viernes, 27 de agosto de 2010

COMO EL BULLI. Cuaderno de verano (y 13)












Alaska, 27 de agosto de 2010,
No, no voy a comparar  este blog con El Bulli. Además, nosotros abrimos todo el año y no tenemos límite de comensales. Pero, como El Bulli, este blog tiene ya fecha de caducidad. Será en octubre de 2011, coincidiendo con el estreno en Barcelona de la segunda parte de Educador social en Alaska. Sí, habrá una segunda parte, los de la Factoría ya lo hemos decidido. Pero no va a tener casi nada que ver con la primera. Ya les iremos contando.

Para entonces este blog cumplirá casi cuatro años. Un buen momento para dejarlo. El blog habrá dado pie a la obra de teatro que muchos de mis lectores ya conocen, a un DVD y a un libro, de próxima publicación. Si a todo eso le sumo el feedback con todos ustedes, pues la verdad es que el balance no está nada mal.

Me queda un año y pico para seguir escribiendo sobre educación social y otros temas que van saliendo sobre la marcha y también para ir contándoles mis nuevos proyectos. Porque el blog desaparecerá pero, como El Bulli, se convertirá en otra cosa. No va a ser una fundación, eso ya lo tengo claro, pero seguro que se moverá en el 2.0 (si es que para entonces no estamos todos  en el 3.0 ) y  tendrá que ver con todas mis dèries: el teatro, la educación social, el periodismo, la ciencia, la política.

Ya estamos preparando los platos para el día después. Aquí los comensales son lo más importante. Así que, siéntense en la mesa y disfruten, si así lo desean.



lunes, 23 de agosto de 2010

ME GUSTA. (UN DÍA 2.0 CUALQUIERA). Cuaderno de verano (12)

Alaska, 20 de agosto de 2010,

Ojeo mi twitter y el de la factoría. Escribo alguna cosa, actualizo y retwitteo algunos tweets. Lo hago desde mi móvil Huawei Ivy, una forma barata de tener un smartphone
Una lectura vertical y rápida de twitter, obviando las twitonterias, aunque no siempre quiero, es una buena manera de ponerse al día.   

Ya en el portatil, me pongo con mi facebook. Facebook es la versión espectáculo de twitter. Ofrece demasiadas distracciones. Empieza a ser como la tele, no sé si me explico. Con mucho tertuliano sabelotodo y mucho aforista paulocoheliano. Pero, como la tele, también ofrece cosas interesantes. Entre ellas el de poder contactar y compartir saberes con la gente. Es cuestión de dosificar y no dejarse llevar por la marea de  actualizaciones. Y, al menos en mi caso, de ser disciplinado, tener un horario, y no estar todo el día pendiente de él. 
 Cuando no estoy escribiendo en mis blogs, o actualizándolos (ayer me volví loco intentando poner el botón de me gusta), suelo ojear El País, pero en muchos casos no paso de los titulares. Para leerlo a fondo prefiero todavía el papel (ya sé, ya sé, reminiscencias de animal prehistórico).
Leer blogs que me interesan me puede llevar una hora diaria, más o menos. Repaso edusosfera , donde también tengo agregado mi blog, para ver qué escriben los educadores. Soy habitual de algunos blogs, como educablog, manuela's secret, arcadi espada, obamaworld , revolución naturalista, y reflexiones de un psi.evolutivo.  También voy leyendo todo los post interesantes que descubro en  links o  en twitter.
Ultimamente también dedico algo de tiempo a actualizar el facebook, twitter y blog del ceesc, aunque este es un trabajo en equipo.
Leo y contesto emails en bukortazar33@yahoo.es, pero cada vez le dedico menos tiempo, comparado con lo demás. Apenas consulto webs . Tengo abiertas otras cuentas, en tuenti, myspace, linkedin, skipe, pero las miro tan poco que es como si no las tuviera. Apenas miro youtube , no tengo iPod, y ultimamente he preferido un mini portatil, para trabajar en el tren o cuando viajo, al iPad. Pero sólo porque prefiero resistir la tentación y comprobar si realmente lo necesito, antes de gastarme una pasta.
  
Algunas conclusiones, así, a bote pronto, de mi vida 2.0: 
Apenas veo la tele.
Leo más que nunca.
Cuando leo un libro en papel, aprecio, más que nunca también, la lectura tranquila, reposada,  en horizontal. Ya me entienden.
Lo mismo cuando escribo en word, sin estar conectado a Internet. 
Si controlo lo que yo llamo "tiempo virtual basura", la comunicación y el placer intelectual y lúdico que recibo del 2.0 me compensa. Sino, no.
La vida virtual complementa magníficamente a la otra (la de la conversación cara a cara, la contemplación, el teatro, la cerveza en una terraza, el etcétera físico). Casi casi diría que intensifica su placer (¿será por contraste?).
La vida 2.0 y la otra  son la misma en realidad, pero tienen sus peculiaridades. Diciéndolo a lo cursi, es como si fueran  estilos de vida diferentes, pero perfectamente compatibles. 
La sensación de que, en  educación social, la vida 2.0   está aún por llegar.


Ilustración: Good
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Entrevista a la Factoría en El Mundo (Valladolid)

domingo, 15 de agosto de 2010

COLEGIOS PROFESIONALES. Cuaderno de verano (11)


Alaska, 16 de agosto de 2010
Hace unos meses que formo parte de la Junta del CEESC (Colegio de educadoras/es sociales de Cataluña).

Un colegio profesional es un mastodonte. Su objetivo, wikipedia dixit, es la ordenación del ejercicio de la profesión y la defensa de los intereses de sus colegiados. Como todos los mastodontes es lento y pesadamente burocrático. Me decía un colega de la profesión hace poco que las juntas de los colegios profesionales están llenas de carcamales, de carrozas. Y tenía razón; no hay mas que verme, y eso que no soy de los más viejos. Yo creo que hay carrozas no tanto porque se necesite tener una cierta edad para representar a un colegio profesional, como que, cuando eres más joven, te toca estar contra el colegio aunque estés dentro de él. Y en cierta manera es bueno que así sea porque las críticas te espabilan y la gente con cierta edad tenemos tendencia a acomodarnos. Además, para que nos vamos a engañar, un colegio es un mastodonte poco atractivo, con sus asambleas rutinarias, su retórica funcionarial y su pose institucional.

Yo, siempre que me venía la cuota semestral del CEESC en el peor momento para mi economía doméstica, me cagaba en la madre que le parió al colegio. Pero pagaba y he seguido pagando la cuota desde que existe. Supongo que a pesar de que creo que para ejercer una profesión no hace falta un colegio y a pesar de las cosas que no me gustaban de él, al final la gente de un colectivo necesita organizarse. Seguramente si no existiera el colegio habría que inventarlo. El colegio o algo parecido.

También creo que igual que hay profesiones consolidadas (como los periodistas o los arquitectos) para las cuales a veces los colegios son más un obstáculo que otra cosa, existen profesiones como la nuestra, todavía endebles, raquíticas, vapuleadas en cuanto a sueldos y derechos, con un discurso propio a veces infantiloide y cargado de voluntarismo, que necesitan una organización fuerte y seria que las represente institucionalmente.

En fin, que estoy en la Junta del CEESC. En el área de comunicación, junto con Charo Quero y Ángel Mestres. Unos excelentes compañeros de viaje.
Desde que estoy dentro del CEESC le estoy cogiendo aprecio al mastodonte. Aunque es obvio que un colegio lo hacen sus colegiados, una de las diferencias entre pertenecer a una organización o pertenecer a la dirección de esa organización, además de la responsabilidad, es que, a partir de ahora, cuando los demás o yo mismo le veamos las costuras al mastodonte no podré mirarlas desde la barrera. Seré parte de ellas. Pero empiezo este proyecto con ilusión y me va la marcha. Ya les iré contando.

PD: Además de su web, el CEESC está en facebook, twitter y tiene un blog.

miércoles, 11 de agosto de 2010

CUADERNO DE VERANO (10)












Aguanto como puedo en la civilización, aunque hace tiempo, unos seis o siete años, que noto como me están saliéndo las branquias por el costado. Pero unos días con mis sobrinas, de quince y diez años, y el libro Los bárbaros , de Alessandro Baricco, me han bastado para comprobar que en ellas la mutación ya es completa e irreversible. Ellos y ellas son ya muchos más que nosotros los civilizados. Nos invaden, y van a ganar.

Frente a nuestra civilización en vertical, esa que requería ir hasta el fondo de un tema para aprehenderlo, están ganando los mutantes, que se mueven en horizontal, sobre la superficie de infinitos temas, saltando nerviosamente de uno a otro. Los mutantes han cambiado el valor de las cosas, que sólo entienden en función de su interconexión con otras. Frente a la lentitud y el esfuerzo casi monacal de la civilización que yo todavía viví, los bárbaros surfean nerviosamente por la superficie de un mundo capitaneado por Google.

Es cierto que a veces los bárbaros toman por genios a cualquier estúpido que es aclamado en la red, pero también lo es que a los civilizados nos cuesta comprender a sus tótems. Nuestras branquias son demasiado rudimentarias. Nuestros pulmones están hechos para otros mundos y nos falta el aire cuando entramos temerosos en sus aldeas. Intentamos navegar sobre sus olas, como hacen ellos, pero nos hundimos a cada paso. Volvemos a las profundidades, porque no es tan fácil como nos parecía surfear sobre la superficie de las olas. Quejosos y lentos, criticamos su nerviosismo y su falta de aburrimiento. Nos cuesta entender su música, sus drogas, su manera de aprender, de jugar, de comer. Sus prisas.
Necesario recordar entonces, antes de levantar una muralla entre ellos y nosotros, la lección de Beethoven, al que la civilización de su tiempo le despreció su novena, por bárbaro, y que tomamos ahora, irónicamente, como paradigma exquisito de nuestra civilización.

Epílogo: Mis sobrinas, entre navegación y navegación, leen un libro de aquellos antiguos, hecho de papel y de letras. Curiosean torpemente por los vestigios de la civilización. Mutantes como son, les hacen gracia nuestras ruinas. Si les gusta, y parece que sí, no tardarán en incorporarlo a sus aldeas, devoradores, irreverentes, con sus links, su realidad mejorada, sus 3d y su virtuosismo. En los bárbaros todo es fusión y sincretismo. Siempre fue así.


martes, 3 de agosto de 2010

CUADERNO DE VERANO (8)











Acabo de leer En la campaña de Obama, del periodista Jordi Pérez Colomé. Es la narración, de primera mano, de la campaña que llevó a Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos.
Una de las muchas diferencias con la política española es que en los EE UU puedes ser de un mismo partido y tener opiniones distintas sobre muchos temas. Sólo hay que recordar la encarnizada lucha en las primarias entre Obama y Hillary para corroborarlo. Algo impensable aquí.
Como señala Colomé "En España, no prefieres a un candidato , sino a un partido y si desvelamos nuestro partido quedamos esposados a sus siglas y a cada una de las opiniones del líder de turno." . Por eso no queremos que se sepa a quién votamos, algo que no ocurre en los EE UU, donde ser republicano o demócrata significa ser muchas cosas distintas. En España los partidos políticos exigen una disciplina interna tan férrea que al final las corrientes críticas o son expulsadas o invitadas a irse. Identificarse con el PP o el PSOE, los dos grandes partidos españoles, significa, no tanto para ti como para los demás, identificarse con todas las posturas "oficiales" que toma el partido sobre cualquier tema.
Otras de las diferencias, consecuencia de esto, es que en los Estados Unidos la gente dice sin problemas a su vecino si va a votar a Mccain o a Obama sin que eso signifique necesariamente que no pueda compartir una barbacoa. Aquí, en Cataluña por ejemplo, somos muy reduccionistas. Si queremos disfrutar de la barbacoa preferimos no tocar el tema, a no ser que coincidamos plenamente con nuestro vecino. Porque es difícil continuar comiendo si el otro te va a considerar un facha, sólo porque votas a la derecha, o te va a considerar un racista sólo porque quieres la independencia de tu país.
Así que, visto lo visto, es mejor comer, brindar en paz y hablar de fútbol.
Bueno, de fútbol, casi que tampoco.
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Educador social en Alaska en la revista de las artes escénicas ARTEZ

(Vuelvo con la educación social como tema en septiembre. Mientras tanto iré escribiendo este Cuaderno de verano. Feliz ídem. )

domingo, 1 de agosto de 2010

CUADERNO DE VERANO (7)










Los toreros y los atletas han ocupado mis últimos días. De los primeros me ha interesado el debate que ha habido sobre ellos, que es, por cierto, muy antiguo. Torear es un arte, aunque yo no lo sepa apreciar, donde un toro sufre. Que en Cataluña se ha tratado de un debate político es una verdad de perogrullo: se ha discutido y votado en el Parlamento. Es muy ingenuo pensar que, tratándose de políticos, los argumentos de los llamados animalistas o de sus contrarios hayan sido los únicos que se han tenido en cuenta a la hora de votar a favor o en contra. Por eso al final se trata de una prohibición que gusta a unos y no a otros, y que contiene, como la mayoría de las leyes, bastantes carencias e incoherencias.
Pero me ha faltado oír y leer lo que para mí es el único debate posible sobre este tema. Porque la discusión sobre el sufrimiento de los animales nos lleva a un callejón sin salida o directamente al absurdo. El centro del debate no puede ser el toro, el centro del debate es el ser humano. Porque el hombre no erradicará nunca totalmente el maltrato a los animales, pero puede decidir si debería de hacer de ello un espectáculo. Yo creo que no (*)

A los atletas les entiendo mejor, aunque también aplaudo su sufrimiento, una celebración a los límites de sus cuerpos.
Los 3000 obstáculos se parecían más al cross que cualquier otra prueba de pista, con su ría y sus saltos. Eran más entretenidos para un fondista. Antes de la salida, cuando nos movíamos nerviosos en la pista y nos dábamos cachetazos en las piernas, había una especie de camaradería especial entre los obstaculeros: un 1500 o un 5000 se corren, pero un tres mil obstáculos se sobrevive.
En fin, permítanme este arrebato mítico hacía una prueba atlética que me gusta especialmente. La cuestión es que cuando veo a Marta Dominguez, con ese poder, esos dientes apretados, esa determinación y esa belleza apache de su zancada me sale un Ole!ole!, un poco torero.
(*) pero tampoco creo que la solución sea prohibirlo.
(Vuelvo con la educación social como tema en septiembre. Mientras tanto iré escribiendo este Cuaderno de verano. Feliz ídem. )