martes, 26 de enero de 2010

¿Y SI HARRIS TUVIERA RAZÓN?


Alaska, 26 de enero de 2009,

Por la mañana,
a primera hora, tenía una cita con unos padres que estaban preocupados por la agresividad de su hijo hacía ellos. Un caso que plantea muchos interrogantes. Por eso he empezado como tendría siempre que empezarse: con preguntas. Es hora de preguntar, escuchar y anotar.
Parece que el adolescente funciona bien en el instituto y con los amigos, pero en casa se vuelve una fiera. Sobre todo con su madre. Los padres parecen unas personas muy correctas y no saben a que se debe tanta violencia.
Acabo la entrevista felicitándoles por haber pedido ayuda y les aconsejo que no oculten esta visita a su hijo. Por lo que me han explicado, a él le gustará saber que sus padres quieren encontrar una solución.
El jueves que viene veo a Carlos.

Por la tarde,
dando una vuelta por Internet, leo una entrevista a la psicóloga Judith Rich Harris, la autora del famoso El mito de la educación. Harris sigue manteniendo, doce años después, que las similitudes entre padres e hijos se pueden explicar por la herencia genética y que la influencia de los padres en el comportamiento de sus hijos fuera del hogar, o en su personalidad adulta, es completamente nula.
Harris produce escozor, claro, no sólo entre sus colegas, también entre educadores y, sobre todo, entre padres que no están dispuestos a ser delegados a un papel tan secundario. Harris da una patada a las teorías que defienden que los padres modelan a sus hijos y muestra una cándida ingenuidad, cargada de intención, cuando dice: “Yo pensaba que a las madres les gustaría que les dijeran que no tenían por qué sentirse culpables por los fallos de sus hijos, pero eso implica que tampoco pueden atribuirse sus méritos”.
Pero Harris sigue dando donde más duele: "Siempre hay “expertos” que se ganan la vida aconsejando a los padres, pero los consejos que dan cambian con los años (…)A pesar de los importantes cambios que se han producido recientemente en el papel de los padres, la gente es igual que siempre”
Vaya con la Harris. A ver si lo que dice es verdad y los educadores sociales hemos estado perdiendo el tiempo, y haciéndoselo perder a muchos padres.

Por la noche,
con un vaso de leche caliente y miel, vuelvo a darle vueltas a lo de Harris. Si es así, si Harris tuviera razón, tampoco debería cambiar tanto nuestra intervención, aunque el foco se tendría que dirigir más a las áreas de influencia del adolescente, dada la importancia que la psicóloga da al entorno: la escuela, los recursos del barrio, el grupo, etc. Es decir, dotar de excelencia a los lugares donde el adolescente convive con sus iguales, dado que “su futuro es su propia generación”. Algo que tampoco está tan alejado de las conclusiones de los estudios sobre la resiliencia.
¿Y los padres? :“El trabajo de los padres es darle a sus hijos un hogar seguro y feliz.”. Y tienen un papel fundamental, según la psicóloga, en la selección de los grupos de iguales con lo que se relacionan sus  hijos. Las compañías, vaya.

El jueves
que viene veo a Carlos. Hablaremos de sus amigos, del instituto, de sus padres.
La señora Harris tiene muchos y excelentes detractores. De hecho son ellos, y no ella, los que han estado y siguen estando  presentes en mi formación. A pesar de todo pensaré en J.R. Harris, aunque sólo sea para no culpabilizar a los padres de todo lo que le pase a su retoño.

Fotografía: Jeffrey Vanhoutte.
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Sporting Club Russafa & Factory

jueves, 21 de enero de 2010

ÚLTIMAS NOTICIAS


Alaska, 21 de enero de 2010,

Querido R,

Recuérdame que te deje el libro Historias de Londres, de Enric González . Últimamente estoy leyendo tanta prensa, escrita y digital, que el único libro que he podido acabar es esta pequeña joya de Enric, un periodista que ya tengo ganas de volver a leer.
Te decía que he estado liado con la prensa. Ya sabes que uno de mis pasatiempos es comprobar como nace, se desarrolla y muere una noticia.

Hay noticias que irrumpen en la actualidad sin pedir permiso, como el terremoto de Haití, y ocupan toda la atención. Se trata de noticias de una verdad casi científica, porque la cantidad de datos y hechos que muestran no deja lugar a dudas de porqué esa y no otra es la noticia del momento.
Luego están las noticias que un determinado discurso construye. Por ejemplo el debate que hay en la actualidad sobre la inmigración ilegal. Hace tan solo un par de semanas no había ni un comentario en la prensa sobre el tema. Ni uno. Hace unos meses la televisión no dejaba de emitir imágenes dramáticas de pateras y de inmigrantes que intentaban entrar en el país, pero  parecía que la opinión pública y los medios de comunicación se habían olvidado completamente.

¿Por qué ahora? No creo que sea sólo fruto de la crisis económica. La crisis hace dos años que dura y, en estos momentos, los inmigrantes sin documentación no parecian constituir a ojos de casi nadie una competencia real en el exiguo mercado laboral. Seguramente tiene más que ver con el valor de la inmigración como elemento electoral arrojadizo, a costa de lo que sea. Una forma irresponsable de hacer política. Pero esto ya sería especular y lo que yo opine sobre esto no tiene (Pla dixit) la más mínima importancia.

La cuestión es que la noticia de Haití y la de la inmigración ilegal ocupan ya casi el mismo espacio en la prensa. La diferencia es que mientras el drama de Haití es una verdad incuestionable, que arroja datos, narra hechos, enseña fotos y videos, la otra sólo ofrece “discurso”: tertulianos, el pueblo delante del micrófono, políticos opinando sin despeinarse. Opiniones que hablan del problema de la inmigración, sin atreverse nunca a explicar de qué están hablando cuando hablan de “problema”: ¿ Se trata de una falta de recursos? ¿Cuántos faltan? ¿De qué tipo? ¿Dónde? ¿Se trata de que hay mucha inmigración ilegal? ¿Cuánta? ¿Qué problemas da? ¿Hay delincuencia? ¿Problemas de convivencia? ¿Qué problemas? ¿Son estadísticamente significativos? ¿Hay problemas de integración? ¿Qué significa integrarse? ¿La inmigración ilegal es un problema que tienen que resolver los ayuntamientos? ¿Qué significa para los ayuntamientos en cifras? ¿El empadronamiento resuelve algún problema?
¿Dónde están las cifras, los números, los hechos que demuestren cualquier aseveración?
¿Dónde están los datos?

No están. La respuesta que dan los medios de comunicación son encuestas a pie de calle. La gente envía un SMS con un Sí o un No al número de móvil que ve en pantalla o en un periódico y sigue comiendo. La prensa pregunta al pueblo y este le responde con percepciones. La prensa adopta el postulado posmodernista de que el discurso crea realidad y acaba confundiendo el discurso con los hechos. No sólo los políticos, también la prensa a veces hace populismo.

No creas R., en mi experiencia de educador social ya he vivido antes la presión de las noticias sonda. Como las leyendas urbanas, las noticias sonda aparecen un día, triunfan y después desaparecen del mercado de las necesidades. Hubo momentos en que la noticia podía ser el problema de las drogas, o el problema de la juventud, o el problema de la falta de valores o cualquier cosa que empezase por el problema de. Pocas veces estos temas se contrastaban con datos que situaran la magnitud del problema. A veces los datos los contradecían o apuntaban a otros asuntos, estos sí, verdaderos. Pero la percepción acababa triunfando y se acababan destinando recursos y esfuerzos (proyectos, charlas, talleres) a algunos problemas que sólo estaban en la mente de políticos oportunistas, comunidades de vecinos proclives a escandalizarse, o departamentos que buscaban su justificación.

Lo que en periodismo significa no contrastar noticias, o no hacer las preguntas pertinentes (ya hemos hablado alguna vez tú y yo de que el periodismo actual apunta, pero apenas pregunta), en educación social sería la falta de una buena evaluación inicial.
Algo así como desconocer la magnitud de la tragedia.

Un abrazo

Fotografía: Jeffrey Vanhoutte.

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Factoría Los Sánchez actúa el 29 de enero en Benicàssim y el 30 y 31 en Valencia, en la Sala Sporting Club Russafa.

jueves, 14 de enero de 2010

APESTADOS

Alaska, 14 de enero de 2009,

Si los pueblos de Alaska empiezan a copiar la iniciativa del ayuntamiento de Vic de no empadronar a los inmigrantes indocumentados, esto de hacer de educador social se va a poner muy difícil. Porque, vamos a ver, la medida está pensada para que estos inmigrantes se larguen a otros pueblos, pero ¿Y si no se van? ¿Cómo vamos a saber si estamos atendiendo a uno de ellos? ¿Cómo los distinguimos?
Yo apostaría por marcarlos en la ropa con una señal cualquiera: una cruz, una estrella, un logo. Algo discretito. O mejor aún, un chip electrónico en la piel, para que cuando pasen por el marco de la puerta del despacho se dispare un dispositivo en el ordenador que diga: ¡danger! ¡moro o negrata indeseable!


Juntos, el dispositivo y la etiqueta, serian remedios infalibles y baratos. Mucho más que los recursos que se malgastan en tratar a esos apestados como a personas. Aunque deberían combinarse con otras prácticas. Se podría enseñar a la ciudadanía a negarles el saludo, a ignorarlos si entran en los bares, a pasar por su lado sin inmutarse si los ven tirados sobre las aceras o deambulando por los bosques.
Quizás así tampoco se vayan pero, poco a poco, con constancia, a fuerza de no mirarlos, conseguiremos que desaparezcan de nuestra vista.

domingo, 10 de enero de 2010

VISITA VIRTUAL

Alaska, 10 de enero de 2009,

Hace casi dos años que nos conocemos usted y yo, en este blog, y todavía no le he enseñado mi despacho. Pase y siéntese, por favor.

En el centro, una mesa de conglomerado, sencilla, no demasiado grande, de color marrón claro. Sobre la mesa, a su izquierda, la pantalla plana de mi ordenador y el teclado. A su derecha, un tarjetero y una cajita con caramelos (que últimanente siempre está vacía). Justo enfrente, un gran cuadro con colores de un rojo muy vivo. Hace tiempo, cuando lo compré , una psicóloga amiga mía dijo que le gustaba, pero que quizás ese rojo chillón podría poner nerviosas a algunas de las personas que vienen a verme. Su profecía no se ha cumplido. En todo caso, el cuadro ha aprobado el escrutinio de los usuarios. Creo que le sigue dando al despacho un toque atrevido en contraste con el triste color crema de las paredes.
Al fondo y a la izquierda, detrás de la mesa y de mi silla giratoria,  verá usted una planta de frondosas hojas verdes, de esas que no necesitan luz ni casi agua para sobrevivir. Finalmente, a su derecha, un gran armario de metal donde se guardan la mayoría de los expedientes.
Como puede ver, un espacio sobrio  que intenta ser elegante.

Un día de trabajo para mí comienza a las ocho de la mañana. De ocho a nueve, salvo imprevistos (que últimamente están siendo bastante habituales), no espero ninguna visita. Es un momento que me gusta especialmente, imprescindible para preparar el día. La primera media hora reviso el correo electrónico. Contestar los email pendientes me da una sensación de control de la situación, de que no quedan cabos sueltos.
Trabajo sin música. Intento saborear ese inaudito silencio matutino, sólo interrumpido en ocasiones por el teléfono.
También ojeo la prensa que diariamente nos deja el personal de limpieza. Un par de periódicos de prensa local, de calidad bastente ínfima, pero que bastan para ponerse al día de lo que ha sucedido en Alaska.
Miro mi "hoja de registro", en realidad un folio, una lista con todas las tareas pendientes: Llamadas, informes, todo eso. Una especie de hoja de ruta imprescindible de la que voy tachando, con satisfacción indescriptible, todo el trabajo cumplido.
Luego reviso el google calendar. Desde que lo uso, prácticamente no utilizo la agenda. Es más, creo que este año intentaré prescindir de ella. Para un natural despistado como yo, no hay nada mejor que  registrar todo en un único soporte.

Si es día de entrevistas, busco en el programa informático de expedientes a las personas que han de venir y repaso los últimos acontecimientos para prepararlas bien.
Un día de entrevistas se parece poco al resto. Desde las nueve de la mañana es un no parar de gente y, a pesar de que intentamos no atender a nadie que no tenga cita previa, a veces acaba siendo un caos. Entre otras cosas por mi culpa, porque suelo alargar situaciones que podrían ventilarse en diez minutos.
El primer minuto de una entrevista es decisivo. Antes de entrar en materia, antes de abrir la boca, observo. Con el tiempo he adquirido un cierto sentido para captar el ánimo de la persona que se sienta en mi despacho. Según note a la persona más o menos tensa o relajada, mi presentación varía. Obviar ese estado de ánimo puede destrozar una entrevista, así que entro al trapo. Por ejemplo, un sincero, "le veo enfadado hoy señor tal" ayuda a relajar tensiones. Intento estar atento  al lenguaje no verbal. En ocasiones,  he parado una entrevista para preguntar a la otra persona como se sentía y, si hacía falta, empezar de nuevo. Es absurdo querer transmitir información cuando el estado emocional del interlocutor no está por la labor.
Estoy tan metido en lo que está pasando en la entrevista que a veces descuido cosas fundamentales, como apuntar la dirección o la edad de los hijos. Para el registro de datos soy un perfecto desastre (aunque Teresiña me anime y me diga que no es para tanto)
No siempre estoy tan fino, claro. En ocasiones mi torpeza, mi cansancio o mi mal genio, ha llevado la entrevista al más estrepitoso fracaso (con el tiempo también he aprendido a reconducir a posteriori estas derrotas, aunque  eso será objeto de otro post).

Los días en que no tengo entrevistas son días de coordinación con otros servicios, de realizar gestiones, de hacer informes, de pensar y escribir nuevos proyectos. Salgo y entro del despacho, voy a la escuela, al centro médico, al centro cívico. Piso la calle, respiro, visito recursos. No paro. Me sorprende  la capacidad que tengo últimamente para involucrar a otros profesionales en proyectos educativos un punto descabellados. Todo lo contrario que en mi vida cotidiana, donde, en general, me muestro tímido y bastante torpe. Supongo que es la técnica, que hace milagros. Siempre he pensado que trabajar en esto es como hacer un master en habilidades comunicativas.


Faltan muchas cosas. Por ejemplo, faltan los reparadores veinte minutos para el almuerzo. Pero no hace falta que me repita, pueden leer lo que dije en su día de los bares y lo que me constestaron ustedes mismos.
En fin, creo que es suficiente con esta introducción.
El martes vuelvo al trabajo y  podré continuar explicándoles algunas de las cosas que nos pasan a los ciudadanos de este frío país.
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Pintura: Eric Zener

jueves, 7 de enero de 2010

SÁLVAME




Alaska, 7 de enero de 2009,

Queridos amigos de la fauna ibérica, el educador macho, resguardado en su guarida, esperando que las lluvias se apacigüen o se conviertan en nieve de una puta vez, en este raro e indeciso invierno, se aproxima sigilosamente al periódico que yace plácido en su mesa, indefenso, sabedor de que las garras del mamífero lo abrirán de par en par.
La vuelta al mundo en 56 páginas;

Lopez Duralde no comprende esta dureza,
,y es imposible vencer a Al Qaeda,
,el gordo de El Niño,
aunque cae el yen y el paro no volverá al 8%,
,pero,
los anuncios que fomenten el culto al cuerpo
serán prohibidos en horario infantil,
mejor un cuerpo inculto,
con el premio Nadal,
,Clara Sánchez,
que vuelve pegando duro
y le ha endosado un parcial de 13-0 a no sé quién.

Después, en la cueva,
Camus, Pla, Anderson, Kureishi, Carrère:
Sálvame Belén,
 un tiempo,
del tiempo lluvioso de las letras,
de Arturo e Indira,
de los vicios privados e innombrables.
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Foto: Factoría Los Sánchez

lunes, 4 de enero de 2010

PERIODISTAS (2)


Alaska, 4 de enero de 2009,

Estoy leyendo (sigo de vacaciones, lo siento) El dictador, los demonios y otras crónicas, de Jon Lee Anderson, un conjunto de reportajes aparecidos en The New Yorker sobre personajes como Fidel Castro, Hugo Chavez, Pinochet, el rey Juan Carlos o García Márquez.


Las profesiones que tienen que ver con la comunicación, como la mía, están íntimamente conectadas entre si, aunque a veces el academicismo exija entenderlas como compartimentos estancos. El teatro, por ejemplo y las similitudes entre una representación  y una entrevista de servicios sociales. También el periodismo. ¿O es que nuestros informes sobre individuos o familias no son, casi, como reportajes? Casi, menos cuando entra en juego nuestra subjetividad y además de explicar los hechos emitimos juicios de valor.

Jon Lee Anderson no dice al lector lo que tiene que pensar de un personaje. Le basta con transcribir lo que ve y lo que le dicen. Son retratos sin apenas opinión, aunque algunos personajes ya queden retratados con lo que dicen. Arnaldo Otegi , por ejemplo, en el capítulo Carta desde Euskadi, responde al periodista que “…la necesidad de impedir que se extinga la cultura vasca se puede comparar con la necesidad de salvar los bosques del Amazonas”.

Dicen de Anderson que es el “heredero de Kapuscinski”. Quizás lo sea, de momento sólo ha ganado una copa de Europa.
De Anderson he leído su genial biografía sobre el Che Guevara, un libro en el que descubres las debilidades del mito; el héroe, pero también el asesino, y,  La caída de Bagdad, un reportaje sobre la guerra de Irak que es como una película de Hitchcock. Cada página parece ser la última antes de que empiecen a caer las bombas sobre la ciudad, mientras te preguntas porque Anderson no sale de allí cagando leches.
El traidor de Kapu ha dejado huérfanos  a todos sus lectores y ya no hay nada nuevo que llevarnos a la boca, aunque busquemos desesperados por las estanterias algún milagro de Anagrama. Espero que tengamos Anderson para rato. 
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viernes, 1 de enero de 2010

PERIÓDICOS


Alaska, 1 de enero de 2010,

Los días de fiesta permiten leer el periódico de pé a pá, sin prisas. Hasta el tiempo parece ir más lento, cuando podría ir todo lo rápido que quisiera. 

He seguido estos días en la prensa las peripecias del programa Dejadnos solos, de Telecinco.  Parece ser que no tiene mucha audiencia y no saben bien que hacer con él.
Telecinco se defiende de las críticas a ese programa (fingiendo que las críticas no le van de perlas, claro está) diciendo que nada tiene que ver con Gran Hermano. Ese es su gran problema. Telecinco no puede hacer un formato con tanto morbo, una especie de cantera de niños para el GH, porque no creo que la ley permitiera la emisión de un programa donde los niños se insulten o se peguen sin la intervención de un adulto o se les desprecie en tertulias posteriores. Así que, de momento, tiene que conformarse con un formato descafeinado, casi "didáctico", cuando la didáctica en realidad le importa un pito. Es decir, conformarse con la narración de las colonias de unos niños, que  no interesan a casi nadie.
Lo que  me hizo gracia el primer día que leí la noticia en La Vanguardia es que el programa venía avalado, ¡como no!, por un grupo de psicólogos. Ah, bueno, ¡si es así!. Esto del beneplácito de un par de psicólogos mediáticos como coartada para que un programa sea considerado aceptable o no me da un poco de risa. ¿Sus declaraciones tienen algo que ver con la ciencia? ¿De verdad saben estos psicólogos cómo afecta o puede afectar un formato nuevo de estas características? ¿De verdad controlan las etiquetas que la audiencia, a partir del primer día, empezará a poner a esos niños y a esos padres?. Bueno, igual sí lo saben. Telecinco debe de pagar una morterada, y el dinero es un potente motivador para la investigación.
También la Generalitat se ha manifestado, aunque en contra del programa. Un interés y una contundencia, la de esta administración, que también se hubiera agradecido en la respuesta  que ella misma ha dado a la opinión pública sobre sus propios problemas con la atención a los menores.

Por cierto, en los periódicos ha desaparecido el tema de los centros de menores y el informe de Amnistía Internacional. Empiezo a pensar que el destino de estos adolescentes no interesa a nadie. Pero quizás no sea ese el único problema, quizás es que hoy los periódicos se leen en Internet. Han muerto las portadas. Surge una noticia cada segundo y, en la falta de jerarquia de la pantalla, parece valer lo mismo una matanza en Irak que el color de las bragas  de Paris Hilton.
Creo que en el fondo también se transluce una cierta crisis del periodismo. Una crisis paradójica de la que ya han empezado a reflexionar los grandes medios. Paradójica porque estamos en el siglo de la información. Hoy muchos periódicos hablan de oídas, de lo que dicen las agencias de noticias, de periodismo ciudadano, de blogs y facebooks. Cortan y pegan mientras despiden empleados porque no les salen las cuentas. ¿Quién pagará al reportero que se meta en las entrañas de una noticia que no va a dar dinero ? ¿Quién hará un trabajo a fondo, sin prisas, que siga el hilo del informe de AI? ¿Quién preguntará a sus responsables cómo hicieron el informe? ¿Quién entrevistará, más allá de las declaraciones institucionales, a los responsables de la administración? ¿Quién visitará los centros y preguntará a los educadores?
Necesitamos un periodismo de investigación que destape la verdad, una voz neutra que jerarquize los hechos, pero nos encontramos, cada vez más, un periódismo de declaraciones.

Feliz 2010
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FACTORÍA LOS SÁNCHEZ vuelven en enero