esta reflexión del autor nosotros nos preguntamos: Si inconscientemente es como tomamos la mayoría de nuestras decisiones, ¿para que intentamos mejorar nuestro "yo consciente"? 

R. Nos puede servir para saber que, para algunas decisiones, vale la pena tomarse su tiempo y “subir” al plano consciente lo que de otro modo seria inconsciente. Hay formas de entrenarse para esto. 
También está bien saber que hay decisiones donde la razón y el “yo” solo son un estorbo (desde conducir a jugar al fútbol).  


2. Creemos que la neurociencia es claramente compatible con los Servicios Sociales, además de parecernos verdaderamente interesante. Ahora bien, también creemos que es un campo bastante desconocido y que antes de pasar a implantarlo en nuestra área profesional deberíamos estudiarla mucho más. Esto nos aportaría a nuestra profesión poder implantar criterios razonables en nuestras intervenciones, además de aportarnos herramientas a la hora de poder entender determinadas conductas de nuestros usuarios. 

R. Totalmente de acuerdo. Aunque,  de ahí mi insistencia en el tema, las aportaciones no vendrán por generación espontanea, mucho menos con la indiferencia  hacía la ciencia que mostramos a menudo los que nos dedicamos a lo social. Es cierto que falta saber más, pero la psicología evolutiva, por ejemplo (prima hermana de la neurociencia) ya nos está dando muchas pistas aplicables en la actualidad. Solo hace falta afinar el oído.  


3. No creemos que todo lo expuesto en el artículo sea falso, pero tampoco creemos que la neurociencia sea la razón de todo. Creemos que esta ciencia aún tiene que evolucionar mucho más para poder encontrar otras justificaciones más racionales a los comportamientos humanos. 

R. No hay nada expuesto en el artículo que sea falso. Tampoco se dice en ningún momento que sea la razón de todo. 
Que la ciencia tiene que evolucionar (cualquier ciencia, incluidas las llamadas ciencias sociales) es algo indiscutible. La ciencia, por definición, siempre evoluciona, negando o mejorando los descubrimientos anteriores. En lo que no puedo estar  de acuerdo, y desde luego la ciencia tampoco, es que tenga que hacerlo “para poder encontrar otras justificaciones más racionales a los comportamientos humanos” . La ciencia ha de buscar la verdad. Que lo que encuentre nos guste más o menos es otro tema. Por cierto, yo creo que lo que encuentre siempre será una explicación racional.  


4. Creemos que lo que se expone en el texto es totalmente cierto ya que nuestras decisiones están determinadas por muchos factores. Si es cierto que la complejidad del cerebro es muy elevada y podía tener razón (la neurociencia), pero a la vez creemos que al ser una ciencia tan novedosa debería estudiarse más. No vemos directamente relacionada la neurociencia con los Servicios sociales. 

R.  ¿La neurociencia tendrá algo que ver con los Servicios Sociales?. Aparentemente no, es cierto. Entiendo vuestro escepticismo. Pero, en realidad, ya tiene que ver, y mucho. Cuando derivamos a alguien a un psiquiatra o insistimos en que una persona se tome su medicación, por ejemplo, estamos reconociendo que hay algo en su comportamiento que está más relacionado con la química de su cerebro que con el medio.


5. Nos parece interesante que finalmente se inicie una línea de trabajo entre el mundo científico y el mundo de las ciencias sociales y los servicios sociales en su intervención. La teorización, reflexión y afán de mejora, siempre son positivos. Aunque tenemos algunas dudas en relación al texto. Comentas que no es fiable reducir los servicios sociales a indicadores y criterios pero los resultados que la neurociencia aportará ¿no serán sino datos e indicadores puros?. Así mismo, comentas que Pinker no es determinista, pero tal y como hemos expuesto, ¿un test o una prueba no ofrece un resultado determinista?

R. Lo que quería decir es que los indicadores y criterios son necesarios pero están basados en una concepción del ser humano determinada. Si la neurociencia o la psicología evolutiva y experimental, entre otras, nos acercan a un conocimiento mayor del ser humano, puede que esos indicadores y criterios sean cada vez más acertados.
Una prueba, o un experimento (supongo que os referís a eso) ofrece datos, efectivamente, pero no tiene que ser determinista o ofrecer necesariamente resultados que digan eso. Muchos experimentos en psicología demuestran que la mayoría de personas delante de una situación X se muestran de una forma y no de otra. Eso no quiere decir que todas las personas lo hagan, pero sí que nos puede hablar de qué tendencias innatas tenemos. 
Pinker, a pesar de hablar de genes y evolución, reconoce la importancia del medio ambiente en el comportamiento humano. Suelen ser las disciplinas sociales como las nuestras las que ignoran a los genes y la evolución. No al contrario. 


5.1. -Aceptar el resultado que la neurociencia puede aportar a los servicios sociales sea positivo o negativo forma parte del juego, no solo si nos asegura resultados a favor.

R. Quizás no me he explicado del todo bien en el post. Es cierto, como contestaba antes, la ciencia busca la verdad, nos guste más o menos. Pero la ciencia no es la que prescribe las normas y leyes de la sociedad. Eso es fruto del consenso entre los humanos. Lo que yo decía es que los aplicación de esos descubrimientos, sean los que sean, en mi opinión solo serian éticamente aplicables en temas sociales si ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas y ayudan a crear una sociedad más justa. 
Un ejemplo que creo que aclara las cosas: los derechos humanos son innegociables, diga lo que diga la ciencia.


5.2. Ya que en la actualidad el tema comunitario ha tomado mucha fuerza, ¿qué aportaciones puede proporcionar algo tan individual como el estudio neurocientífico de una persona? 

R. ¿El tema comunitario ha tomado mucha fuerza? ¿En los servicios sociales? Eso sería muy discutible, pero supongamos que sí. Desconozco los trabajos al respecto de la neurociencia, si los hay , pero la psicología evolutiva y la ciencia experimental si que han dicho ya cosas muy interesantes sobre los comportamientos de los grupos y las comunidades.   

6. ¿Cómo una explicación científica puede definir las relaciones familiares si cada individuo es distinto? Si desde el trabajo social se defiende que se debe tratar a cada usuario de manera individualizada, ¿Cómo pueden seguirse explicaciones científicas que lo que hacen es definir un patrón de conducta que nos hace a todos iguales? 

R. Niego la mayor, las explicaciones científicas no definen un patrón de conducta que nos hace a todos iguales. Simplemente reconocen que la naturaleza humana es muy compleja,  fruto de cuestiones innatas, de interacción con el medio, y de variables hasta ahora desconocidas. Saber que no solo nuestros padres, profesores, amigos o contexto nos condicionan, sino que también lo hacen nuestros genes y miles de años de evolución, creo que es importante.


7. ¿Puede la neurociencia estandarizar aún más la percepción sobre la persona? 

R. La ciencia descubre las cosas en las que nos parecemos los seres humanos, es cierto. Como especie nos parecemos mucho. Pero también descubre en qué cosas somos únicos e irrepetibles.


8. Creemos que complementar la intervención social con la neurociencia nos daría una mayor credibilidad y nos igualaríamos tomando más fuerza frente a otras disciplinas. 

R. No sé si eso nos daría más prestigio pero sí más sabiduría. Yo lo diría de otro modo. Ya es hora de que se acabe con la separación artificial entre humanidades y ciencia.    


9. Nos surge la duda sobre si el usuario no tiene responsabilidad sobre sus actos, ¿con qué o con quien se va a intervenir? No siempre podemos modificar el medio.

R. Es uno de los meollos de la cuestión. La responsabilidad del individuo. Los neurocientíficos más extremos niegan que exista el libre albedrío, pero eso es una cosa, y otra es que el sistema legal, por ejemplo, exima de responsabilidad a un individuo. Algunos de esos neurocientíficos responden que, aunque eso fuese así, habría que seguir actuando como si el libre albedrío existiera.
En nuestro trabajo sucede algo parecido, no eximimos a un padre que maltrate a sus hijos, por ejemplo, aunque deduzcamos que ese padre está condicionado por haber sido maltratado a su vez en la infancia.  Comprender no es justificar. 
 Algunos descubrimientos quizás no cambien necesariamente las leyes o las normas que los seres humanos nos damos. Aunque si esos descubrimientos pudiesen mejorarlas, ¿porqué no tenerlos en cuenta?.
De todas formas el margen de maniobra de la educación siempre será importante. Cuando unos padres controlan las amistades de su hijo adolescente, porque saben que para él su grupo de iguales es lo  más importante, están incidiendo de algún modo en su comportamiento y relaciones futuras. 


Muchas gracias a todos los alumnos que habéis participado en este post por vuestras preguntas y comentarios. Enhorabuena también a vuestra profesora por proponeros este tipo de experiencias.  
Un abrazo.



jueves, 16 de mayo de 2013

¿QUIÉN HAY AHÍ? . NEUROCIENCIA Y SERVICIOS SOCIALES.



Alaska, 16 de junio de 2013,

Observa esta imagen. Cierra tu ojo izquierdo y clava tu ojo derecho en el rombo . Ves acercándote y alejándote de la imagen hasta que veas como desaparece el círculo blanco de la derecha. ¿Curioso, no? Se trata del “punto ciego” de cada ojo. Lo asombroso, y mientras más hago este ejercicio más me asombro, es que en el lugar donde el círculo desaparece no vemos un agujero, un vacío,  sino el fondo negro y uniforme de la imagen, como si el círculo no estuviera allí. Es decir, el cerebro “suple” la información que no da el punto ciego. Nos hace ver algo que no existe, algo que él quiere que veamos.

¿Qué tiene que ver esto con los servicios sociales? ¿Y con la educación social? Quizás nada. Probablemente, todo. Pero antes de entrar al trapo, mira esta foto:
¿Te parecen unos ojos atractivos? En un experimento reciente se mostraron fotos de mujeres a un grupo de hombres y se les preguntó cuales les parecían más atractivas. Todos coincidieron bastante en sus elecciones pero no supieron justificarlas. Simplemente les gustaban más. Lo que ninguno sabía es que habían escogido aquellos rostros de mujeres que presentaban los ojos dilatados, signo de una mayor predisposición sexual. Es decir, el cerebro había escogido antes por ellos. Y esto es solo un juego de niños. Se ha demostrado que la elección de políticos tiene que ver más con su imagen que con su discurso.  Aunque pocos electores lo sospechan. ¡Glups!.

Lo que la neurociencia está descubriendo cada vez más es que nuestros sentidos no son infalibles. Lo que vemos y la lectura de lo que vemos no es exactamente lo mismo que lo que es y sucede en la realidad. El cerebro actúa y decide por nosotros y luego nos ofrece explicaciones más o menos razonables con las que argumentamos nuestras decisiones. Explicaciones que poco tienen que ver con la realidad. Nos hace creer que somos nosotros los que decidimos. Nos hace creer que nuestro “yo” consciente es el que manda. Y esto sucede no solo en cuestiones más o menos mecánicas o instintivas, sino en la toma de decisiones importantes de nuestra vida. En esto Freud se acercó bastante (el inconsciente), aunque se equivocó en su explicación del mecanismo porque no tenía los instrumentos que tenemos ahora para observar el cerebro.

Los servicios sociales se estructuran entre otras cosas para reducir la subjetividad y la arbitrariedad de los profesionales: Indicadores, normas, criterios económico-sociales, protocolos. Está bien que así sea. Aunque esto no es infalible. Esas mismas estructuras están creadas por personas y se deciden a partir de un concepto de la naturaleza humana. Pondré un ejemplo muy burdo, para que se me entienda. Quizás en tu servicio esté establecido el criterio, escrito o no, de que alguien que está siempre en el bar no merece una ayuda económica de subsistencia. Pero ese criterio puede variar en función de la responsabilidad sobre esa conducta que supongamos a la persona. No es lo mismo pensar que X es responsable de lo que hace y que podría no hacerlo (se queda sin ayuda), que pensar que es responsable, pero que quizás no puede dejar de hacer lo que hace (recibe ayuda económica y también ayuda para variar su conducta) o que no es en absoluto responsable.
Otro ejemplo: escribes un informe social para el departamento de Infancia. Escribes, y no te tiembla el pulso, que la madre X es manipuladora y miente sistemáticamente sobre lo que le pasa. Es una posibilidad. La otra es que te cuestiones si X miente o simplemente su cerebro le está ofreciendo una explicación razonable a lo que le pasa. Miente, pero sin saber que miente. Te temblará el pulso.

Si sigues pensando que los descubrimientos en neurociencia o psicología evolutiva no nos conciernen, lee a Steven Pinker. Resulta apasionante como este gran psicólogo explica las relaciones familiares a partir de la genética y la evolución. Desde la relación entre los hermanos (¿sabías que el primogénito suele ser conservador y peleón, mientras al segundo no le cabe otra que ser apaciguador y tolerante?. Yo no, pero ahora entiendo algunas cosas de mi propia familia) a la probabilidad, estadísticamente más alta que en otros supuestos, de que los padrastros maltraten a los hijos de su nueva pareja (por una cuestión evolutiva: queremos, la evolución quiere, que nuestros genes tengan continuidad y los hijos no biológicos son solo un estorbo por el que no estamos dispuestos a sacrificarnos). Lo que no quita, evidentemente, como recuerda el propio Pinker, que existen muchos padrastros benevolentes con muchísimo mérito.
Por no hablar del conocimiento de que los adolescentes siguen mucho más a su grupo de iguales que a sus padres, lo cual rebaja las expectativas paternas de influencia sobre los hijos, pero también desculpabiliza bastante.
Y si eres de los que oyen “ciencia” y te salen sarpullidos (quizás tú no, pero te aseguro que educadores sociales hay unos cuantos) te aseguro que Pinker es menos determinista que muchos profesionales de lo social que explican siempre la conducta humana como un producto de las circunstancias y el medio ambiente. ¡Y mucho menos dogmático que ellos!

El año que viene se celebrará en Cataluña el primer Congreso de Servicios Sociales. Aunque el contenido está todavía en la cocina, parece que la ciencia tendrá un lugar preponderante. Es una gran noticia. Solo tengo un pero: casi siempre que nos hemos acercado desde la educación social a la ciencia ha sido para hablar de sus peligros (las implicaciones éticas, los abusos de las farmacéuticas, los riesgos de la manipulación genética, etc.). No está mal, pero creo que el debate entre profesiones como las nuestras y la ciencia puede ser mucho más fructífero y también en positivo.
Seguramente faltan muchos años para que los descubrimientos en neurociencia se traduzcan en aportaciones concretas a la educación social y a los servicios públicos. Pero estas serán inevitables, tarde o temprano. Nos interpelan sobre conceptos, tan "nuestros", como responsabilidad, libre albedrío, conducta, grupo. Será necesario entonces involucrarnos también en los nuevos discursos. O eso o esperar a que algunos políticos hagan una lectura interesada o manipulada de los avances científicos para recortar en derechos. Aunque sea un apasionado del tema, creo que esas mismas aportaciones de la ciencia solo serian aceptables si sirven para dar una atención más justa y humana al ciudadano, no para lo contrario.

De momento, y a la espera de noticias, a mi todo esto me ha hecho dudar de algunas certezas y explicaciones del ser humano que hemos dado como ciertas hasta ahora. Yo no se tú, pero mientras más leo a gente como Pinker o Eagleman, miro a los ciudadanos que vienen a servicios sociales, a mí mismo, con otros ojos.

* Este post es parte de la charla que mantuvimos el pasado miércoles en el Consell Comarcal de La Selva, con trabajadores y educadores sociales de los Servicios Sociales. Entre otra bibliografía, los ejemplos que explico aquí están sacados de dos libros: Incógnito,  del neurocientífico Davi Eagleman y , Cómo funciona la mente, de Steven Pinker

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* Apunten en sus agendas la obra de teatro De cartones y hombres, el 7 de junio en la Sala Almazen. La semana que viene les cuento las buenas críticas que está teniendo esta pequeña joya de mi brother, Rafa Sánchez. 












jueves, 2 de mayo de 2013

y la semana que viene...¡HABLAREMOS DE LA CIENCIA!



* Cartel de la semana de la ciencia de Benicarló, obra de Anna Fonollosa. 

Alaska, 2 de mayo de 2013, 

Nuestra coordinadora ha tenido una buena idea.  Cada miércoles primero de mes, en la reunión habitual de todo el equipo y de forma voluntaria, uno de nosotros dará una pequeña charla sobre algún tema relacionado con el trabajo y con sus habilidades o conocimientos. Me parece fantástico. Una forma de aprovechar el potencial de las personas, de compartir, de motivar , de hacer equipo. 
La primera iba de filosofía (uno de los educadores es filósofo de formación). Fue una gozada sentir los nombres de Schopenhauer, Nietzsche, Kant, etc. en los servicios sociales. En la segunda, dos compañeras veteranas explicaron cómo era eso de los servicios sociales en los noventa, antes de los ordenadores y de Internet.

Bien, el miércoles que viene me toca a mí. Muchos esperaban que hablara de las TIC. Normal, últimamente voy dando la chapa con el tema a todo ser vivo. Ya no sé si soy un experto o un pesao.
Pero no. Les hablaré de ciencia, otra de mis neuras.

El reto (¡uf!, el reto) es demostrar (¡uf!, demostrar) que los últimos avances en neurociencia o psicología evolutiva nos interpelan y tendrán consecuencias en nuestro trabajo. Convencido  como estoy de que en nuestra disciplina hemos llegado a un punto muerto del que solo saldremos si nos empapamos de lecturas diferentes a las habituales. ¡Uf!


Intentaré hacer un machembrado de ciencia aplicada y recreativa. Un batiburrillo muy poco ortodoxo de mis últimas lecturas: Eagleman, Dawkins, Pinker, Lehrer. A ver cómo me sale, porque soy un vulgar aficionaillo del tema. Un Punset de estar por casa.

¡Glups! ¡Vuestro humilde servidor se mete en cada fregao! 

El jueves te lo cuento chaval. 

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Y no se olviden, este viernes, en el Almazen, Rafa: 




miércoles, 24 de abril de 2013

MATAR A ALGUIEN EMPUJÁNDOLO O APRETANDO UN BOTÓN



Alaska, 24 de abril de 2013,



Quizás lo ha observado alguna vez: una persona a la que conoce, alguien amable, dialogante, razonable, se comporta un día como un energúmeno en alguna red social. Sin motivo aparente, sin mediar provocación. Quizás usted mismo se ha comportado así alguna vez. No hablo solo de lo que suele pasar en las redes sociales cuando la gente interactúa anónimamente y se siente arropada por el grupo (asómese a twitter, que presume de ser una red donde prima el intercambio profesional, y siéntese a contemplar como el pueblo despelleja a alguien cada día).  No, no me refiero solo a eso. Me refiero también a situaciones donde la persona actúa con su identidad real, pero con una agresividad y un lenguaje que nunca hubiera utilizado si la conversación, un debate razonable sobre cualquier tema, se hubiese dado en persona. 

No creo que vaya a descubrir nada nuevo. Seguramente habrá oído decir alguna vez que la comunicación digital es más fría, que las redes 2.0 nunca podrán substituir  lo presencial, etc. Seguramente todo eso es cierto. Pero resulta que he estado estos días leyendo el excelente libro del neurocientífico David Eagleman, Incógnito. Las vidas secretas del cerebro, y en uno de sus capítulos me dije tate, aquí hay tomate.

Se lo resumo muy resumido. En un experimento clásico se pregunta a la gente si estaría dispuesta a  provocar la muerte de un inocente si con eso salva la vida a más personas. La mayoría de la gente dice que sí, por una cuestión de sentido común: es mejor que muera uno que no que mueran muchos. 
Bien. El investigador da una vuelta de tuerca al asunto. Si para salvar a ese grupo de personas, usted tiene que apretar un botón que abre una palanca por la que esa persona inocente cae al vacío, ¿lo apretaría?. Una gran mayoría siguen diciendo que sí, que lo apretaría sin dudarlo. Recuerden, se trata de salvar muchas vidas por una sola.  Bien. Apretemos la tuerca un poco más.¿Y sí, en vez de apretar un botón, es usted el que tiene que empujar a ese inocente al vacío?. Piénselo. Salvará más vidas, usted solo tiene que acercarse y empujarlo. ¿Qué haría? Ummm. La mayoría de personas sometidas al dilema se detienen aquí, piensan, quizás acaben empujando, pero desde luego eso les provoca muchas más dudas que apretar un simple botón, aunque la consecuencia final sea idéntica en un caso y otro. 
Empujar al otro, entrar en contacto físico, nos inmiscuye mucho más, mientras que apretar un botón es algo frío, distante, inhumano.

¿Qué tiene que ver todo esto con las redes sociales?. A lo mejor Eagleman me mata, pero creo que bastante. La conversación internauta adolece de los matices de la conversación presencial. Y , lo que es más importante, adolece de la presencia humana, del contacto físico (y muchas veces visual) con el otro. Al final es apretar un botón, una tecla, enter,  como quien aprieta el botón de una bomba atómica. El propio acto y sus consecuencias se deshumanizan, incluso cuando estamos haciendo algo tan humano como comunicarnos.  
No tengo la solución, pero hay cosas que pueden ayudar a la conversación 2.0. Por ejemplo los emoticonos, una manera, aunque bastante primaria, de ponerle una emoción a un texto que pueda dar lugar a malentendidos.   Recuerdan de vez en cuando que detrás hay una persona escribiendo, no una máquina. También creo que es importante  poner reglas en algunos debates o algún tipo de moderación en los comentarios que nos recuerden que no están permitidos los insultos o las amenazas, por ejemplo. Algo, en todo caso, que haga entrar en acción a la conciencia y que retrase un poco el momento de apretar el botón.

En cuanto al libro de Eagleman, pone en jaque nuestra concepción del libre albedrío  ¿Somos la persona amable que conversa tranquila y pacífica en el bar o la que se explaya como una bestia contra algún personaje famoso en facebook? ¿Somos las dos, o más una que la otra? ¿En qué circunstancias parece que dejamos de ser un poco nosotros mismos, o, al menos, el que nosotros pensamos que somos? ¿Quién manda en nuestra máquina?.

El libro de este científico me ha fascinado y plantea muchísimos interrogantes a una profesión como la nuestra. Pero esto será en próximos capítulos. 

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El viernes 3 de mayo vuelve De Cartones y hombres a la Sala Almazen. Rafa está fantástico. ¡Corran a verla!

















viernes, 25 de mayo de 2012

GOULD, FREUD Y OTRAS MIGAS.

Alaska, 25 de mayo de 2012,

Voy leyendo #eneltren al extraordinario paleontólogo y biólogo evolutivo Sthepen Jay Gould (1941-2002). Extraordinario aunque estuviera enfrentado científicamente a mis queridos Dawkins y Pinker. Gould tiene artículos asombrosos y una enorme capacidad para encontrar nexos en temas que aparentan no tener nada que ver. Lo mismo escribe un homenaje biológico a Mickey Mouse que habla del pulgar del panda de la tecnología. Escribe fenomenal. El último artículo suyo que he leído en este libro de recopilaciones (Gould. Crítica,2003) habla de Freud. Ya saben que yo salivo cuando oigo nombrar a Freud. Concretamente habla de la famosa y falsa teoría freudiana de la madurez sexual femenina como una transferencia del orgasmo clitorídeo al vaginal. El psicoanálisis ha hecho mucho daño y lo sigue haciendo, aunque ahora mitigado. Pocos se atreven a mantener semejante idiotez. 

Me dice M., mientras desayunamos, que el psicoanálisis ha evolucionado. Lo dudo. Es el problema de una doctrina que se basa no en el conocimiento científico y probado, sino en la palabra de Freud. Cuestión de fe (lean alguno de los panfletos donde se reúnen los psicoanalistas y verán el carácter sectario de su lenguaje). 
Es cierto que las disciplinas científicas pueden avanzar, pero lo hacen cuando hay un sustrato de verdad en lo que explican. Porque si lo que se descubre va en contra de toda la teoría anterior lo que se hace es desechar esa  teoría y crear una nueva. El psicoanálisis no puede avanzar por la sencilla razón de que si se cuestionan los pilares que lo sustentan se hunde. Bajo la teoría (linda teoría, no lo niego) del psicoanálisis no hay hechos ni una base real. Negar los pilares que defendió Freud es negar el psicoanálisis. Otra cosa es que muchos psicoanalistas se vayan reciclando en otras cosas (la sistémica o el constructivismo están llenos de expsicoanalistas) sin renegar del todo de su pasado, o que algunos en realidad practiquen otras disciplinas en sus consultas aunque sigan llamándole psicoanálisis a la cosa para conservar los posibles réditos que les da todavía el ser discípulos de Freud. De los otros, de los que siguen aún a pie juntillas sus doctrinas, mejor cuidarse. 

***Vuitenes Jornades de Serveis Socials Bàsics
Nuestro Laboratorio de Ideas, el espacio de reflexión y creatividad para proyectos de educación social de la comarca de La Selva (Girona), se viste de largo. La presentación será en las Novenes Jornades de Serveis Socials Bàsics, los próximos 6 y 7 de junio. 

***

El proyecto "Las TIC al servicio del ciudadano" que estoy realizando en Sils y Vilobí d'Onyar (Girona) cada vez me sorprende más. Y no solo por las estupendas aportaciones que están haciendo los usuarios. El otro día en el taller rompieron, así, como quien no quiere la cosa, la dicotomía entre lo virtual y lo presencial. X y M estaban sentadas con sus ordenadores una al lado de la otra y empezaron a enviarse comentarios por el facebook mientras hablaban y sonreían. ¡Qué tontería, dirán algunos! ¡Si estaban allí! Bueno, bueno, que confiesen todos los que han hecho alguna vez lo mismo con algún  sms o algún whatsap. La cuestión de lo que puede aportar lo virtual a la charla presencial de toda la vida tiene su miga.
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El viernes 1 de junio volvemos con el Alaska 2099 , a las 21h, en la sala Almazen (Barcelona). 

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA ACTITUD CIENTÍFICA


Alaska, 7 de marzo de 2012,

Suele pasarme cuando insisto en que la ciencia esté presente en nuestras oraciones. Me preguntan a qué me refiero, cómo podemos ser científicos en una disciplina como la nuestra que es más de aplicación que de investigación. Es cierto, no podemos ir usando un método científico de la señorita Pepis, de mentirijillas, mientras hacemos entrevistas, ni convertir el despacho en un laboratorio. No sé a ustedes, pero a mí no me pagan para hacer ciencia. Defiendo, eso sí, incluso fieramente, que nos alimentemos de la Neurobiología, la Genética o la Psicología Evolutiva, igual que bebemos de la Filosofía, la Pedagogía o la Historia. Por fortuna, aunque en los planes de estudio de la educación social o en las definiciones de la profesión que hacen los colegios profesionales se marginen este tipo de disciplinas (ya saben, somos una profesión humanística y bla, bla,bla, como si la genética o la neurobiología no hablaran del hombre) por fortuna, digo, la ciencia está al alcance de un click, en excelentes blogs o revistas digitales que nos dan pistas de cómo somos los seres humanos. Desgraciadamente hay profesionales que siguen diciendo que eso no va con ellos. “Eso”, la ciencia. “Eso” es, por ejemplo, el funcionamiento del cerebro. A lo mejor es verdad que el cerebro no van con ellos.

Pero yo quería hablarles de otra cosa. Aunque no hagamos estrictamente ciencia, sí que podemos ser “científicos”. Me refiero a tener una “actitud científica” en el trabajo. Se trata de ser rigurosos. Se trata de un interés en la verdad. En la objetividad. De un interés en los blancos y los negros, además de los grises. Una inquebrantable búsqueda de los hechos y no tan solo de las opiniones. Se trata de entrenar el olfato para detectar los lugares comunes, los prejuicios, la corrección política, de los que esta profesión anda sobrado.
Pongo ejemplos, aunque esto es un post y veo que me voy a alargar más de la cuenta. Un ejemplo que no es de la profesión, para descansar un rato de mi mismo. Cuando en una manifestación la policía dice que cuarenta mil personas y los organizadores dicen que un millón, alguien de los dos miente. O mienten los dos. La actitud científica es querer saber la verdad. Porque la verdad, una sola verdad, no es aquí un tema baladí. Nos da la medida exacta de la participación en la manifestación. Es cierto que los datos están para interpretarlos. Pero hay datos que son ya toda una interpretación, y que pueden ser contundentes y concluyentes por mucho que uno quiera maquillarlos.
Cuando algún profesor me dice que en su instituto hay mucho tráfico de droga, o mucho consumo, o mucho absentismo o mucho lo que sea, le pido datos. Se sorprenderían de la cantidad de veces que ese mucho se queda casi en nada, se queda en bueno tenemos un caso que. También cuando un gobierno habla de fraude en la RMI quiero datos, no solo percepciones.
Muchos de ustedes en estos momentos habrán hecho las memorias de sus servicios. Muchos de ustedes habrán repetido la letanía de los educadores, ese desprecio por los datos cuantitativos, esa dicotomía entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Esa mentira. Como si lo cuantitativo no fuese cualitativo por definición, además de condición sine qua non. Como si lo cualitativo no fuese siempre, y también, datos y hechos además de interpretaciones.

La actitud científica, el rigor, la pregunta ingenua (maliciosamente ingenua, si quieren, esa pregunta que quiere saber). De eso se trata. No crean que voy de enteradillo (bueno, quizás alguna veces sí, con el tiempo se vuelve uno un poco resabiado), es más, la actitud científica me la aplico a mi mismo. En eso soy implacable. Tanto lo soy que me desmiento un par de veces al día, por lo menos.
Pero cuidado, que con la actitud científica no se hacen amigos, ya les aviso. Eso de preguntar, de preguntar cuando nadie pregunta, de que se haga el silencio porque se cuestione lo incuestionable. Eso de andar tocando los cojones. En esta profesión nuestra donde hay más buenrollismo por kilómetro cuadrado que en cualquier otra, si te sales del guión en algunos temas como la política, el lenguaje sexista o la interculturalidad,   si preguntas por datos, hechos o argumentos, te pueden dejan caer muy sutilmente que eres un poco facha, o un poco machista, o un poco racista. ¿Es un poco facha, no?. Siempre un poco, eso sí, ¿eh?  De buen rollo te lo digo.

Con los años me he suavizado. He aprendido que la diplomacia no está reñida con la actitud científica. He aprendido a cuestionar(me) o a preguntar(me) con buenas maneras. Y a encajar las críticas y la actitud científica de los demás. Pero aún así se sigue estando más solo, menos comprendido. Empieza uno a discutir y le sueltan el mantra ¿no me estarás intentando convencer? como si fuera lo peor que le puede pasar a un ser humano. Pues claro que le estoy intentando convencer. Como en cualquier conversación que valga la pena. Y ojalá me convenza usted un poco a mí con mejores argumentos que los míos. Yo no debato para quedarme en el mismo sitio. El tiempo no me sobra.

La actitud científica. Más libre, pero más solo. Y viceversa.

viernes, 30 de diciembre de 2011

CONVERSACIONES SOBRE CIENCIA Y EDUCACIÓN ENTRE UN SOLOMILLO A LA PIMIENTA (segunda parte)

Alaska, 29 de diciembre de 2011,

Me había quedado en el solomillo. J y yo discutíamos con contundencia, como discuten los amigos cuando el tema les interesa y hay confianza. No recuerdo todo el hilo de la conversación, pero si recuerdo que, en un momento de esta, J me dijo que si la ciencia, tal como pretendía, reducía al ser humano a sus genes, entonces no dejaba ningún lugar para la educación. Ummm, pensé yo, relamiéndome: ahí está, ahí está, resumido, un equívoco de la educación social. Ahí está, quizás, la causa de su divorcio de la ciencia durante años, de su mirada desconfiada. Quizás por eso (aunque eso lo pienso ahora, no durante la comida) profesionales tan buenos e influyentes para la educación social como J. R. Ubieto, psicólogo clínico y psicoanalista, puedan afirmar cosas como: "el cientificismo en boga apunta a la extinción de lo subjetivo en nombre de una programación genética o neuronal que dejaría al hombre a merced de su cerebro, único creador de nuestras vidas."

Decir que toda la ciencia es reduccionista es un pensamiento reduccionista.
Resolvamos, pues, el equívoco, aunque se nos enfríe el solomillo.

1). La ciencia reconoce la importancia del medio en el desarrollo de la personalidad del ser humano. Que se descubra un gen que predisponga a algo, o que explique alguna característica, no elimina automáticamente la importancia del medio. En todo caso añade información valiosa de cómo ese medio puede influir en la persona. Pero oigamos la voz, no de los supertacañones, sino del científico Steven Pinker: "Las personas a veces temen que si los genes afectan de algún modo a la mente, deben determinarla en todos sus detalles. Es un error, por dos razones. La primera es que la mayoría de los efectos de los genes son probabilísticos. (...) La segunda razón de que los genes no lo son todo es que sus efectos pueden variar en función del medio". Lo que, en cualquier caso, la genética y la neurociencia demuestran es que no siempre se puede culpar a unos padres o a la sociedad de las conductas antisociales de las personas.
Es paradójico que no sean tanto los científicos los que desprecien la influencia del medio, sino al contrario: son las disciplinas sociales, como la educación social, las que suelen despreciar los avances científicos en genética o psicología evolutiva. De hecho, también hay un reduccionismo o determinismo social, tan o más peligroso que el científico: aquel que propugna que "lo social" lo puede todo y todo lo explica.

2) Los avances actuales y futuros en genética no hacen ni harán a la persona irresponsable de sus actos. Igual que no consideramos irresponsable de sus actos a un delincuente, aunque se haya criado en un medio desfavorable y eso pueda haber influido en su personalidad. Y es que una cosa son las doctrinas morales y otras las científicas. Donde y hasta donde una persona es responsable de sus actos es algo que pertenece al orden de las primeras, algo en lo que la sociedad en su conjunto se pone de acuerdo, no algo que pueda determinar la ciencia por sí sola. Los conocimientos que aportan las ciencias o las humanidades pueden influir en las doctrinas morales o en los valores, pero no los determinan.

Ya a medio solomillo, alguien comenta los riesgos de la ciencia, los riesgos de saber demasiado sobre nosotros mismos. Siempre que se habla de ciencia sus detractores suelen esgrimir el apocalipsis: la eugenesia, los experimentos frankensteinianos, etc.
Volvamos a Pinker (lo siento, es uno de mis científicos de cabecera) mientras yo saboreo el último sorbo de este excelente vino: " Hoy, muchos autores equiparan con todo convencimiento la genética conductista con la eugenesia, como si estudiar los correlatos genéticos de la conducta fuera lo mismo que coaccionar a las personas en su decisión de tener hijos. Muchos equiparan la psicología evolutiva con el darwinismo social, como si el hecho de estudiar nuestras raíces evolutivas fuera lo mismo que justificar la condición de los pobres". No, no es lo mismo por la sencilla razón de que los ideales políticos de la igualdad de oportunidades o de derechos son doctrinas morales sobre cómo hay que tratar a las personas, no hipótesis científicas sobre cómo son las personas.

"La cuestión no es si cada vez se va a explicar mejor la naturaleza humana con las ciencias de la mente, el cerebro, los genes y la evolución, sino qué vamos a hacer con estos conocimientos. ¿Cuáles son de hecho las implicaciones para nuestra idea de igualdad, progreso, responsabilidad y el valor de la persona?. Quienes desde la izquierda y desde la derecha se oponen a las ciencias de la naturaleza humana tienen razón en una cosa: se trata de cuestiones vitales. Lo cual es mayor motivo para que se afronten no con miedo y recelo, sino con la razón".

¿Queremos saber más sobre nosotros mismos?. ¿Más sobre porqué somos como somos y nos comportamos como nos comportamos, o preferimos mantenernos en la oscuridad? Yo lo tengo claro.

PD: El solomillo se enfrió irremediablemente, pero valió la pena; no siempre se puede discutir a la italiana, poniendo toda la carne en el asador, incluido el solomillo. Al final acabamos brindando todos, por nosotros y por la Navidad, demostrando, por si hacía falta, que una buena manera de respetar a las personas es discutiendo sobre sus ideas.

Feliz año 2012
a todos los lectores (lo cual incluye a las lectoras, ¿hace falta decirlo?) de este blog.









jueves, 22 de diciembre de 2011

CONVERSACIONES SOBRE CIENCIA Y PSICOANÁLISIS ENTRE UNOS HUEVOS ESTRELLADOS (primera parte)

Alaska, 21 de diciembre de 2011,

El psicoanálisis. Pasó el sábado, en el restaurante 360 grados, de Barcelona. Veníamos de una reunión agotadora, cansados y con hambre. Más o menos coincidiendo con la llegada del primer plato, unos huevos estrellados con una pinta excelente, comentamos la película “Un método peligroso”, sobre la relación de Freud y Jung. Muy buena, por cierto. Creo que en ese punto arranca la discusión sobre el psicoanálisis. 
Comienzo diciendo que el psicoanálisis es la historia de un fracaso. Ellos, P y J, a los que luego se añadirá CH, dicen que soy extremista y exagerado. Yo avanzo con toda mi caballería, en mi salsa, mientras los huevos estrellados se van enfriando: el complejo de Edipo, la interpretación de los sueños, el complejo de Electra ¿quién sostiene en la actualidad, salvo los psicoanalistas y lacanianos más recalcitrantes, esa sarta de tonterías?.
Mientras, CH J y P me dicen que no me quede solo con eso. ¿Sólo con eso? ¿Solo con eso? ¡Pero si son los pilares del psicoanálisis!, digo yo, exaltado y exultante. Los psicoanalistas son tan astutos que renuncian a lo fundamental de su doctrina (lo que equivale a reconocer su derrota) pero no a la marca. Por lo visto, pese a todo, el psicoanálisis todavía tiene caché. Sobre todo no renuncian a una de sus características, lo poco que queda de hecho del psicoanálisis en sus terapias: ellos no curan ni resuelven nada, pero sus análisis pueden durar toda la vida. A precio de oro, eso sí, que en su jerga ininteligible ellos llamarán, para no ensuciarse: el Otro.
Empiezo a hincarle el diente a los huevos, aunque me conozco y de lo excitado que estoy (no siempre puede uno discutir de estas cosas con amigos a las cuatro de la tarde) estoy deseando pegarle otra arremetida al tema.
Sobre las tres y media J nombra a Lacan. Porque el psicoanálisis no es solo Freud, dice. ¿Lacan? ¿Lacan me dices? ¿El de la Fórmula del Fantasma? ¿El del Sujeto Barrado? ¿El de la Envidia de Pene? (si, han leído bien, envidia de pene. Si hombre, esa que tienen todas las mujeres). ¿Lacan el incomprensible?, ¿El mismo que utiliza términos científicos de los que no tiene ni idea como destaparon Sokal y Bricmont en su estupendo ensayo Imposturas Intelectuales? ¿Lacan, dices? Hombre, hombre.
El psicoanálisis es la historia de un fracaso. Un modelo que aspiraba a explicar todas las enfermedades mentales (en realidad aspiraba a explicar TODO), basado en el manual de un inspirado escritor de fábulas (basta leer a M. Onfray y su irregular pero clarificadorEl crepúsculo de un ídolo, o a Janet Malcolm y su excelente reportaje, En los archivos de Freud, para darse cuenta de lo endeble del edificio freudiano), un modelo que aspiraba a hacer ciencia sin el peaje del rigor exigible, un modelo, digo, relegado ahora a psicología de salón, después de reinventarse tanto que ni él mismo se reconoce. 
El psicoanálisis ha matado al padre pero finge no estar desnudo.
Aunque siguen existiendo los psicoanalistas radicales (algunos siguen explicando el autismo por la relación entre la madre y su hijo y cosas así). por fortuna la mayoría de los que dicen llamarse psicoanalistas en realidad son como los comunistas europeos que solo conservan, por fortuna, el nombre. El nombre y un hablar raro, lo suficientemente raro para que solo se entiendan ellos mismos, si es que se entienden.
Al final, cuando ya me retiran el plato convencidos de que no acabaré con los huevos, P comenta que el psicoanalista tiene que pasar por duras pruebas, de experiencia y de formación, para llegar a serlo. Yo le despacho rápidamente con un chulesco: ¿y?. Añadiendo que también hay tarotistas o astrólogos que se esfuerzan mucho. Vale, me he pasado, no me extraña que haya gente que me tenga  manía. Es que me caliento. Es que el psicoanálisis es como Apple: domina toda la experiencia del usuario. Los psicoanalistas se inventan una teoría y se encargan ellos mismos de decir qué formación es la adecuada para formar a otros psicoanalistas. Formación que impartirán solo ellos, por supuesto. Fueron también listos al inventarse un modelo donde el terapeuta apenas interviene, un modelo descansado, digamos, aunque no llevaron su osadía al extremo de quitarle al cliente su diván. Ahí estuvieron bien.
También se cuidaron de blindarse a las críticas: Cuando alguien les tose o les discute, cuando alguien osa decirles que ni una sola, ni una, de sus teorías se ha podido demostrar, dicen que es que tienes resistencias, o miedos, o que no  les entiendes. Es lo que tienen las teorías autoreferenciales.
J, cuando me traen el segundo plato, un lomo ibérico al punto con salsa de pimienta, dice que el psicoanálisis es ciencia. Yo creo que lo hace para joderme, para que se me vuelva a enfriar el plato, porque sabe que me voy a tirar a la yugular. Eso es, precisamente, lo peor del psicoanálisis, su pretensión de científica. Total, que acabamos hablando, como si de una segunda parte se tratara, de la ciencia. Yo a favor, claro.
Una segunda parte un punto más acalorada que la primera. Por el tema, que me pone, y porque el excelente vino blanco, frío y afrutado, del que no recuerdo el nombre, empieza a hacer su efecto.
Continuará....


Pintura: Jobs and Freud, de A. Kurban

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿LIBRE ALBEDRÍO O REPLICANTES?


Alaska, 23 de marzo de 2011,
Acabo de leer Conversaciones sobre la conciencia, de Susan Blackmore. Susan es psicóloga y fisióloga y en el libro conversa con veintiún destacados científicos y filósofos sobre la mente, el cerebro y la conciencia. Por qué tenemos conciencia (si es que tenemos) y por qué tenemos la noción de un yo que decide son algunos de los grandes interrogantes de la ciencia.
 Susan hace una pregunta a sus entrevistados, lógica tratándose del tema que lleva entre manos: ¿tenemos libre albedrío?. Algunos de los científicos, como Christof Koch, catedrático de Computación y Sistemas neuronales, o Francis Crick, el famoso descubridor de la estructura del ADN, responden que probablemente no. También es cierto que inmediatamente después añaden que no les queda otro remedio que vivir como si lo tuvieran. Una respuesta que, por otra parte, remite a Kant: es característico de la toma de decisiones consciente que sólo puedes proceder bajo la presunción del libre albedrío. A Kant no parecía preocuparle demasiado la cuestión de si este existe verdaderamente o no.
Otros, como el filósofo John Searle o el psicólogo Kevin O’Regan no dudan de que exista, pero reconocen que no saben cómo explicar su existencia en un animal biológico de nuestra clase. Interesante la respuesta de O’Reagan a la pregunta ¿crees que tienes libre albedrío?: "Sí. Como todo el mundo. Incluso los robots creen que tienen libre albedrío, aunque no lo tengan".

Susan también pregunta sobre la posibilidad futura de crear un zombi. La idea del zombi es una idea filosófica. El zombi sería una máquina o criatura que se comporta como una persona consciente, pero que no tiene conciencia. Una especie de replicante de Blade Runner. Un zombi. En todo caso una idea que da lugar a interesantes reflexiones.

El libro de Susan Blackmore es un libro (también) de educación social. Lo es en la medida en que debería serlo cualquier libro sobre la mente y el comportamiento humano. A medida que la ciencia vaya avanzando en estos aspectos nos interesa saber todo lo que está en la trastienda de las acciones humanas.
El libre albedrío. ¿Quién de los educadores que me leen no se ha hecho la pregunta de cuanto influyen sus intervenciones profesionales en el sujeto? Pregunta clave para encarar la profesión pero también fuente de nuestras frustraciones. Las dificultades a ese respecto las experimenta cualquier educador diariamente en su trabajo con menores o con adultos. Freud no nos dio mucha cancha al respecto al incluir a la educación dentro de las profesiones imposibles. Pero esa afirmación, casi provocativa, quizás no tenia en cuenta que la imposibilidad, o dificultad, no era solo porque, en última instancia, el sujeto siempre elige ( y no siempre elige del lado de lo que los profesionales consideran su Bien) sino porque, como apuntan algunos descubrimientos científicos, quizás algunas de nuestras decisiones o comportamientos están más condicionados por la biología o la genética de lo que queremos reconocer. Quizás Freud, y su idea de un inconsciente que influye en nuestros actos, y el determinismo de Francis Crick, no estén tan alejados como parece.

¿Eso es una invitación a no hacer nada? Al contrario. La lucha de la educación social para que las personas puedan tener las mismas oportunidades en una estructura social que continúa siendo, hoy por hoy, muy injusta es un compromiso insoslayable. Un objetivo que casa completamente con cualquier explicación biológica o evolutiva. Se trata solo de conocer más y mejor el comportamiento humano para mejorar nuestras intervenciones.
***
           
Hace unos días, trabajando en una sesión sobre la revista del CEESC (Quaderns d’Educació Social) la mayoría de profesionales abogábamos para que, independientemente de los posibles cambios que se introdujeran, la revista mantuviera su carácter “científico”. Ya sé que cuando hablamos en esos términos estamos pensando más en la rigurosidad de los artículos que en la ciencia en si, pero es curioso que usemos el término “científico” como garantía de calidad y prestigio y sin embargo desterremos a la ciencia del debate profesional.
¿Qué ha pasado para que esto suceda?
Pues han pasado algunas cosas:

1. La secular separación, en algunos momentos batalla, entre humanidades y ciencia. Una separación absurda en disciplinas que tienen el mismo objeto de estudio y que en vez de complementarse se han dedicado a tirarse los trastos.
2. La ciencia  en ocasiones no ha hecho los esfuerzos necesarios para explicarse.  En otras, ha actuado con demasiada soberbia, como si la sociedad no fuera con ella.
3. Los tópicos sobre la ciencia de aquellos para los cuales la ciencia siempre se mueve por intereses ocultos, han hecho mucho daño. Suelen defenderlos, con ímpetu agresivo a veces, los que nunca han abierto un libro científico. Son también los que se dejan llevar por reflexiones pseudocientíficas, comentarios poco rigurosos, teorías conspirativas, dogmas, etc.
4. Hay otro motivo que atañe a la educación social en particular: el miedo. El miedo nos ha hecho visualizar a la ciencia como competidora en vez de como aliada. La educación social no ha querido hasta ahora hablar de la ciencia porque ha considerado que se inmiscuye en terrenos que considera suyos. Pero yo creo que tan peligrosa es una ciencia reduccionista como una educación omnipotente que cree que la educación lo puede todo. Ambos modelos han provocado muchos desastres humanitarios en la historia y también los suelen provocar a un nivel más individual y cotidiano.
Es hora ya de que las humanidades y la ciencia comiencen a mirarse sin desconfianza y trabajen juntas.

Como dijo una vez mi admirado Carl Sagan:
“Hemos preparado una civilización global en la que los elementos más cruciales -el transporte, las comunicaciones y todas las demás industrias: la agricultura, la medicina, la educación, el ocio, la protección del medio ambiente, e incluso la institución democrática clave de las elecciones- dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos dispuesto las cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre.

(Ciencia & tecnología & cultura=No están mal como nuevos retos de la educación social)
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Gira 2011
-30 de marzo, Barcelona (sala Almazen) (representación exclusiva para estudiantes).
- 1 de abril, Barcelona (sala Almazen)
-13 de abril, La Coruña
-14 de abril, Orense
-13 de mayo, Barcelona (Centre Civic Golferichs)


lunes, 28 de junio de 2010

PINKER & BAILLARGEON

 
1. Estaba acabando el libro La paradoja sexual, y el capítulo 9 lo dedica Susan Pinker al TDAH, justo dos días después de que yo sacara el tema en el blog. Casualidades de la vida, o lo que pasa cuando te vas a comprar un coche, o una camisa: que ves a tu futuro coche o a tu camisa por todos lados.
El artículo de Pinker es muy interesante, porque sin dejar de reconocer que el TDAH es un trastorno que crea dificultades y es la causa del fracaso escolar de la mayoría de personas que lo padecen, se centra en personas que han conseguido hacer del TDHA el secreto de su éxito. Por ejemplo el caso de David Neeleman, fundador de las líneas aéreas JetBlue. El TDHA le reforzó el ingenio, para compensar sus carencias: "Neeleman perdía el reloj con tanta frecuencia que los compraba de cinco en cinco. Se dejó olvidados los billetes de avión tantas veces que se le ocurrió pensar en billetes que no necesitaran papel". Su sistema de billetes electrónicos le convirtió en un millonario.
Quizás sólo sea anecdótico, pero lo importante de lo que nos cuenta Susan Pinker es que cuando se hace un buen diagnóstico en la infancia y la red social se adapta a las dificultades que esos menores presentan, algunos de los síntomas del TDAH pueden pasar a ser una ventaja. Es lo que descubrieron en 1993 dos investigadoras, Weiss y Hechtman, después de seguir hasta la edad adulta a una gran muestra de niños con TDHA. La mayoría les dijeron que descubrir que tenían un talento especial, gracias a un profesor o a los padres, les había ayudado a seguir adelante. Lo que no está muy lejos de algunas de las conclusiones en las investigaciones sobre resiliencia. Alguien había creído en ellos.

2. También he acabado el excelente ensayo Curso de Autodefensa Intelectual, de Normand Baillargeon. A diferencia de los libros con títulos que llaman la atención, este no decepciona. En uno de los capítulos, Baillargeon nos da pistas sobre como ponernos en guardia con los científicos que hacen trampas. Parece que en las ciencias de la salud es donde se concentran más fraudes conocidos, lo que tiene relación directa con algunas compañías farmacéuticas, interesadas en medicalizar la vida cotidiana: "las compañías farmacéuticas pagan a personal universitario, que tiene una necesidad imperiosa de fondos para llevar a cabo sus investigaciones. Las compañías farmacéuticas, beneficiarias de esa relación de dependencia, se sitúan en una posición que les permite intentar dictar sus proyectos de investigación (a veces lo consiguen) e incluso influir sobre los resultados y su difusión." .
Mis amigos anticientíficos se frotan las manos ante este tipo de párrafos, con los cuales creen demostrar que toda la ciencia es mentira y todo avance científico, puro interés. Pero se equivocan. Tan ingenuo es pensar que no pueda haber corrupción en una disciplina llevada a cabo por seres humanos, como pensar que todo está corrompido. De la misma forma que es ingenuo (y falso) pensar que el interés económico de la industria farmacéutica está siempre reñido con un avance científico que mejore la salud. Como dice el mismo Baillargeon "...no se trata ni de negar la racionalidad de la ciencia ni de buscar siempre y por todas partes, hasta el punto de inventarlos, intereses económicos que falsearían a priori cualquier investigación. Basta con no perder la lucidez ni el espíritu crítico ante la posibilidad de que algunos intereses, generalmente económicos, hayan podido influir en la investigación o en los resultados presentados".


Imagen: KASEY MCMAHON
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miércoles, 31 de marzo de 2010

Transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica


Alaska, 31 de marzo de 2010,

Atractivo título el del post de hoy, ¿eh? Ligerito, ideal para iniciar las vacaciones de semana santa.

Entre nosotros, ¿ha entendido usted algo?. ¿Ni papa?.  Nada, nada, hombre o mujer,  vuelva a leerlo.  Igual lo de hermenéutica…¿no? ¿Tampoco?. Psss. Bueno, bueno, no se preocupe. Ni usted es un zoquete, ni le faltan los conocimientos básicos para entenderlo. Se trata sólo del título de una gamberrada, que removió los cimientos del posmodernismo. El gamberro en cuestión fue Alan Sokal, un físico, que escribió un artículo disparatado, una parodia llena de referencias de autores como Lacan o Baudrillard, mezcladas al azar con formulas científicas inventadas, y lo envió a la prestigiosa revista estadounidense Social Text. Por increible que parezca, la revista incluyó el artículo en un número especial.  Sokal pretendía demostrar que las extrapolaciones incoherentes de la terminología científica a las ciencias humanas engañaban (¡y deslumbraban!) a los mismos especialistas.

Poco después él y otro físico, Jean Bricmont, escribieron Imposturas intelectuales, con un objetivo: demostrar que bajo la prosa oscura de autores como Lacan, Derrida o Deleuze, el rey estaba desnudo. Los dos físicos no pretendían invalidar el resto de la obra de estos autores y se declaraban incompetentes para juzgar aquellas disciplinas que no dominaban, pero se lanzaban al cuello cuando utilizan la jerga científica sin ningún sentido ni pertinencia. Y lo hacian con pruebas difíciles de refutar.

En Imposturas intelectuales, Sokal y Bricmont lanzan un ataque contra el relativismo epistémico, tan en boga en la actualidad. Esa idea tan exitosa de que todo vale lo mismo, de que todo es relativo, de que la verdad o la objetividad es sólo una construcción. Eso, tan televisivo por otra parte, de: "mi verdad". También es una critica demoledora al posmodernismo, término un poco vago y heterogéneo, caracterizado, en palabras de Sokal, por un  “escepticismo generalizado respecto a la ciencia moderna, el interés excesivo por las creencias subjetivas independientemente de su veracidad o falsedad, y el énfasis en el discurso y el lenguaje, en oposición a los hechos a que se aluden, o, peor aún, el rechazo de la idea misma de existencia de unos hechos a los que es posible referirse”.

Leyendo a Bricmont y Sokal uno se da cuenta de que está rodeado de posmodernistas. Personas a las que fascina cualquier texto oscuro (que no es lo mismo que difícil), o que rechazan cualquier enunciado de alguien que se ha dejado las cejas investigando algo, para abrazar sin ninguna dificultad (y lo que es más sorprendente, sin el cuestionamiento del que hacen gala para criticar al de las cejas) cualquier cosa que lleve el apellido de alternativo o contracultural , o que llevan su relativismo al extremo de considerar que todo punto de vista o toda manifestación cultural valen lo mismo y son igual de respetables, por muy monstruosas que estas puedan ser.

En mi caso, Bricmont y Sokal, antes, o Dawkins, Pinker y Malcolm, después, están matando al padre. Porque yo crecí intelectualmente con Freud y sus acólitos. Y con Lacan y su escritura pretenciosa, sus fórmulas del fantasma, sus envidias del pene, sus espejos y su explicación absoluta del mundo. Casi llegué a creérmelo. Pero ese edificio, creado por una mente privilegiada, se va desmoronando poco a poco, delante de mis narices.

Ilustración y PD: Portada del film ¿Y tú que sabes?, corolario cinematográfico de la posmodernidad: los átomos, lo cuántico, el farsante Masaru Emoto y sus cristales milagrosos, las churras y las merinas.
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Una visita al TEATRO FRÁGIL: